Emma, Alba y yo buscamos unas tumbonas cerca de la piscina pero no las encontramos así que tuvimos que tumbarnos en un lateral del barco.
Al principio, había mucha gente buscando donde pasar la tarde, demasiada para mi gusto, pero con el paso de los minutos la cubierta se fue despejando.
– Madre mía. Por esto amo los cruceros.
Giré mi cabeza para poder mirar a Alba. Esta observaba por encima de sus gafas a un chico joven mirando el móvil.
Emma negó en desaprobación.
– ¿Qué te pasa ahora? – Alba miró a la rubia – ¿Tiene pocos abdominales o no le quedan bien las gafas de sol?
Volvió a negar.
– Soy fiel a Alda – respondió volviendo a posar la cabeza en su tumbona.
– ¿Alda? – pregunté.
– Sí – dijo – El shippeo entre Alba y Dani. Alda.
Alba soltó un suspiro.
– Si quieres oírlo adelante – hizo una pausa – Lo hemos intentado.
Ambas no sentamos como momias en las tumbonas.
– ¿Qué dices? – preguntó ella.
Me levanté rápido y me senté al lado de Emma para quedar cerca de Alba y escuchar bien lo que iba a decir a continuación.
Parecíamos dos seres con sed de información.
– Bueno, haber. Seguimos en ello – abrí la boca sorprendida.
– ¿Y nos lo cuentas ahora?
– No había salido el tema antes...
Me di una palmada en la frente.
– Te preguntaba por tus supuesta citas misteriosas cada día – razoné y esta vez, fue Emma quien me miró.
– Espera. ¿Citas misteriosas? ¿Por qué no lo sabía?
– No salió el tema antes – respondí mientras me encogía de hombros.
– ¿Me estáis tomando el pelo? – Alba y yo negamos – Estoy flipando por partida doble.
– Me alegro, ¿pero podemos volver al tema? – miré de nuevo a la rubia que seguía tomando el sol como si lo que hubiera dicho pasase todos los días – Entonces... ¿esas citas eran con Dani? – asintió.
Entonces, Nick llegó.
– Vuelve por donde has venido – le dijo con una voz cortante su hermana.
– Que bonita bienvenida – contestó irónicamente.
– Vete. Tírate por ahí si quieres. La humanidad no va a echar de menos.
Puso una mano en su pecho fingiendo haberse ofendido.
– Pero es que... – le interrumpió.
– Que te calles, y que te vayas – señaló la piscina y Nick rodó los ojos.
– Se respira amor, y más entre... – Alba se apresuró y me tapó la boca.
– En el fondo te queremos Nick... – habló – Pero ahora no te necesitamos.
– Está bien – rió – Supongo que prefiero seguir soportando las aguadillas de Lucas a sufrir vuestras humillaciones – se encogió y volvió a la piscina.
Reí.
– ¡Recuerda que te amo! – le grité antes de perderle de vista.
– ¡Recuerda que yo a ti también!
– Qué... empalagosos – dijo Alba y yo la miré con cara de: ¿enserio?
– Volvamos al tema – habló Emma – ¿Cuando pasó?
– ¿Desde cuando lleváis con eso?
– No sé... Un par de meses, como mucho tres – hice recuento en mi cabeza y en ningún momento recuerdo haberlos visto muy juntos como para sospechar de ello – No dijimos nada por evitar este tipo de situaciones – nos miramos entre sí – E imaginaos. Si comenzamos a ir enserio y llegamos a romper nos afectaría a todos como grupo y no volvería a ser lo mismo – soltó un largo suspiro.
– Tranquila. No pienses en eso – le puse una mano en su rodilla – Seguro que vais a estar muy bien y pronto llegará un mini Dani.
Giró la cabeza rápidamente para mirarme. Sus mejillas comenzaron a tener un color rojo. No dijo nada y volvió a tumbarse.
– ¡Dios Lena! No te pases – me dijo Emma pegándome suave en el hombro – Van paso a paso, lo comprendo.
– ¿Qué los comprendes? – pregunté – Recuerdo perfectamente cuando comenzaste a salir con Lucas... Al segundo día ya le estabas diciendo como querías la tarta de bodas – puse los ojos en blanco – Me alegro mucho por vosotros, Alba. Hacéis una pareja estupenda.
– Gracias – sonrió.
Una vez que el sol dejó de lucir fuimos a nuestros camarotes a ducharnos y cambiarnos. Después cenamos y en la mesa se habló un poco de todo. Dani anunció que Alba y él habían comenzado algo y nosotras hicimos como si nos hubiéramos enterado en aquel momento, por petición de Alba.
– Os declaro amigos con derecho a roce – dijo Lucas asintiendo.
– Me gusta ese término – contestó Alba mientras comía su ensalada.
– ¿Qué es eso? – preguntó Thomas.
– ¿Se come? – habló mi hija seguido.
– Es difícil de explicarlo, Thomas – respondió Nick – Y no, Val. No se come.
– Entonces no me interesa – dijo y siguió comiendo.
– Has dicho difícil, no imposible – Thomas elevó las cejas esperando una respuesta.
– Mira hijo – intervino Emma – Cuanto tengas unos añitos más te lo explicaremos.
– ¿Cuantos más?
– 15.
– ¡Ala, exagerada! – exclamé – A esa edad ya sabrán hasta cómo de forma un niño.
– ¿Y cómo se forma? – volvió a preguntar Thom.
– La cigüeña, Thomas – habló Dani asintiendo – La cigüeña.
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Mi Mejor Error #MME2
Novela JuvenilSegunda parte de la trilogía MME A veces, un pequeño fallo te causa un gran problema y otras veces el problema no llega a existir. Desgraciadamente ese no va a ser el caso de Lena. Ella ha formado una familia con la persona a la que más ama en el mu...
