Capítulo 19

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Martes...
-Vamos querida-, me dice María. La sigo a su oficina y se viste. Cuando termina, le pregunto por algunos pendientes que marca su agenda y me dice que todo lo tiene listo. Luego me dice que me puedo retirar. Salgo casi corriendo del edificio y tomo un taxi. Llego a mi departamento y entro corriendo. Luego de lo que pasó ayer, he estado más cuidadosa porque no quiero que hoy se repita lo mismo. Ceno cereal, preparo mis cosas para mañana y me voy a dormir...

Miércoles...

Suena mi alarma y repito lo mismo que he estado haciendo por no sé cuántas semanas:

Me levanto, preparo mi ropa, me baño, me visto, cocino algo para comer, desayuno, preparo mis cosas y luego salgo de mi depa para ir a la escuela.

Terminan mis clases y nuevamente voy a mi empleo. Entro al elevador y cuando se están cerrando las puertas, alguien mete su mano para detenerlo. Es Fragoso.

Maldito

Se cierran las puertas y enseguida me acorrala contra una de las paredes.

-Espero que hoy nos podamos ver otra vez. El lunes estuviste maravillosa. Hoy me gustaría intentar algo diferente. Te llevaré ropa especial que quiero que te pongas hoy. Te verás increíble-, me susurra y luego toma una de mis nalgas con fuerza.

Reprimo las ganas de darle un rodillazo en la entre pierna, porque ya sabe dónde vivo y puede desquitarse conmigo al rato. Trato de que las lágrimas no salgan de mis ojos. Fragoso sonríe y se separa de mí. Las puertas del ascensor se abren y yo salgo de él a paso veloz. Respiro profundamente antes de entrar a la oficina de María.

Tengo que seguir adelante. Si no, mis padres me obligarán a regresar con ellos, y es lo que menos quiero ahora que soy independiente...

Por más que intenté que María me pusiera otra tarea, no lo logré. Ahora voy en el auto de Fragoso a mi departamento.

Llegamos, entramos y me entrega una bolsa.

-Póntelo-, ordena Fragoso mientras se sienta en un sillón. Tomo la bolsa y voy al baño.

Saco la prenda y es un brasier rojo con encaje color negro. Igual viene una pantaleta del mismo color también con encaje. Me lo pongo y me queda a la medida. No puedo negar que me veo bien. Lo malo es quién me va a ver con esto. Pienso en llamar a Hans pero dejé mi celular en la sala. No hay forma de que Fragoso no me vea. Intento no llorar. Respiro profundamente y salgo del baño...

Jueves...

Suena mi alarma. Estoy tan agotada que estoy considerando seriamente no ir a la escuela y mucho menos ir a trabajar. Me duele mi cuerpo. Supongo que hoy faltaré...o mejor mañana, para tener sábado y domingo para descansar. Con toda la flojera del mundo, me levanto y hago mi rutina de siempre.

Antes de salir para mi escuela, me llega un mensaje. Lo abro y veo que es de Bella:

-¿Podemos vernos? De verdad te extraño-

Lo ignoro y salgo de mi casa...

Viernes...

-Gracias Selena, nos vemos el lunes-, se despide María. Nuevamente salgo corriendo del edificio y tomo un taxi. Llego y entro al ascensor. Cuando las puertas se abren, veo a alguien parado afuera de la puerta de mi departamento. Por un momento pienso en Fragoso, pero el cuerpo de esta persona se ve algo femenino. Me acerco con cautela y veo que es Bella. Cuando me ve, se acerca a mí velozmente.

-Selena, por favor escúchame. No soy lo que crees. Fue mera coincidencia lo que te dijo María y lo pasó. No creas que sólo te quiero coger. De verdad que todo lo hice de buena fe. Perdóname, ¿sí?-, me dice apresuradamente. 

Las imágenes de lo que pasó entre Fragoso y yo llegan a mi mente. Siento un nudo en la garganta y me dan ganas de llorar. Para evitarlo, me acerco a Bella y la empiezo a besar. Al momento de besarla, siento una tranquilidad inmensa, pero al mismo tiempo siento unas ganas de tener sexo con ella. 

Me separo de sus labios y busco la llave de mi departamento. Abro la puerta y la jalo hacia adentro. Cierro la puerta y la vuelvo a besar. Poco a poco me voy deshaciendo de mi ropa al igual que le empiezo a quitar la de ella. La llevo a la sala y la empujo a uno de los sillones. Me acerco a su entrepierna y la empiezo a frotar. Ella deja caer su cabeza hacia atrás y gime. Hago lo que jamás me hubiera imaginado que haría: empiezo a lamer su sexo. La observo y su mirada refleja muchas cosas. Le está gustando. Sigo lamiéndola y a eso le agrego que froto su zona. Empieza a mover su cadera a un ritmo. 

Luego, introduzco dos dedos en su vagina. Suelta un gemido. Sigo así mientras la miro. Supongo que eso la excita porque gime cada vez más fuerte. Aumento la velocidad de mis lamidas y de mis dedos entrando y saliendo de ella. Se agita más y gime más fuerte. Sin esperarlo, llega a su orgasmo de una manera tan intensa que me prende demasiado. Me acerco a sus labios y la beso. Ella hace que yo me ponga abajo de ella. Luego baja hacia mi zona íntima y me hace lo mismo que yo le hice. Pienso en lo que ha pasado esta semana. Ha sido demasiado estrés. Todo eso ayuda a que mi orgasmo llegue de manera rápida e intensa. Doy un grito tan intenso porque llegan varios orgasmos. Uno tras otro. Cuando logro calmarme, Bella se acerca a mí y me besa.

-¿Me perdonas?-, me pregunta mirándome directamente a los ojos.

-Sí-, respondo en un suspiro. 

Deja caer su cabeza en mi pecho y se queda dormida. Yo me quedo pensando en lo que ha pasado esta semana...específicamente lo de Fragoso. Me doy la libertad de dejar salir unas cuantas lágrimas de mis ojos. No sé qué hacer...más que nada, no sé cómo librarme de Fragoso. De las dos veces que he estado con él, me he dado cuenta que lleva un cuchillo. Está tan enfermo de la cabeza que creo que si me revelo contra él, sí cumpliría su promesa de la droga o de clavarme el cuchillo en una parte que él dijo que me dejaría adolorida por el resto de mi vida. 

Recuerdo a Hans. Él me dijo que denunciara al señor Gilberto cuando intentó abusar de mí. Ahorita no sería mala idea con Fragoso, pero...no tengo pruebas...es tan salvaje, aunque al mismo tiempo no sé cómo le hace para no dejarme marcas en el cuerpo. Es un monstruo...

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