Ayer pude llegar a casa sin que Hans asaltara mis labios en el elevador, y hoy sólo fui de nueve a diez a la escuela ya que nos notificaron que uno de nuestros profesores (el que nos daría clase de diez a once) se enfermó, así que nos dejaron salir antes. Entonces tengo una hora libre, ya que quedé de verme con María afuera de la escuela a las once y media.
Reviso si tengo algo pendiente para mañana, pero no hay nada. Entonces me pongo mis audífonos, pongo música y saco un libro para leer.
Llevo dos capítulos leídos, cuando alguien se planta frente a mí. Alzo la cabeza y veo a Karen con su grupo de amigas atrás de ella.
Genial (nótese mi sarcasmo)
-Hola Selena-, saluda con cierta malicia en su tono de voz.
-Hola Karen-, respondo tranquila aunque por dentro estoy algo temerosa de lo que pueda pasar.
-¿Y cómo te fue con tu amigo de ayer? ¿Lograste cumplir sus expectativas o fuiste poca cosa para él?-
-¿De verdad te interesa tanto mi vida? No sabía lo mucho que te importaba-, me defiendo poniendo una mano en mi pecho fingiendo que estoy alagada.
-No, el que me importa es él. Tú eres una invisible aquí. Ni sé por qué se fijó en ti-, dice menospreciándome.
-Pues no soy tan invisible, porque me estás dando mucha importancia-
-Hagamos algo, tú me dejas el camino libre hacia él, y yo te dejo en paz-, propone agachándose para quedar a mi altura, dejando a mi vista su escotazo.
Perra
-¿Y qué si no quiero? ¿Quién te crees que eres para decirme con quién puedo estar y con quién no?-, cuestiono con enojo.
-Ja, soy mejor que tú en lo que a él le gusta, y eso me hace superior a ti. Por consiguiente, puedo ordenarte con quién estar y con quién no-, argumenta irguiéndose y poniendo sus brazos en jarras.
-Si ser "mejor" que yo implica ser una urgida y zorra, entonces sí eres mejor que yo-
Me da una bofetada. La mejilla me arde pero el enojo recorre mi cuerpo.
-A mi me respetas-, ordena apuntándome con uno de sus dedos.
-El respeto se gana-, le respondo furiosa al mismo tiempo que me levanto y le regreso la bofetada.
No sé si tengo mucha fuerza o si ella estaba mal parada, pero la tiré. Sus amigas se agachan auxiliándola mientras ella está lloriqueando. Por un momento pienso ayudarla, pero el enojo y el orgullo invaden mi mente y decido dejarla en el piso.
Tomo mis cosas y camino con paso decido hacia la salida. Me quedo parada en la entrada de la universidad. Le dije a María que la vería aquí afuera, pero no quiero esperar aquí y arriesgarme a que salga Karen a buscar más problemas.
-Hola-, saluda Hans llegando de mi lado derecho.
-¿Qué haces aquí?-, le pregunto sorprendida.
-Le dije a María que yo te recogería. También voy a ir a Tlalnepantla a grabar-, aclara encogiéndose de hombros.
-Ah ya-, contesto tranquilizándome.
-¿No tus clases terminaban a las once?-
-Sí, pero mi profesor de la clase de diez a once se enfermó, entonces nos dejaron ir antes-
-¿Y por qué apenas sales? Espera, ¿qué tienes en la mejilla?-, inquiere mirando mi mejilla.
Mierda. Maldita seas, Karen.
-Nada-, miento.
-Selena, te conozco de hace unos días, pero sé que ahora tu piel tiene algo diferente. En este caso, tu mejilla está roja y...¡fue Karen!-, exclama molesto.
-La puse en su lugar, ¿ok? Llegó preguntando por nosotros y quería que me alejara de ti, pero le dije que ella no es nadie para decidir con quiénes puedo estar. Me dio una bofetada y yo se la regresé...aunque no sé qué pasó porque ella terminó en el piso. No sé si estaba mal parada o qué-, finalizo ligeramente nerviosa.
-¿La tiraste de una cachetada? Eso es increíble, Selena. ¿Cómo no lo vi?-, interroga sonriendo.
-Te digo que quizá estaba mal parada-, insisto quitándole importancia.
-Pero igual fue increíble-, reitera Hans emocionado.
-Pues...sí-, confieso.
Lo miro y él está viendo algo atrás de mí. Cuando volteo, veo a Karen observándonos sorprendida. Creo que no esperaba vernos juntos. Regreso la mirada a Hans quien me está viendo. Sus ojos reflejan algo...no sé qué es, pero me encanta el modo en que me está mirando. De repente se acerca y me besa, pero este beso es como el de ayer: tranquilo, sin ninguna clase de fiereza. Le correspondo y me pierdo en sus labios.
Nos separamos y enseguida él me jala llevándome a su coche. Me siento como si estuviera haciendo una travesura ya que la risa y la adrenalina surgen en mi. Hans y yo nos subimos al auto riéndonos, él arranca y por el espejo retrovisor veo como Karen corre hacia nosotros pero luego se detiene y nos hace una seña obscena. Ambos nos reímos otra vez.
-¿Qué fue eso?-, le pregunto cuando logro controlar mi risa.
-¿Qué cosa de todo lo que hicimos?-, interroga Hans riendo.
-Pues ese ataque de risa que nos dio como si estuviéramos haciendo una travesura-
-No sé tú, pero yo sabía que Karen iría corriendo detrás de nosotros enojada-, responde riéndose.
-Bueno...creo que en el fondo lo sabía-, acepto encogiéndome de hombros.
-Fue divertido. Y me alegro de que hayas correspondido el beso-, confiesa sonriendo. Oh, cierto. Otra vez nos besamos.
-¿Por qué te alegra?-
-Pues...porque así humillamos a Karen y...porque me gusta besarte-, replica con timidez y encogiéndose de hombros. El calor recorre mi rostro. No le respondo nada. Él sólo se ríe y continua manejando...
Llegamos a Tlalnepantla, específicamente a Santa Mónica. Pasamos a un lado del cuadro de Santa Mónica y luego nos desviamos en una calle donde Hans aparca el auto.
-Llegamos-, anuncia desabrochándose el cinturón y bajando del auto. Lo imito y cuando miro la casa a donde vamos, veo una reja de color café, de esas que no te dejan ver el interior. Hans toca la puerta y nos abre un señor fornido de piel morena y cabello café oscuro con traje negro.
-Joven Hans, bienvenido-, saluda el señor con voz grave. Claro, los señores fornidos de traje tienen que tener una voz grave.
-Fragoso, qué gusto verte-, replica Hans serio, aunque percibo un poco de sarcasmo en su tono.
-¿Y ella es...?-, inquiere el tal Fragoso mirándome de pies a cabeza. Su mirada no me gusta.
-Mi amiga, Selena. Trabaja para María-, contesta Hans poniendo una mano en mi hombro. Está marcando territorio, pero, ¿por qué?
-Ah. Pasen-, indica Fragoso secamente mientras nos cede el paso. Hans me empuja ligeramente de la espalda y ambos pasamos rápidamente al interior de la casa.
-¿Qué fue eso?,- le pregunto a Hans confundida.
-No te quedes sola con él. Jamás. Él es un guardia de seguridad que luego nos acompaña cuando hay salidas a lugares ajenos a la oficina, pero tiene mala fama de acostarse con las chicas jóvenes. Las amenaza y...las golpea...no es como yo, claro. Él es...un salvaje-, explica Hans apretando los dientes. No le digo nada. Tendré que andar con cuidado.
ESTÁS LEYENDO
Provocación
Teen FictionSelena lleva una vida tranquila, pero la necesidad de dinero la lleva a meterse en un trabajo con muchos tabúes. Sin embargo, también es muy provocativo. ¿Será capaz de resistir las tentaciones?
