Capítulo 12

119 4 0
                                        

Ayer pude llegar a casa sin que Hans asaltara mis labios en el elevador, y hoy sólo fui de nueve a diez a la escuela ya que nos notificaron que uno de nuestros profesores (el que nos daría clase de diez a once) se enfermó, así que nos dejaron salir antes. Entonces tengo una hora libre, ya que quedé de verme con María afuera de la escuela a las once y media.

Reviso si tengo algo pendiente para mañana, pero no hay nada. Entonces me pongo mis audífonos, pongo música y saco un libro para leer.

Llevo dos capítulos leídos, cuando alguien se planta frente a mí. Alzo la cabeza y veo a Karen con su grupo de amigas atrás de ella.

Genial (nótese mi sarcasmo)

-Hola Selena-, saluda con cierta malicia en su tono de voz.

-Hola Karen-, respondo tranquila aunque por dentro estoy algo temerosa de lo que pueda pasar.

-¿Y cómo te fue con tu amigo de ayer? ¿Lograste cumplir sus expectativas o fuiste poca cosa para él?-

-¿De verdad te interesa tanto mi vida? No sabía lo mucho que te importaba-, me defiendo poniendo una mano en mi pecho fingiendo que estoy alagada.

-No, el que me importa es él. Tú eres una invisible aquí. Ni sé por qué se fijó en ti-, dice menospreciándome.

-Pues no soy tan invisible, porque me estás dando mucha importancia-

-Hagamos algo, tú me dejas el camino libre hacia él, y yo te dejo en paz-, propone agachándose para quedar a mi altura, dejando a mi vista su escotazo.

Perra

-¿Y qué si no quiero? ¿Quién te crees que eres para decirme con quién puedo estar y con quién no?-, cuestiono con enojo.

-Ja, soy mejor que tú en lo que a él le gusta, y eso me hace superior a ti. Por consiguiente, puedo ordenarte con quién estar y con quién no-, argumenta irguiéndose y poniendo sus brazos en jarras.

-Si ser "mejor" que yo implica ser una urgida y zorra, entonces sí eres mejor que yo-

Me da una bofetada. La mejilla me arde pero el enojo recorre mi cuerpo.

-A mi me respetas-, ordena apuntándome con uno de sus dedos.

-El respeto se gana-, le respondo furiosa al mismo tiempo que me levanto y le regreso la bofetada. 

No sé si tengo mucha fuerza o si ella estaba mal parada, pero la tiré. Sus amigas se agachan  auxiliándola mientras ella está lloriqueando. Por un momento pienso ayudarla, pero el enojo y el orgullo invaden mi mente y decido dejarla en el piso.

Tomo mis cosas y camino con paso decido hacia la salida. Me quedo parada en la entrada de la universidad. Le dije a María que la vería aquí afuera, pero no quiero esperar aquí y arriesgarme a que salga Karen a buscar más problemas.

-Hola-, saluda Hans llegando de mi lado derecho.

-¿Qué haces aquí?-, le pregunto sorprendida.

-Le dije a María que yo te recogería. También voy a ir a Tlalnepantla a grabar-, aclara encogiéndose de hombros.

-Ah ya-, contesto tranquilizándome.

-¿No tus clases terminaban a las once?-

-Sí, pero mi profesor de la clase de diez a once se enfermó, entonces nos dejaron ir antes-

-¿Y por qué apenas sales? Espera, ¿qué tienes en la mejilla?-, inquiere mirando mi mejilla.

Mierda. Maldita seas, Karen.

-Nada-, miento.

-Selena, te conozco de hace unos días, pero sé que ahora tu piel tiene algo diferente. En este caso, tu mejilla está roja y...¡fue Karen!-, exclama molesto.

-La puse en su lugar, ¿ok? Llegó preguntando por nosotros y quería que me alejara de ti, pero le dije que ella no es nadie para decidir con quiénes puedo estar. Me dio una bofetada y yo se la regresé...aunque no sé qué pasó porque ella terminó en el piso. No sé si estaba mal parada o qué-, finalizo ligeramente nerviosa.

-¿La tiraste de una cachetada? Eso es increíble, Selena. ¿Cómo no lo vi?-, interroga sonriendo.

-Te digo que quizá estaba mal parada-, insisto quitándole importancia.

-Pero igual fue increíble-, reitera Hans emocionado.

-Pues...sí-, confieso. 

Lo miro y él está viendo algo atrás de mí. Cuando volteo, veo a Karen observándonos sorprendida. Creo que no esperaba vernos juntos. Regreso la mirada a Hans quien me está viendo. Sus ojos reflejan algo...no sé qué es, pero me encanta el modo en que me está mirando. De repente se acerca y me besa, pero este beso es como el de ayer: tranquilo, sin ninguna clase de fiereza. Le correspondo y me pierdo en sus labios.

Nos separamos y enseguida él me jala llevándome a su coche. Me siento como si estuviera haciendo una travesura ya que la risa y la adrenalina surgen en mi. Hans y yo nos subimos al auto riéndonos, él arranca y por el espejo retrovisor veo como Karen corre hacia nosotros pero luego se detiene y nos hace una seña obscena. Ambos nos reímos otra vez.

-¿Qué fue eso?-, le pregunto cuando logro controlar mi risa.

-¿Qué cosa de todo lo que hicimos?-, interroga Hans riendo.

-Pues ese ataque de risa que nos dio como si estuviéramos haciendo una travesura-

-No sé tú, pero yo sabía que Karen iría corriendo detrás de nosotros enojada-, responde riéndose.

-Bueno...creo que en el fondo lo sabía-, acepto encogiéndome de hombros.

-Fue divertido. Y me alegro de que hayas correspondido el beso-, confiesa sonriendo. Oh, cierto. Otra vez nos besamos.

-¿Por qué te alegra?-

-Pues...porque así humillamos a Karen y...porque me gusta besarte-, replica con timidez y encogiéndose de hombros. El calor recorre mi rostro. No le respondo nada. Él sólo se ríe y continua manejando...

Llegamos a Tlalnepantla, específicamente a Santa Mónica. Pasamos a un lado del cuadro de Santa Mónica y luego nos desviamos en una calle donde Hans aparca el auto.

-Llegamos-, anuncia desabrochándose el cinturón y bajando del auto. Lo imito y cuando miro la casa a donde vamos, veo una reja de color café, de esas que no te dejan ver el interior. Hans toca la puerta y nos abre un señor fornido de piel morena y cabello café oscuro con traje negro.

-Joven Hans, bienvenido-, saluda el señor con voz grave. Claro, los señores fornidos de traje tienen que tener una voz grave.

-Fragoso, qué gusto verte-, replica Hans serio, aunque percibo un poco de sarcasmo en su tono.

-¿Y ella es...?-, inquiere el tal Fragoso mirándome de pies a cabeza. Su mirada no me gusta.

-Mi amiga, Selena. Trabaja para María-, contesta Hans poniendo una mano en mi hombro. Está marcando territorio, pero, ¿por qué?

-Ah. Pasen-, indica Fragoso secamente mientras nos cede el paso. Hans me empuja ligeramente de la espalda y ambos pasamos rápidamente al interior de la casa.

-¿Qué fue eso?,- le pregunto a Hans confundida. 

-No te quedes sola con él. Jamás. Él es un guardia de seguridad que luego nos acompaña cuando hay salidas a lugares ajenos a la oficina, pero tiene mala fama de acostarse con las chicas jóvenes. Las amenaza y...las golpea...no es como yo, claro. Él es...un salvaje-, explica Hans apretando los dientes. No le digo nada. Tendré que andar con cuidado.

ProvocaciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora