Capítulo 4 "Tienes unos ojos preciosos, ¿lo sabías?

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Eran las cinco menos diez de la tarde, sólo esperaba que Alec fuera puntual, no quería estar mucho tiempo sola en casa después de lo ocurrido. 

Por una razón la cuál desconocía, no tuve miedo en ningún momento, era como si todo hubiera sido seguro, nada malo, incluso algún tipo de protección. De todas formas, no pude evitar sentir electricidad recorriendo mi cuerpo todo el tiempo. El sonido del timbre hizo que abandonara aquella mar de pensamientos que no me llevaban a ningún sitio... Fui hacia la puerta y me encontré con Alec.

-Hey Rachel, ¿qué tal? -dijo clavando sus ojos azules en los míos-

-Hey -esbocé una leve sonrisa-  bien, ¿y tú?

-Bien, espero que esta clase vaya mejor que la de la biblioteca, no te desquicies mucho esta tarde -dijo pasando al recibidor-

-Imbécil -murmuré y acto seguido cerré la puerta-

-Bueno empecemos.

Dijo sentándose en la mesa del salón con total comodidad, como si de su propia casa se tratara.

-No te cortes eh -dije con ironía-

-Ha cambiado mucho... -dijo recorriendo con sus ojos cada centímetro del salón-

-¿Perdón? -dije acercándome a la mesa-

-¿Tienes los apuntes listos? No podemos perder el tiempo.

Le miré incrédula, ¿estaba evitando mi pregunta?. Su respuesta fue arquear sus cejas exigiendo una respuesta. Sí, estaba esquivando mi anterior pregunta. Sacudí la cabeza quitándole importancia y fui hacia mi mochila, sacándo los apuntes y regresando a la mesa, esta vez sentándome en una silla.

-Bien, empecemos con el problema que hemos dejado a medias en la biblioteca, déjame ver cómo lo llevas.

Abrí mi cuaderno por la página del problema, aunque lo único que me encontré fue un folio en blanco.

-¿Qué demonios? Estaba aquí, toda esta hoja estaba escrita -dije sacudiendo la cabeza mirando perpleja el papel-

-Obviamente la debes haber perdido Rachel, ¿cómo puedes haberla perdido?

-No la he perdido, la guardé, es que la guardé aquí -dije rebuscando entre las demas hojas del cuaderno y después, en el libro de la asignatura-

-Pues yo creo que no, Rachel estamos perdiendo bastante tiempo por esto, ¿cómo puedes ser tan desordenada?

-¿Qué? -dije levantando la voz- La ficha estaba aquí joder, lo estaba y no te atrevas a ponerme de desastrosa porque juro por Dios que la ficha estaba aquí -dije señalándole con mi dedo índice-

-Vale vale no pegues increíble Hulk -dijo burlándose- Pero tampoco vuelvas a hablarme en ese tonito, ¿vale nena?

¿Quién se creía que era? Me estaba poniendo realmente enferma, si pudiera le patearía la cara de imbécil que tiene.

-Te hablo como me de la gana, y si no te gusta coges la puerta y te vas de mi casa, yo no te pedí que vinieras aquí.

-Tú casa -sacudió la cabeza riendo- Dime, ¿cuántos años llevas viviendo aquí?

-¿Qué clase de pregunta es esa? -dije frunciendo el ceño-

-Sólo responde.

-Desde que nací, osea unos 17 años. 

-Eso es muy poco tiempo. -esbozó una sonrisa-

-¿Qué? En serio, no puedes ser más raro, de verdad.

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