Playa de noche.

99 5 0
                                        

Pov's Deneb.

El sonido del mar siempre me ha parecido honesto. Era jueves y en estos momentos no había nada que esconder, nada que disfrazar. Está ahí, golpeando la orilla sin pedir permiso. Como el fuego, como las palabras cuando uno deja de pensar.

La fogata chisporrotea frente a nosotros, cada tanto lanzando una chispita que ilumina los rostros por un segundo. José tiró una manta en la arena, como si eso sirviera de sofá de cinco puestos. Dani está recostado con una cerveza sin abrir entre las manos. Jared juega con una rama, metiéndola al fuego. Tyler apila con calma unas piedras para mantener el calor. Y yo... estoy aquí, con la cabeza llena, como siempre.

José rompe el silencio, como si le pagaran por eso.

—Bueno, bueno... ¿ya estamos todos? ¿Falta alguien con crisis existencial o ya podemos empezar la terapia grupal?

Dani se ríe, con ese gesto de medio lado que le sale cuando está relajado.

—¿Y cuál es el tema hoy, Dr. José?

José se aclara la garganta exageradamente.

—Tema de hoy: las mujeres que nos tienen hechos mierda... pero felices. O viceversa.

Jared sonríe con la mirada en el fuego.

—Rebeca me tiene de rehén... y ni me molesta.

Los demás le lanzan papas por lo cursi. Jared se ríe.

—Ya, ya. Me enamoré. ¿Y qué? Tiene esa forma de mirarme como si no me tuviera miedo, como si supiera quién soy en verdad.

Dani asiente con cierta paz.

—A mí Isa me pone a temblar. Y ni siquiera tiene que decir mucho. Solo llega, me lanza ese abrazo suyo y se me reinicia el sistema.

—¿Como un router dañado? —suelta Tyler. Todos nos reímos.

—Algo así —responde Dani, sonriendo.

—Además, es la única que me manda a callar y me hace caso a la vez. Eso no pasa todos los días.

José levanta la botella como si brindara.

—Yo, oficialmente, ya no soy un alma libre. Juli me cazó sin permiso, ustedes lo saben. Y no me importa. Esa mujer me mira con esos ojitos de pistola cargada y yo digo: "dispárame, mi amor".

La risa es general. Tyler lo empuja suavemente.

—Eres un pendejo José.

José se encoge de hombros.

—Pero feliz. Pendejo feliz.

Tyler se rasca la nuca, algo más tímido.

—Martha... Martha es otra cosa. Como que me tiene paciencia, ¿sí? Yo soy medio impulsivo, y ella me aguanta. Me baja, me escucha, me cuida... Es como tener un hogar en alguien.

Se hace un pequeño silencio, ese que nadie incomoda porque se siente bien. Yo sigo mirando el fuego. Podría no hablar. Podría dejarlo pasar. Pero José no me lo permite.

—¿Y tú, Deneb? ¿Cómo va la musa? ¿Abbi te tiene volando o aterrizando?

Respiro. Bajo la mirada.

—Abbi es como... como esas canciones que no sabes si te están rompiendo o sanando. La escucho hablar y se me olvida todo. Pero también me duele. Porque siento que no merezco nada de eso.

—Mierda —dice Dani, bajito.

Jared me mira, y no dice nada. Pero sé que entiende.

—No es fácil —continúo—. A veces siento que si me acerco mucho la voy a quemar. Como si fuera demasiado para ella. O muy poco. No sé.

El viaje.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora