- Debemos hacer una pirámide horrenda y ninguno coopera - Grita algo fastidiada Isabella, haciendo revoletear su cabello con ambas manos, podía sentir su desesperación, ya nadie se encontraba concentrado, en cambio estaban carcajeando y haciendo chistes.
- Oh, lo siento Isa, pero es que este maíz está espectacular - Juli le tira un maíz a Isabella, pero ella no lo atrapa. Noté una mínima molestia en sus gestos, pero no dijo nada más, en cambio tomo un puñado de maíz y se relajó, creo que era frustrante para ella que nadie tuviera el mismo interés en el trabajo como ella, aunque sentí que relajaba sus hombros sus facciones no habían cambiado ni un poco.
- Gracias por hacer este maíz, esclavo - José golpea el hombro de Daniel y él le devuelve el golpe aún más fuerte.
Ese miércoles por la tarde la sala de mi casa parecía un taller improvisado. Había olor a maíz pira, pegante, palillos regados por el suelo y risas entrecortadas de gente que intentaba hacer algo decente con materiales que claramente no cooperaban. Todos estaban reunidos en el suelo o en los sofás, incluyendo a Rebeca y Jared, que habían decidido ayudar un poco aunque ninguno de los dos parecía entender mucho del asunto.
Isa estaba en el centro de todo. Literalmente. De pie, con las manos en la cintura, mirando fijamente una estructura que parecía más una trampa de ratones que una maqueta de célula. La idea de hacerla con palillos y pegante había sido suya, lo que en papel sonaba artístico... en la práctica era un completo desastre.
—¡No puedo creer que estén tan relajados! ¡Esto es el 30 por ciento de la nota, ¿me entienden?! —refunfuñó, señalando con el palillo que usaba como puntero.
Yo no dije nada. Solo estaba ahí para acompañarlos, no era parte del grupo de trabajo porque ellos estaban un curso más arriba. Me había quedado después de clases porque Daniel me lo pidió, y porque, siendo sincera, me gustaba tener la casa llena... al menos así no pensaba tanto. Me senté en el borde del sofá con una botella de agua en las manos, observando cómo todo el caos se desarrollaba frente a mí como una película mal hecha.
Juli —que en realidad se llama Juliana, pero todos le dicen Juli— le había dado un ataque de risa cuando se le cayó medio núcleo celular y la mitad del citoplasma quedó pegado a su pantalón.
—¡Parece vómito escolar! —bromeó, mientras trataba de despegarse los residuos con una regla.
Deneb estaba en una esquina, no decía nada. Tenía los brazos cruzados y la mandíbula tensa, como si estuviera ahí por obligación o esperando algo. No sé por qué, pero cada vez que se reía alguien, él miraba en mi dirección. Como si necesitara vigilar.
Evité a toda costa observarlo demasiado hasta que se tiró en el sofá, con los pies cruzados y el celular pegado a la cara. No decía nada, pero su presencia era tan notoria como la de Isa, que seguía marchando por toda la sala, dando órdenes como una directora que no logra controlar a su elenco. Juli le respondía con una mezcla de sarcasmo y paciencia fingida, mientras cortaba algunos palillos con una tijera escolar.
—Yo estoy ayudando —dijo Juli sin mirarla—. Que no estés viendo no significa que no esté haciendo algo.
Deneb soltó una carcajada baja, burlona. Isa lo fulminó con la mirada.
—¿Y tú qué haces? Además de estar respirando y ocupando espacio.
Él ni se inmutó.
Yo bajé la mirada, fingiendo interés en un palillo que ni siquiera había tomado. Prefería mantenerme al margen. No conocía lo suficiente a ninguno para opinar, y además, algo me decía que no era buena idea intervenir.
Juli seguía en lo suyo, muy metida en su recorte. Isa murmuraba algo sobre la falta de compromiso, mientras Deneb se estiraba como si estuviera en una hamaca.
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El viaje.
Roman d'amourAbbi es una chica de 17 años. Amante de la lectura, las pinturas y el dibujo. No es muy sociable o trata de no serlo, vive con sus padres y su hermana. Tiene un gran amigo y un día uno de los chicos con los que se sienta decide hacer un viaje, lleva...
