CAPÍTULO 13

15.8K 891 81
                                        

– ¿Y dices que alguien picó a la puerta y te dejó la nota? – asentí frunciendo los labios – Igual es un código.

– Sea lo que sea, no puede ser bueno – miré a los niños los cuales dibujaban en un papel – No tengo un buen presentimiento, Dani – dije más bajo.

– No te preocupes. Haremos lo imposible para que no os pase nada. Y ya sabes como es Nick, no parará hasta descubrir quién es el gracioso que se dedica a asustaros – sonreí.

Aun así, sigo estando preocupada. Nadie ha dicho que esto se haya acabado. Además, estoy segura de que algo parecido va a volver a pasar. Y temo que sea algo peor. Siento ser tan pesimista pero yo soy muy clara.

Las cosas como son.

– Gracias por dejar que nos quedemos unos días. Enserio, te debo una.

– No me debes nada, Lena – miró a Val y a Thomas – Además, me gusta poder verlos diariamente.

Eso me hizo preguntarme si al final aceptó el trabajo o no.

– Entonces... ¿Qué has decidido? – arqueó una ceja – ¿Vas a irte a los Ángeles?

Se calló durante un minuto, como si pensara muy detenidamente lo que iba a decir a continuación.

– No... Me quedo – sonrió y yo abrí la boca en signo de sorpresa.

– ¿Te lo has pensado bien? – él asintió – Estaba segura de que ibas a aceptar.

– ¿Y eso? – enarcó una ceja a la vez que se cruzaba de brazos.

– Hombre... Como ya dije es una gran oportunidad, que uno no debería dejar pasar. Y sin embargo, tu lo has hecho. No sé – me encogí de hombros – ¿Qué te ha hecho rechazarlo?

Su sonrisa se alargó aún más.

– Creo que mi sitio está aquí, y aunque me surja otro trabajo en otro país, estoy seguro de que no será por mucho tiempo ni al otro lado del océano.

Le puse una mano en el hombro.

– Me alegra tu decisión, Dani. Si te digo la verdad, me das la vida quedándote – él elevó las cejas – Así podré dejar a Val con alguien cuando yo tenga cosas que hacer.

Su semblante cambió radicalmente hasta convertise en un rostro neutro.

– Menos mal que solo me quieres aquí por eso – dijo irónicamente a lo que yo reí.

Pasamos un rato más hablando hasta que el chico decidió comenzar a hacer la comida.

– ¿Cómo te salen las patatas? – pregunté.

– Bien, supongo... A mi me gustan.

– Lo suponía – apoyé los brazos en la mesa y entrelacé las manos – A Val le gustan muy poco hechas y a Thomas bastante doraditas. Creo que tienes un problema.

Entrecerró los ojos.

– Son tan distintos y tan parecidos a la vez... – habló con un tono intentando imitar a un filósofo y experto en temas como la vida.

– ¿En qué se parecen?

– En que saben muchas cosas para su edad, y... – hizo una pausa larga – se les da muy bien el sarcasmo.

– No es mi culpa – elevé los brazos inocentemente – Es cosa de Nick.

El rió y siguió haciendo la comida. Una vez hecha, nos sentamos los cuatro a comer.

– Hoy, cuando bajé a comprar, me encontré con la profesora de Val y Thomas – dijo el chico de pronto.

Dejé de comer... No me lo esperaba.

– ¿Cómo la reconociste?

– En realidad, no lo hice hasta hace una hora, cuando me contaste como era. Y entonces me di cuenta.

– ¿Qué estaba haciendo? – indagué en el tema.

– Comprar – intervino Thomas – Por algo estaba en una tienda.

– Sí, mamá – habló Val – ¿Qué crees que se hace en las tiendas? ¿Tirar voladores? – rodé los ojos.

– Ves a lo que me refiero – dijo Dani señalándoles con la mano. Yo reí y me metí patatas en la boca – Compró pan, leche y cuatro botellas de lejía.

Empecé a toser... No me atraganté de milagro.

– ¿Por qué tanto?

– Si lo supiera... Pero no soy adivino.

No me podía aguantar. Necesitaba información sobre esa señora. Acabamos de comer y entonces fui a la habitación en la que dormiría los próximos días.

Marqué el número de mi madre.

– Hola mamá – dije nada más que descolgó el teléfono.

Hola – respondió con un tono ¿preocupado? – ¿Qué pasa?

– Nada... Necesito hablar con Alan. ¿Está contigo? – oí como se sorbió la nariz – Oye, ¿estás bien?

¿Mi madre llorando? ¿Cuando se vio eso? ¿Acaso es el fin del mundo y no me he enterado?

Sí, sí – respondió – No te preocupes – lo dejé pasar, pero no me quedé tranquila – Está conmigo.

– ¿Puedes pasarme con él?

Tengo una pregunta mejor – pareció cambiar radicalmente de estado. Ahora parecía que me iba a dar una charla sobre algo – ¿Por qué no le llamas a él? No sé... Tiene un móvil que yo sepa, y tu tienes su número.

– Gracias por la información. Pero te llamo a ti porque tu siempre contestas a la primera – dije como si fuera lo más obvio en el mundo – Pásame con él – se oyó un silencio en la línea – Por favor.

Después de unos segundos, Alan se puso al teléfono.

¿Qué has hecho ya? – preguntó.

Sin duda, mi madre y Alan, son el cielo y la tierra, la luna y el sol, el agua y el fuego... En resumen, muy diferentes.

Mi madre es seca y tiene una actitud muy indiferente, y eso que desde que se casó con Alan es más suave. Pero es que él es muy tranquilo y sereno. Bromea mucho y aunque sus bromas no tengan gracia lo intenta, por lo menos.

Pero como ya dije, me alegra de que estén juntos porque a pesar de todo, se nota que se quieren.

– Nada. Solo necesito que me hagas un favor – suavicé el tono de voz – Necesito que me busques a alguien.

No, Lena. Ya lo sabes – puse los ojos en blanco – No hago ese tipo de cosas e imagínate que me pillan... Me despedirían.

– Lo sé, pero puedes hacerlo si tienes cuidado – insistí.

Alan es también policía. Aunque el no suele estar por la calle, como Nick.

Necesito urgentemente que me busque información sobre la Anne esa o Ana, como narices se llame.

Se lo podía pedir a mi querido marido pero sé que va a empezar a hacer preguntas y no quiero que sepa nada sobre el tema, ya tiene suficiente.

♥️

Tengo curiosidad... ¿Cuál es vuestro sueño?😛

Mi Mejor Error #MME2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora