Pov's Deneb.
No sé en qué segundo exacto el pitido del árbitro sonó, ni en qué milésima mi corazón explotó en el pecho como una bomba. Solo recuerdo ver el balón cruzar la línea, la red estremecerse, y a José correr gritando como un salvaje con los brazos alzados. "¡GOOOOOOOOOOOOL, PAPÁ!", chilló con una potencia que reventó mis oídos.
Dani se tiró al suelo, se revolcó de risa mientras señalaba a Thomás que estaba de rodillas tras su caída ridícula unos segundos antes. "¡Te lo dedico con amor, corazón!", le gritó entre carcajadas. Thomás soltó un insulto que ni escuchamos porque el público estalló.
Todo se volvió borroso entre los abrazos, los gritos, Jared alzando los brazos, corriendo hacia Rebeca y levantándola del suelo en un giro perfecto. Isa corrió hacia Dani y se le colgó del cuello. Juli apenas pudo esquivar a José que la alzó como si pesara aire y la lanzó al pasto entre risas, haciéndole cosquillas hasta que gritó "¡me rindo, por Dios, me rindo!"
El himno de We Are the Champions empezó a sonar en los parlantes de la cancha, una vieja tradición del colegio que, aunque medio ridícula, ahora sonaba como el mejor soundtrack de la historia. Todos saltaban, cantaban, se abrazaban, y yo... yo la busqué con la mirada como si mi cuerpo supiera lo que tenía que hacer incluso antes que mi cabeza.
Ahí estaba. Abbi. Entre la multitud. Con los ojos más lindos que había visto jamás. Estaba sonriendo, con las manos sobre la boca, como si no pudiera creerlo. Y no me lo pensé. No pensé en mi papá, ni en la empresa, ni en los rumores, ni en las putas consecuencias. Corrí.
Crucé la cancha como si solo ella importara. Ignoré los gritos, los flashes de los teléfonos, a Cindy que me miraba desde el borde con la cara completamente desencajada, a Sabrina con los brazos cruzados como si se le hubiese desmoronado el castillo que había intentado construir sobre nosotros.
Llegué hasta Abbi y, sin decir nada, tomé su rostro entre mis manos.
—Te amo —le dije, sin aire, sin voz, pero con todo lo que soy – Te debía este momento y ese gol.
Ella apenas parpadeó, como si no lo creyera. Y justo cuando iba a responder, la besé. No como antes. No como cuando era a escondidas. Esta vez fue con furia, con dolor, con amor, con ganas de quedarme ahí para siempre, como si ese beso pudiera reparar todo lo que había roto el mundo en mí.
Y por un segundo... por ese puto segundo... nada más importó.
El colegio gritó. Literalmente. Hubo gente que chilló, otros que aplaudieron, otros que se quedaron congelados. Isa gritó un "¡PERO QUÉEEE!" que me hizo reír sin romper el beso. José nos silbó desde la cancha. Jared se quedó mirándonos con una sonrisa tranquila y los ojos brillantes, como si dijera ya era hora.
Y yo, por dentro, solo sentía esto: que me jodan todos. Si voy a caer, que sea contigo.
Cuando le digo que por eso la necesito en mi equipo, no estoy hablando solo del fútbol. Es Abbi. Siempre ha sido ella. La única persona con la que todo este ruido tiene sentido. Me mira como si entendiera algo más allá de las palabras, y justo cuando voy a decirle algo más, siento una botella de agua helada estallarme en la nuca.
—¡A mojar al goleador! —grita Dani, con esa risa chillona que tiene cuando se emociona.
Volteo en seco, empapado, y José ya viene con dos botellas más, corriendo como si esto fuera una guerra de verdad. En segundos, todo se vuelve un caos.
Dani empieza a cantar, a todo pulmón y sin vergüenza alguna:
—We are the champions, my frieeends...
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El viaje.
RomanceAbbi es una chica de 17 años. Amante de la lectura, las pinturas y el dibujo. No es muy sociable o trata de no serlo, vive con sus padres y su hermana. Tiene un gran amigo y un día uno de los chicos con los que se sienta decide hacer un viaje, lleva...
