– ¿Y dices que alguien picó a la puerta y te dejó la nota? – asentí frunciendo los labios – Igual es un código.
– Sea lo que sea, no puede ser bueno – miré a los niños los cuales dibujaban en un papel – No tengo un buen presentimiento, Dani – dije más bajo.
– No te preocupes. Haremos lo imposible para que no os pase nada. Y ya sabes como es Nick, no parará hasta descubrir quién es el gracioso que se dedica a asustaros – sonreí.
Aun así, sigo estando preocupada. Nadie ha dicho que esto se haya acabado. Además, estoy segura de que algo parecido va a volver a pasar. Y temo que sea algo peor. Siento ser tan pesimista pero yo soy muy clara.
Las cosas como son.
– Gracias por dejar que nos quedemos unos días. Enserio, te debo una.
– No me debes nada, Lena – miró a Val y a Thomas – Además, me gusta poder verlos diariamente.
Eso me hizo preguntarme si al final aceptó el trabajo o no.
– Entonces... ¿Qué has decidido? – arqueó una ceja – ¿Vas a irte a los Ángeles?
Se calló durante un minuto, como si pensara muy detenidamente lo que iba a decir a continuación.
– No... Me quedo – sonrió y yo abrí la boca en signo de sorpresa.
– ¿Te lo has pensado bien? – él asintió – Estaba segura de que ibas a aceptar.
– ¿Y eso? – enarcó una ceja a la vez que se cruzaba de brazos.
– Hombre... Como ya dije es una gran oportunidad, que uno no debería dejar pasar. Y sin embargo, tu lo has hecho. No sé – me encogí de hombros – ¿Qué te ha hecho rechazarlo?
Su sonrisa se alargó aún más.
– Creo que mi sitio está aquí, y aunque me surja otro trabajo en otro país, estoy seguro de que no será por mucho tiempo ni al otro lado del océano.
Le puse una mano en el hombro.
– Me alegra tu decisión, Dani. Si te digo la verdad, me das la vida quedándote – él elevó las cejas – Así podré dejar a Val con alguien cuando yo tenga cosas que hacer.
Su semblante cambió radicalmente hasta convertise en un rostro neutro.
– Menos mal que solo me quieres aquí por eso – dijo irónicamente a lo que yo reí.
Pasamos un rato más hablando hasta que el chico decidió comenzar a hacer la comida.
– ¿Cómo te salen las patatas? – pregunté.
– Bien, supongo... A mi me gustan.
– Lo suponía – apoyé los brazos en la mesa y entrelacé las manos – A Val le gustan muy poco hechas y a Thomas bastante doraditas. Creo que tienes un problema.
Entrecerró los ojos.
– Son tan distintos y tan parecidos a la vez... – habló con un tono intentando imitar a un filósofo y experto en temas como la vida.
– ¿En qué se parecen?
– En que saben muchas cosas para su edad, y... – hizo una pausa larga – se les da muy bien el sarcasmo.
– No es mi culpa – elevé los brazos inocentemente – Es cosa de Nick.
El rió y siguió haciendo la comida. Una vez hecha, nos sentamos los cuatro a comer.
– Hoy, cuando bajé a comprar, me encontré con la profesora de Val y Thomas – dijo el chico de pronto.
Dejé de comer... No me lo esperaba.
– ¿Cómo la reconociste?
– En realidad, no lo hice hasta hace una hora, cuando me contaste como era. Y entonces me di cuenta.
– ¿Qué estaba haciendo? – indagué en el tema.
– Comprar – intervino Thomas – Por algo estaba en una tienda.
– Sí, mamá – habló Val – ¿Qué crees que se hace en las tiendas? ¿Tirar voladores? – rodé los ojos.
– Ves a lo que me refiero – dijo Dani señalándoles con la mano. Yo reí y me metí patatas en la boca – Compró pan, leche y cuatro botellas de lejía.
Empecé a toser... No me atraganté de milagro.
– ¿Por qué tanto?
– Si lo supiera... Pero no soy adivino.
No me podía aguantar. Necesitaba información sobre esa señora. Acabamos de comer y entonces fui a la habitación en la que dormiría los próximos días.
Marqué el número de mi madre.
– Hola mamá – dije nada más que descolgó el teléfono.
– Hola – respondió con un tono ¿preocupado? – ¿Qué pasa?
– Nada... Necesito hablar con Alan. ¿Está contigo? – oí como se sorbió la nariz – Oye, ¿estás bien?
¿Mi madre llorando? ¿Cuando se vio eso? ¿Acaso es el fin del mundo y no me he enterado?
– Sí, sí – respondió – No te preocupes – lo dejé pasar, pero no me quedé tranquila – Está conmigo.
– ¿Puedes pasarme con él?
– Tengo una pregunta mejor – pareció cambiar radicalmente de estado. Ahora parecía que me iba a dar una charla sobre algo – ¿Por qué no le llamas a él? No sé... Tiene un móvil que yo sepa, y tu tienes su número.
– Gracias por la información. Pero te llamo a ti porque tu siempre contestas a la primera – dije como si fuera lo más obvio en el mundo – Pásame con él – se oyó un silencio en la línea – Por favor.
Después de unos segundos, Alan se puso al teléfono.
– ¿Qué has hecho ya? – preguntó.
Sin duda, mi madre y Alan, son el cielo y la tierra, la luna y el sol, el agua y el fuego... En resumen, muy diferentes.
Mi madre es seca y tiene una actitud muy indiferente, y eso que desde que se casó con Alan es más suave. Pero es que él es muy tranquilo y sereno. Bromea mucho y aunque sus bromas no tengan gracia lo intenta, por lo menos.
Pero como ya dije, me alegra de que estén juntos porque a pesar de todo, se nota que se quieren.
– Nada. Solo necesito que me hagas un favor – suavicé el tono de voz – Necesito que me busques a alguien.
– No, Lena. Ya lo sabes – puse los ojos en blanco – No hago ese tipo de cosas e imagínate que me pillan... Me despedirían.
– Lo sé, pero puedes hacerlo si tienes cuidado – insistí.
Alan es también policía. Aunque el no suele estar por la calle, como Nick.
Necesito urgentemente que me busque información sobre la Anne esa o Ana, como narices se llame.
Se lo podía pedir a mi querido marido pero sé que va a empezar a hacer preguntas y no quiero que sepa nada sobre el tema, ya tiene suficiente.
♥️
Tengo curiosidad... ¿Cuál es vuestro sueño?😛
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Mi Mejor Error #MME2
Teen FictionSegunda parte de la trilogía MME A veces, un pequeño fallo te causa un gran problema y otras veces el problema no llega a existir. Desgraciadamente ese no va a ser el caso de Lena. Ella ha formado una familia con la persona a la que más ama en el mu...
