Capítulo 18

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Lunes...
Terminan mis clases y salgo de la escuela. No tengo ganas de ir al trabajo, pero necesito el dinero.

No le he hablado a Hans ni a Bella en todo el fin de semana. Bella me habló por teléfono varias veces, pero no le contesté. Hans no se hizo presente. Supongo que él se ofendió mucho.

Tomo un taxi que me lleva al trabajo. Llego a la oficina de María y me siento. En eso, María entra a paso veloz.

-Qué bueno que llegas. Hay que ir a Santa Mónica otra vez-, dice apresuradamente.

-¿Van a grabar allá?-, le pregunto.

-Sí, así que vámonos-, responde casi jalándome.

Llegamos a la casa y empieza la grabación. El tiempo se me pasa lento. Es horrible y no puedo evitar pensar tanto en Hans como en Bella. Finalmente termina la grabación y voy con María a un cuarto para que se vista.

-Querida, ¿puedes ir por papel al sanitario por favor? Olvidé mi rollo en la oficina-, me solicita María.

Le doy un asentimiento de cabeza y salgo de la habitación. Entro al baño, tomo papel y escucho que la puerta se abre y se cierra velozmente. Volteo hacia atrás de mí y está Fragoso.

-Lo de la semana pasada no se iba a quedar así-, argumenta con malicia en su tono. Intento pegarle, pero logra someterme. Siento algo afilado y frío en mi cuello.

-Grita o intenta hacer otra cosa y esto va a terminar en un lugar que hará que te duela por el resto de tu vida-, me amenaza. Es un cuchillo. Pienso en cualquier posibilidad para escapar pero con un cuchillo en mi cuello, no creo poder hacer nada.

-Vamos a tu casa-, me susurra en el oído. Me empuja fuera del baño y me sigue. Los pasillos están vacíos entonces no hay nadie a quien le pueda pedir ayuda. Salimos de la casa y me guía a un auto. Es un versa color negro. Me subo y enseguida él corre al lado del piloto para subirse.

-¿Dónde está tu casa?-, me pregunta con el cuchillo apuntando mi estómago. Pienso en mentirle y darle otra dirección, pero cuando se de cuenta de que le mentí, ¿qué se supone que haré? Con un nudo en la garganta, le doy la dirección de mi departamento.

En el camino, las lágrimas salen a montones sin que las pueda detener. La pregunta que ronda por mi cabeza es: ¿qué va a hacer conmigo?

Llegamos y subimos el ascensor. Estoy rogando porque Hans esté afuera de su departamento. Se abren las puertas del elevador y no hay nadie. Un nudo se forma en mi estómago.

Fragoso me empuja y yo avanzo hacia mi hogar. Abro la puerta y entramos. Toma mi brazo y me lleva a uno de los sillones de mi sala.

-Coopera conmigo y todo irá bien-, susurra en mi oído y luego me empieza a besar...

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