(FRÁGIL)
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HAE RYUNG
—Feliz cumpleaños... —comencé, dejando un lirio blanco junto a su foto mientras luchaba por no llorar—. Mamá.
Estaba por desmoronarme cuando un gentil apretón en mi hombro se llevó mi pena y agradecí de corazón tener a mi familia conmigo.
Correspondí el gesto de Nam Joon, acariciando el dorso de su mano con mis dedos, mientras Yoon Gi me tranquilizaba desordenando cariñosamente mi cabello.
—La extraño —dijo el primero.
—Y yo —secundó el mayor.
Por largos minutos, atesoramos nuestros días juntos en silencio para luego despedirnos con cariño y volver a los estacionamientos del cementerio donde papá nos esperaba reclinado casualmente sobre la camioneta.
—Estamos listos —anunció el más alto.
Go Soo palmeó el hombro del moreno y se abrió paso entre nosotros para llegar con mamá.
Yoon Gi se metió al vehículo y se acomodó en los asientos traseros, insinuándonos con su repentino cansancio que necesitaba dormir.
—¿Quieres ir a dar una vuelta mientras Go Soo vuelve? —preguntó mi primo, sabiendo tan bien como yo que nuestro hermano quería estar solo.
—Me iré primero a casa.
—Está bien —dijo, acogiéndome cálidamente entre sus brazos.
Desde que Nam Joon se mudó a vivir con nosotros, para poder asistir a una buena universidad, el aprecio que sentíamos por el hijo mayor de tía Ha Na creció tanto que mi padre lo veía como un hijo más y Yoon Gi lo consideraba prácticamente su hermano, al igual que yo.
—No llegues muy tarde, ¿sí? O nos preocuparemos.
Asentí varias veces y me despedí con un abrazo fuerte.
[...]
Lloré hasta que no pude más.
Lejos de Hapjeong, me entregué al dolor de la pérdida y dejé que la tristeza me comiera viva en una plaza de juegos que ahora recibía el atardecer.
Cansada por la tormenta de emociones y un poco desorientada por la misma, me dirigí a la tienda de conveniencia que divisé a lo lejos desesperada por un trago de agua.
—Lo siento.
Iba tan distraída que choqué con un cliente en la entrada.
—¿Hae Ryung? —alcé la vista al reconocer a Ji Min—. ¡Hae Ryung! Qué bueno verte.
»Dime, ¿vienes a ver a Jung Kook?
Miré a todos lados y reconocí mi barrio.
—No, yo... Vivo a unas calles de aquí —dije, recuperándome de mi estupor.
—¿En serio? No tenía idea —confesó, extendiéndome una botella de agua para que bebiera—. ¿Sabes? Estamos en su casa, ¿quieres venir?
»Digo, si no te molesta escucharnos discutir por un juego o cualquier otra barbaridad.
Estaba por negarme cuando las bolsas en sus manos, llenas de comida instantánea y poco saludables, me convencieron de lo contrario.
—¡Ya llegué! —anunció Park, sacándose los zapatos en el descansillo de la entrada.
Devolvió las llaves del castaño al lugar que le correspondía en un perchero y me invitó a seguirlo a la sala de estar donde el dueño de casa discutía con Kim, señalando la pantalla del televisor indignado.
—¡Yah! ¡Estás haciendo trampa!
—¡Que no! Y más respeto, ¡soy tu hyung! —lo reprendió Tae.
—Me da igual, ¡estás haciendo trampa!
—¡Que no!
—¡Que sí! —espetó el menor, golpeándolo repetidamente con un cojín en la espalda.
—¡Basta! Necesito concentrarme en la partida.
—Tramposo, ¡no dejaré que ganes! —amenazó, intentando arrebatarle el control.
—Dios... —suspiró el pelinaranja, apretándose el puente de la nariz—. ¿Al menos saben que estoy aquí?
Me encogí de hombros y disfruté la escena, el lado infantil de mi novio me parecía realmente lindo.
—¡Que ya volví!
El grito de Ji Min puso fin a la discusión y las bolsas en sus manos capturaron de lleno su interés.
—Llegó la comida y...
—¡Noona!
Jeon se levantó de golpe y corrió a tomar mis extremidades.
—Traje a Hae Ryung conmigo también —concluyó el mayor.
—¿Por qué no me dijiste que venías? ¿Comiste? ¿Quieres bocadillos o prefieres otra cosa? Puedo llamar al Delivery...
—Respira, ¿quieres? —le aconsejó Kim divertido—. Ni siquiera le das tiempo de responder a la pobre.
Las mejillas del castaño se tiñeron de un suave rosa y su reacción bastó para revivir la calidez que había perdido por culpa de la pena.
—Unas golosinas estarían bien —respondí—. Y si no te avisé, fue porque no estaba en mis planes venir.
—Doy fe de eso —acotó Park, levantando su mano derecha—. Me la encontré en la tienda y la obligué a venir conmigo —bromeó.
—¡Hyung!
Kook lo reprendió con una nalgada y nos largamos a reír.
—¿Y cómo te fue? ¿Te reuniste con la persona que querías ver?
Silencio fue todo lo que siguió a su pregunta.
—¿Noona?
Clavé la vista en el suelo y tomé su mano para ayudarme a hablar.
—Vi a mamá —comencé, acariciando su piel con mi pulgar—. Hoy es su cumpleaños, así que fuimos todos al cementerio —alcé la vista, regalándoles una sonrisa tímida.
Los chicos intercambiaron miradas preocupadas y me apresuré a decirles que estaba bien, no quería arruinarles el ambiente y necesitaba la vitalidad de sus acciones inmaduras para distraerme al menos.
—Entonces... —Tae Hyung se ganó a mi lado—. ¿Quieres jugar conmigo? Estoy harto de discutir con tu novio —confesó, haciendo pucheros.
—Encantada —dije, tomando el control que ocupaba mi Kook—. Pero te advierto que soy buena, nunca pierdo contra mis hermanos.
—Ya veremos —respondió Kim, doblándose las mangas hasta los codos.
—Kook, ¿me ayudas?
—Claro, hyung.
Ji Min llevó las bolsas a la cocina y el castaño le siguió no sin antes dejar un beso en mi frente.
—Ya vuelvo.
—Mhm.
Si figura desapareció en la habitación contigua y supe que lo necesitaba para mantenerme entera.
───── 𝐍𝐎𝐎𝐍𝐀 ─────
전정국
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::: 𝐍𝐎𝐎𝐍𝐀 :::
FanfictionTratando de romper su mala racha amorosa, Hae Ryung decide seguir el consejo de su mejor amiga y comienza a salir con Jung Kook, un chico bastante tímido que al parecer se ha enamorado a primera vista de ella. Mientras ambos disfrutan de una relaci...
