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Eamonn.

Una de las cosas que voy a nombrar, entre las cosas que pueden estar teniendo un cambio actualmente en mi vida, es la actitud. Sí, soy un maldito cínico en verdad que ahora solo sirve para dar falsas sonrisas, contar chistes inútiles y gastados que den gracia y, hablar de una forma correcta para que todos crean que son simpatizantes en mi mundo

Woh, cuan larga es mi lista de pecados si empiezo a contarlos, diablos, y eso que debo tener en cuenta que solo es desde que llegamos a este lugar

Perdiendo por completo la cuenta de la lista, vuelvo a sonreír, tal y como el cretino que soy cuando los chicos del equipo lanzan otro chiste.

Me seco el sudor del cuello, frete y piernas con una pequeña toalla. La guardo lanzándola de vuelta al bolso y lo cierro. Camino por la cancha con el aliento recuperado luego de un circuito completamente infernal que tuvimos como calentamiento.

-¡Se acabó el descanso mariquitas!- termino de darle un trago a mi botella con agua- ¡Ahora, jueguen!- toca el silbato.

Me demoro más que el resto, que ya comenzaron por estar atándome los cordones de las zapatillas, las dejo casi ajustadas para que no me molesten y sean una carga en medio de la acción.

-¡Vamos Eamonn!- levanto la vista cuando escucho mi nombre, me coloco de pie y veo como Andrew pasa por mi lado casi trotando, con una sonrisa en el rostro.

-¡Novato!- me pongo en alerta por la voz del entrenador- Dame 3 vueltas, sorpréndeme.- Antes de empezar a trotar doy unas largas respiraciones para prepararme y lo hago, comienzo a acelerar, manteniendo hasta un ritmo mental para no distraerme y lograr mi tarea indicada.

-Por cierto- lo escucho- Tienes un lindo cabello- sonríe de nuevo.

¿Tiene algún problema facial acaso que no deja de sonreír cada vez que nos vemos? Que en realidad han sido muy pocas, y sinceramente ya me está empezando a incomodar

-Me lo dicen seguido- digo entre respiraciones tratando de sonar agradable, y acelero el paso.

Al terminar las vueltas hago estiramientos en torno las piernas. Bajo y trato de tocarme la punta de las zapatillas.

Alguien se coloca frente a mí y solo distingo su calzado, lo siento muy cerca. Me quedo así unos segundos para terminar la rutina, suspiro y me coloco derecho.

¿Qué demonios quiere?

Arrugo la frente y doy un paso tras, logrando mantener mi espacio personal.

Richard.

No tengo la mayor intensión de siquiera pisar un peldaño de mi casa en lo que queda del día, y es por esa razón que decido volver al instituto posterior a ir a comprar unas cosas para mi gran cena, aunque probablemente le pida a alguien que me deje quedarme a dormir en su casa, o simplemente me escondo en algún baño, armario o salón para pasar la noche.

El Gran Padre

Me enfado de solo pensar lo poco que vale la pena tener parentesco con esa persona. Ya ni siquiera su para cuenta, en realidad no importan los motivos siquiera, solo importa el hecho de que lo acaba de hacer

Al abrir la puerta una suave campana resuena y algunas miradas curiosas están direccionadas hacia mí, me ven entrar detenidamente.

Compro, pago, me dan el vuelto y salgo.

Me apoyo contra un pedazo de muro que sobresale y guardo la bolsa con las cosas en la mochila, intento cerrarla acorralándola contra la pared y aplastándola, está por reventar.

La Pausa de un Cariño IncontrolableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora