Pov's Deneb.
La música está tan fuerte que puedo sentirla en el pecho. Vibra con cada bajo, con cada maldito beat que retumba por los parlantes del patio. Sabrina se lució con la fiesta: luces de neón colgadas entre los árboles, botellas que no se acaban nunca, gente en todas las esquinas de la casa. Risas, gritos, videos, celulares grabando todo. Las risas de José y Dani se mezclan con las voces lejanas de otros grupos, y el humo de algo que no quiero identificar flota pesado en el aire.
Estoy con ellos, con los de siempre. Jared está recostado en una silla de playa con una cerveza en la mano, José ha hecho un grupo nuevo de fans en menos de diez minutos y Dani se está riendo por alguna pendejada que le acabo de decir.
Y yo... yo estoy ahí.
—Ey, Hawthorne —dice José, empujándome el brazo con el codo—. Estás más callado que un cura en un motel. ¿Te pegó el trago o qué?
—Estoy bien —respondo sin muchas ganas, forzando media sonrisa.
—Marica, eso es lo que uno dice justo antes de hacer una cagada —añade Jared, burlón, y levanta su cerveza para brindar conmigo—. A este lo conozco desde que medía lo mismo que mi perro. Cuando se pone así, algo le está revolviendo la cabeza.
—O alguien —dice Dani, sonriendo.
José suelta una carcajada.
—¿Es eso, Deneb? ¿Estás tragado? ¿O muy caliente otra vez?
—No jodan —digo, pero ni siquiera suena convincente.
La verdad es que sí. Y no sé ni desde cuándo ni cómo exactamente. Pero Abbi... Abbi está en todas partes últimamente. Aunque no esté. Aunque esté con sus amigas allá al fondo y ni siquiera me haya visto aún esta noche. Me está taladrando el cerebro desde que llegué.
Y eso que intenté no pensar en ella. Bebí apenas llegamos. Me reí con los chicos. José trajo un juego de cartas de castigo y perdí dos veces. Jared me obligó a hacer un maldito karaoke de reguetón frente a veinte personas. Lo hice. Me reí. Pero igual... Abbi. Siempre Abbi.
—No es eso —digo al final, mientras me echo hacia atrás en la silla y dejo que el cuello me cuelgue. Miro el cielo. Las luces de la casa iluminan el borde de las nubes. Está oscuro, pero no tanto. Como si todo estuviera en pausa. Como si hasta el universo supiera que no puedo apagar lo que me está pasando.
—¿Entonces qué es? —pregunta Dani. Su tono no es de burla esta vez. Es de hermano. Él lo sabe. Me conoce.
—Estoy pensando en algunas cosas —miento, a medias.
—¿Tipo "problemas familiares" o "me gusta alguien y no sé qué hacer con eso"? —pregunta Jared, directo como siempre.
Los miro a los tres. Y me quedo callado. Porque si digo algo ahora, no va a ser solo una broma entre amigos. Se va a notar. Se me va a notar.
—Déjenlo —dice José, haciéndose el maduro por primera vez en la noche—. Seguro necesita un par de tragos más para aflojar la lengua.
—O un par de besos —añade Jared, y todos se ríen.
Me río también, porque así funcionamos. Somos mierda, pero nos cuidamos.
A lo lejos, veo a Isa con Juli y Rebeca riendo. Thomás está por ahí, hablando con alguien que no reconozco. Afortunadamente está en otra. No tengo ganas de tenerlo cerca. Desde aquella vez no lo soporto.
Y entonces, sin decir nada, me levanto. Solo tomo mi vaso y camino hacia el patio. No tengo rumbo. Solo necesito aire. Solo necesito que el ruido deje de ser tan fuerte dentro de mí.
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El viaje.
RomanceAbbi es una chica de 17 años. Amante de la lectura, las pinturas y el dibujo. No es muy sociable o trata de no serlo, vive con sus padres y su hermana. Tiene un gran amigo y un día uno de los chicos con los que se sienta decide hacer un viaje, lleva...
