Hablar es peor que callar.

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Pov's Abbi.

Han pasado casi dos semanas desde la fiesta en casa de Thomas, desde las miradas en la madrugada, desde los suspiros contenidos y el beso en la frente que todavía siento flotando en mi piel. Y, sin embargo, la vida siguió. El colegio, las tareas, las conversaciones en grupo, los descansos eternos en la cafetería donde el aire sigue algo espeso, pero a nadie parece importarle.

Deneb está más tranquilo. Sigue con su humor seco y esos comentarios que hacen que José se ría como si le hubieran contado el chiste del año, pero no hablamos tanto como pensé que lo haríamos después de esa noche. Nos escribimos, claro. Uno que otro mensaje por Instagram, alguna reacción a una historia, pero nada que se parezca a lo que compartimos esa madrugada.

Dani, como siempre, es mi sombra. Me lanza sus comentarios de "te ves más distraída que de costumbre" o "qué estará pensando Abbi ahora". Juli está más habladora últimamente, cosa que me sorprende porque cuando tiene problemas con José se encierra en su propio mundo, pero ahora parece querer estar cerca de todos. José, por su parte, sigue siendo el mismo tipo relajado, haciendo chistes en los momentos más tensos. Lo adoro.

Isa y Martha han estado raramente cercanas. Nada sospechoso, solo... se ríen mucho juntas. Tyler se ha unido un poco más al grupo, pero tiene esa actitud distante que lo hace parecer siempre medio ausente. Aun así, se lleva bien con todos, incluso con Jared, que sigue siendo como el ancla emocional de Deneb cuando él está por perder el control.

Hoy fue un día tranquilo. Nos sentamos en la cafetería en el mismo orden de siempre: Dani a mi lado, José frente a nosotros con Juli a su derecha, Isa al lado de Juli y Martha entre Jared y Tyler. Deneb llegó tarde, como casi siempre. Se sentó en silencio, saludó con una ceja levantada y puso la cabeza sobre la mesa.

—Dormiste algo anoche o te escapaste de nuevo? —le preguntó José con una sonrisa ladeada.

Deneb gruñó en respuesta.

—Cállate, bro. Te juro que, si vuelvo a escuchar a mi mamá gritarle a mi papá por altavoz, me lanzo por la ventana.

Isa soltó una risa contenida, pero no dijo nada. Jared solo lo miró de reojo como si estuviera leyendo entre líneas.

El día siguió con normalidad, hasta que cayó la noche.

Yo estaba en mi habitación, con una playlist cualquiera de fondo, cuando escuché un golpe en la ventana. Me levanté, desconfiada. Abrí la cortina, y ahí estaba: Deneb. Trepado como si no pesara nada, con su chaqueta negra medio abierta, respirando agitado, encaramado en la baranda, con una cara que decía por favor no me hagas devolverme.

—¿Deneb?

—¿Puedes abrir antes de que me caiga y muera?

—¿Estás loco? —le susurré.

—No quería estar solo. ¿Puedo entrar?

Tuve que aguantarme la risa. Le abrí. Se metió con torpeza sin preguntar más, tirando su mochila al piso y quitándose la chaqueta empapada por el viento, quedándose de pie en medio de mi cuarto, mirando alrededor como si no fuera la gran cosa estar colándose en casa ajena un jueves por la noche.

—¿Qué pasó? —le pregunté mientras cerraba la ventana.

—Otra pelea. Mi mamá colgó llorando y Juli tenía a José en su cuarto, no quería meterme ahí. Pensé en escaparme solo, pero...

—¿Pero?

—No quería hacerlo sin ti.

Y ya. Mi corazón se cayó de bruces contra el suelo.

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