Día de la semifinal

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Viernes.

Pov's Abbi.

La alarma sonó y Deneb fue el primero en despertarse. Se veía más tranquilo, aunque con el ceño fruncido por inercia. Me sonrió apenas me abrí los ojos.

—Buenos días, dormilona.

—Buenos días, futbolista.

Nos alistamos, desayunamos rápido y salimos. Rebeca fingió que no lo había notado, aunque sus cejas levantadas contaban otra historia.

Como la noche anterior nos dejaron en casa decidimos ir en bus, pese a que a Deneb no le gustaba mucho la idea no parecía incomodarle, no sé si es porque íbamos juntos y él me llevaba abrazado de la cintura que lo hacía un momento más íntimo entre nosotros, íbamos escuchando música con el mismo par de audífonos, el día se sentía cálido y su cuerpo también.

— ¿Y tu uniforme del equipo? - Pregunté de repente, se me había olvidado ese pequeño detalle, pero a él parecía no importarle.

— Siempre tengo uno limpio en el casillero por si alguna noche me quedo a dormir con la persona de la que estoy enamorado - Una medio sonrisa se asomó en su rostro, guiñó el ojo coqueto y me reí.

— Tienes un problema con la coquetería - una pequeña carcajada vino de él y no pude evitar sentirme nerviosa.

— Tengo un problema de cursilería contigo, mejor - Me dio un beso en la sien y apretó más fuerte su agarre en mi cintura. Se sentía especial este momento, el día, absolutamente todo, esperaba que nada pudiera cambiarlo.

El ambiente en el colegio era distinto. Era día de partido y se notaba. Todos estaban expectantes. La cancha principal se llenó de estudiantes con pancartas, gritos y teléfonos listos para grabar.

El equipo de Deneb se veía afilado: él, Jared, Dani, José y Tyler. Todos uniformados, listos para matar. Del otro lado, la tensión se sentía más oscura: Thomás con esa mirada de "hoy los aplasto", Sam con una sonrisa venenosa, y los gemelos Walter, que jugaban sucio como regla. No recordaba bien los nombres de los otros jugadores de ambos equipos, pero me bastaba con saber los del equipo al que estoy a favor: El de mis amigos.

Desde la tribuna, yo no dejaba de mirar a Deneb. Él me buscó con los ojos apenas entró a la cancha y me guiñó el ojo. Me dolió el pecho, pero también me hizo sonreír. No sabía si estábamos bien, mal o en pausa... pero estaba ahí.

El árbitro pitó y el partido comenzó.

Desde los primeros minutos se notó que sería una guerra. José soltó el primer gol con una jugada brillante, burlando a los gemelos y definiendo con una sonrisa.

—¡Eso, papá! —gritó mirando al público, haciendo que varios se rieran.

Pero Thomás no tardó en empatar. Sam se movía con agresividad, lanzando miradas a Deneb cada vez que se acercaba. En un momento, al pasar por su lado, le gritó:

—¿Ella sabe que te encantan las rubias de vestidos perla?

Deneb no reaccionó de inmediato. Pero cuando Sam tocó a Dani con una entrada innecesaria, lo empujó fuerte con el hombro. El árbitro pitó falta y los separó.

—Tranquilo, Deneb —le dijo Jared—. No caigas.

El segundo tiempo fue peor. Los Walter se encargaron de intentar desestabilizar a Tyler y José. Uno de ellos le dijo algo a José que lo hizo reír sarcásticamente:

—¿Eso fue un intento de insulto o una confesión de que me envidias?

Tenía miedo de que Deneb se dejara provocar. Había un momento en que todo se ralentizó: Sam iba por la banda, y Deneb se cruzó en su camino, cortando la jugada. Se quedaron cara a cara.

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