Capítulo 2

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Suena mi alarma, haciéndome ver que ya es hora de levantarme. Recuerdo lo que pasó ayer y me siento avergonzada.

Luego de ver lo que hicieron Marco y Abril, María me dijo que yo podría ser actriz pornográfica y que pagan muy bien por esa profesión, pero me negué rotundamente. Entonces me dijo que podía ser su secretaria, pero igual me negué; es decir, no está bien que esté viendo cosas como la de ayer todos los días.

Me levanto, preparo mi ropa, me doy un baño rápido, me visto y luego voy a la cocina para preparar algo de comer. Termino de cocinar, desayuno y me doy un tiempo para revisar si tengo mi material completo, pero mi actividad se ve interrumpida cuando alguien toca la puerta. Me levanto de mi sillón negro en la sala y voy a abrir. Es el señor Gilberto quien me empuja dentro de la casa y cierra la puerta.

-Selena, el dinero-, dice agitadamente.

-Pero me dijo que tenía dos días. Mañana lo tendré-, digo totalmente sorprendida por su repentina actitud.

-Selena, hay un cambio de planes. ¿Tienes el dinero o no?-, pregunta maliciosamente.

-No, pero...-

-Calla-, me interrumpe -sin dinero, no hay trato-, dice sonriendo mientras se acerca a mí.

Retrocedo hasta que choco con uno de mis sillones, entonces el señor Gilberto aprovecha la situación empujándome contra éste. Intento huir pero el maldito se pone sobre mí, y como está pesado, no me lo puedo quitar de encima. Me empieza a besar el cuello mientras yo sigo forcejeando. Las náuseas acuden a mí, pero aunque vomitara, no creo poder librarme de esta...¿o sí?

Las náuseas se van cuando el señor Gilberto se empieza a desabrochar el pantalón.

No, no, no, por favor.

Forcejeo e intento golpearlo pero a pesar de estar barrigón, tiene fuerza. Se desabrocha el pantalón y se lo quita junto con sus calzones de abuelito. No sé cómo lo logra porque a pesar de mi forcejeo y los golpes que alcanzo darle, me baja mis jeans y mis bragas.

Cuando veo que no tengo escapatoria, simplemente las lágrimas salen de mis ojos y empiezo a pensar "será rápido, será rápido".

Soy virgen y no quería hacerlo con ningún chico que no me valorara, pero esto supera cualquier cosa que pude imaginar. Siento algo en mi zona íntima. No me ha penetrado pero descubro que el asqueroso está jugando conmigo.

Alguien toca la puerta. Enseguida, el señor Gilberto cubre mi boca. Voltea a ver la puerta asustado como sí se fuera a abrir por sí sola. Nuevamente empiezo a forcejear pero el idiota pesa mucho. No sé quién es porque la verdad no esperaba a nadie, pero ojalá siga insistiendo. Un poco después, vuelven a tocar la puerta. El señor Gilberto me mira furioso.

-Ve a ver quién es y dile que se largue. Cualquier intento de pedir ayuda, lo pagarás caro-, me advierte.

Me levanto, me pongo mis pantalones y mis bragas, me acomodo el cabello, respiro profundo y voy hacia la puerta. La abro y me sorprendo de ver a María. Sin preámbulos, entra a mi casa a pesar de que intento impedírselo.

El señor Gilberto, al verla, intenta subirse sus calzones y el pantalón, pero ella lo detiene.

-No es necesario-, dice María sentándose frente a él. 

De repente, le agarra su parte íntima al señor Gilberto. Mis ojos se abren como platos mientras que el señor Gilberto se pone rojo y en su boca se forma una o.

-¿Qué es lo que hace señor? ¿Quiere follarse a Selena?-, pregunta María tranquilamente.

-Sí-, responde el señor Gilberto en un susurro.

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