Luego de comer el helado, nos fuimos a dar una vuelta a la plaza mientras platicábamos de cosas personales. No tan personales como lo de hace rato, pero sí nuestros gustos de películas, color, animal, tipo de chico o chica ideal, entre otras cosas. En algunas cosas coincidimos, pero en otras somos polos opuestos. Finalmente decidimos regresar a casa.
-Pues fue un gusto salir a pasear contigo. ¿No te gustaría ir a otro lado a pasear o algo así? -, interroga Hans.
-No, la verdad es que nada más quería salir por un helado o un café y luego regresar a casa-, le respondo amablemente.
-Ah ya. Oye, ¿y qué vas a a comer?-
Ouh...no compré nada para preparar...y ni modo de preparar huevos o hot cakes.
-Demonios, tengo que pasar al súper-, expongo apenada. Toma el primer retorno que ve.
-¿A dónde vamos?-, le pregunto con timidez, aunque creo que ya sé a dónde me llevará.
-Al súper. Hoy te invitaré a comer, pero dudo que quieras que te invite a comer todos los días, entonces comprarás alimento para mañana y el resto de la semana-, expone. No esperaba esto.
-No tienes que hacerlo-, le digo avergonzada.
-No, pero quiero-, aclara con una sonrisa en sus labios.
-Es increíble lo amable que puedes llegar a ser-, le confieso.
-Pues...lamento haber sido grosero contigo en un principio-, declara con seriedad.
-Bien. Perdonado-, respondo mientras miro el camino.
-Gracias-, agradece, y puedo percibir que está sonriendo.
Llegamos a la plaza y estaciona el coche para luego ir al súper. Me dirijo enseguida al área de carnes y busco una carne molida y carne para asar. Luego voy hacia el área de frutas y verduras; y tomo zanahorias, un brócoli, manzanas, plátanos...
-¿En serio plátanos?-, cuestiona Hans.
-Sí, ¿qué tiene?-
-Ja. Nada, nada-, responde fingiendo que no pasa nada.
-Hijo de tu madre-, digo negando con la cabeza sin evitar una sonrisa en mis labios. Está de alburero.
-Lo lamento, reina. Es mi forma de ser-, se disculpa mientras se ríe.
-Lo que digas-, replico sin creerle. Tomo unos chicharos y luego una lechuga y pepinos...
-No puedo creerlo-, manifiesta Hans poniendo una mano en su rostro.
-Hans...-, ya sé en qué está pensando.
-Parece que te quieres masturbar-, me susurra en el oído.
-Claro que no. No pienso en esas cosas cuando vengo a comprar al mercado-
-Bien-, dice alzando los brazos en señal de paz.
Mal pensado.
Termino de hacer mis compras sin más comentarios mal pensados de Hans.
Llegamos a la casa, dejo mis cosas y luego Hans me lleva a su casa. Al entrar me encuentro con un lugar que me encantó:
Una enorme ventana al frente que tiene una vista hacia la ciudad (muy parecida a la de mi hogar), el techo es blanco y el resto de las paredes tienen un color azul pastel. Los muebles en general tienen un color blanco, pero algunos varían con color café claro. Se ve muy contrastante pero acogedor.
-Me gusta la decoración-, expongo.
-Gracias, fue idea mía-
-¿En serio? Pensé que tu departamento tendría colores más oscuros o muy formales...lo ordinario en un hombre-
-Bueno, no soy alguien ordinario-, expresa con altanería.
-Sí, eso se nota a leguas-, contesto con ironía.
-Calla y vamos a comer-, ordena y se va a lo que creo que es la cocina. Lo sigo, y veo que sí es la cocina. La decoración es parecida a la de la sala/comedor, pero la cocina tiene más detalles en blanco.
-¿Y qué vamos a comer?-, interrogo.
-Por hoy, comeremos pizza, ¿te parece, o estás a dieta?-
-¿Te parece que estoy a dieta?-, pregunto poniendo los brazos en jarras.
-Sí-
-Pues no, no estoy a dieta-, respondo ligeramente indignada.
-Lo lamento-, se disculpa alzando los brazos en señal de rendición. De repente, suena el timbre -oh, ya llegó-, puntualiza y sale.
¿Y a qué hora llamó a la pizzería?
Entra a la cocina con dos cajas de pizza y las pone en su mesa.
-¿A qué hora las pediste?-, le pregunto sorprendida.
-Mientras estabas pagando-, aclara mientras saca unos platos, unas servilletas y dos vasos.
-Vaya-, expreso más para mi misma, que para él.
-Bon appetite-, manifiesta mientras abre una de las cajas dejando a la vista una pizza de pepperoni. El olor de la pizza invade mis fosas nasales. Sin pensarlo dos veces, tomo un pedazo y lo muerdo.
-Gracias-, agradezco cuando termino de comer mi primer bocado.
-De nada, ¿quieres salsa Maggy o salsa inglesa?-, interroga con un pedazo de pizza en la boca.
-¿Dónde quedó el "señor modales"? Inglesa, por favor-, digo mofándome de él.
-Chistosita-, se queja cuando termina su bocado. Se levanta para sacar del refrigerador la salsa, y luego me la entrega.
El resto de la comida, nos la pasamos en silencio. Es un poco incómodo para mí porque siento que hago mucho ruido al masticar. Cuando terminamos, me ofrece refresco y luego nos quedamos sentados reposando.
-Tengo ganas de un postre-, expone Hans con seriedad.
-¿No te llenaste con la pizza y el refresco?-, le pregunto sorprendida. Yo estoy completamente llena.
-No-, responde en el mismo tono.
-¿Y tienes postre?-
-Mmmmm, tengo uno-, contesta algo dudoso.
-Pues comételo-, le digo como si fuera algo obvio.
-Quiero pero...no se va a dejar-, dice soltando aire.
-¿Qué? Es un postre, ¿cómo no se va a dejar?-, expreso confundida.
-¿Crees que se deje comer?-, inquiere en un ronroneo.
Ay Selena, pero si estás bien mensa (por no decir otra palabra).
-Hans. Eso es muy cliché, ¿sabes?-, me mofo de él.
-¿En serio?-, pregunta sorprendido. Supongo que no esperaba que lo atrapara en plena jugada.
-Sí, en serio-
-Oh...¿pero si te dejarás comer?-, cuestiona ronroneando mientras se acerca a mí.
-No-, replico levantándome y dejando mi plato en el fregadero. Me pongo a lavarlo y siento un par de manos tomar mi cadera.
-Vamos, Selena-, me susurra en el oído, lo cual me provoca un escalofrío. Me alejo un poco de él y niego con la cabeza. De repente, sus manos se desvían a mi trasero y lo aprieta.
Mier-da
-Hans, por favor no-, le pido tratando de sonar firme pero mi voz sale ligeramente temblorosa.
-Selena, no sabes cómo me traes-, confiesa ahora haciendo círculos en mi trasero. Respiro hondo, termino de lavar mi plato y me giro hacia él. Sus ojos me hipnotizan. Nuevamente respiro profundo, le doy un beso en la mejilla y luego me acerco a su oído lentamente.
-Gracias por la comida-, susurro y salgo casi corriendo de su casa. La escena de ayer casi se repite, con excepción de que ahora Hans no vino corriendo detrás de mí. Tomo aire e intento calmarme.
Este hombre me va a matar por lo caliente que me pone.
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Provocación
Roman pour AdolescentsSelena lleva una vida tranquila, pero la necesidad de dinero la lleva a meterse en un trabajo con muchos tabúes. Sin embargo, también es muy provocativo. ¿Será capaz de resistir las tentaciones?
