Capítulo 20. "Eres un idiota cursi"

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No entendía qué pasaba conmigo. Por qué hasta yo misma moría de la calor que desprendía.

-¿Cómo? -retrocedí unos pasos y me miré a mí misma-

-Estás muy caliente... Sí, ya me entiendes -reímos un poco- 

-Verás, ésta mañana estaba duchándome y salía vapor.

-Dios mío, vamos a informar a la nasa de tal descubrimiento -se acercó Alec a mi cara, la que yo aparté de un cariñoso manotazo-

-Imbécil -rodé mis ojos con una sonrisa- el vapor salía al poco de estar sobre mi piel -fruncí el ceño-

Alec se quedó en blanco mirando hacia el suelo, pude saber que estaba pensando. Lo encontraba realmente sexy, él lo era, su cara era preciosa, la más bonita y seductora que había podido ver. En ese momento me di cuenta de lo embelesada que él me tenía, estaba completamente en su mano. No podía apartar la vista de su perfecto rostro, de la concentración que reflejaba y que me hacía tanta gracia a la vez que me encendía.

-¿En qué piensas?

-Oh, en nada.

-Estarás pensando que estoy loca. -me crucé de brazos y aparté la vista de Alec-

-Hey -puso sus manos sobre mis brazos, presionándolos- no pienso eso, nunca lo pensaría. Pueden haber sido muchas cosas -sonrió-

Mi garganta se secó: si él supiera que soy una especie de ángel que salva a gente, que tiene poderes y por eso no lleva una vida normal... Pensé. Parecía no haberle dado si quiera importancia a lo que acababa de decir, cómo si fueran simples casualidades enlazadas unas con otras que detallaban un hecho que según se percibiera, podía parecer una real tontería o lo más extraño de éste mundo.

-¿Crees en la magia? -en cuanto esa absurda pregunta abandonó mi boca, me arrepentí totalmente-

Alec me miró algo sorprendido ante la pregunta que le acababa de hacer.

-¿Qué clase de pregunta es esa? -arqueó sus cejas y sonrió-

-Eh.. -tapé mi cara con mis manos- no sé, olvídala -negué con mi cabeza-

Alec rió y pude sentir que se acercaba ya que su aliento cada vez chocaba con más fuerza contra mis manos, que aún permanecían sobre mi cara.

-¿Sabes que es magia? -dijo Alec apartando suavemente mis manos de mi cara- haberte conocido.

Sonreí como una tonta antes sus palabras.

-Eres un idiota cursi...

-Tú me vuelves cursi.

-Lo eres, por mucho que vayas de malote con tus chupas de cuero y tus amigos chungos que te siguen como si te debieran la vida, eres cursi.

El rostro de Alec se endureció completamente tras las palabras que acababa de soltar.

Cada fibra de mi cuerpo se volvió rígida, fría y tensa. La culpa y el arrepentimiento tiraban de mis extrañas queriéndome retorcer.

-Esto... Yo... -dije jugando con mi manos-

-No -sonrió- tranquila. Es así, supongo.

Sabía que por dentro estaba deseando destruir algo. Hacer pedazos cualquier cosa, descargar la mecha de ira que yo había prendido en su interior.

-La he cagado, joder lo siento.

-Hey, está bien nena -sacudió sus hombros despreocupadamente- quiero llevarte a un sitio.

-¿Ahora?

-Sí -sonrió-

-Tengo que cambiarme, espera -me giré hacia la puerta pero Alec, cogiendo mi cintura, me giró hacia él de nuevo-

-Estás completamente preciosa así -rozó su naríz con la mía- vamos.

Alec entrelazó su mano con la mía y comenzó a andar hacia el 'Range Rover' que para mi sorpresa, aún poseía.

Subí en el asiento del copiloto y Alec arrancó el coche. Tras un tranquilo paseo, Alec aparcó enfrente de la puerta del instituto, le miré con un ceño fruncido dominando mi rostro, haciéndose reflejo de mi confusión.

-¿Nunca has querido hacer todo lo que quieras en el instituto, registrarlo todo? Porque yo sí -dijo Alec con una excitante sonrisa-

-Pues... Sí, pero Alec no podemos, hay cámaras, pueden pillarnos y si lo hacen estamos en un lío.

-No nos van a pillar, a mí nunca me pasan esas cosas -dijo abriendo la puerta del coche-

Dudosa me quité el cinturón de seguridad y abrí la puerta del coche para bajarme de éste y reunirme junto a Alec.

Al llegar a las puertas principales Alec se paró en seco.

-A ver, voy a desconectar las pocas cámaras que hay en los pasillos, tú vigila desde fuera, no quites ojo a nada de lo que haya alrededor, aunque esté en total calma, ¿de acuerdo?

-Vale -asentí- 

Alec entró al instituto y yo mientras vigilé, tal y cómo él me dijo; tras unos segundos Alec abrió una de las puertas permitiéndome la entrada. Justo al poner un pie en el instituto una oleada de temor caló mis huesos. Algo no iba bien y podía sentirlo, algo no estaba cómo antes.

-Nena, ¿estás bien? -preguntó Alec con voz de preocupación-

-Eh sí, sólo que... No sé, no tengo buenas sensaciones.

-Da algo de mala espina este estúpido lugar sin los estúpidos habituales, pero... -se acercó aún más a mí- ¿investigamos?

Rodé mis ojos y sonreí.

No sabía el por qué pero notaba a Alec tenso y eso no me gustaba nada. No quería ser consciente de ello y lo dejaba pasar pero aún así, yo podía sentirlo que en su fondo, sentía que algo no marchaba como debía.

Me sentía ligeramente observada. Sentía ojos recorrer mi cuerpo y luego esconderse para no ser vistos. Buscaba cautelosa algo que resolviera mis dudas, seguía sin encontrarlo.

-He oído algo -dijo Alec al momento de detenerse- espera aquí.

-No voy a esperar, ¿eres tonto? 

Alec me miró con diversión por lo que acababa de decir y no me quedó más remedio que sonreír conteniendo una risa. Junto a él me sentía segura, impenetrable e implacable. Alec se giró y yo junto a su espalda, seguí sus pasos indecisa, con el miedo resbalando por mi piel, goteando por mi dedos.

En el palpitante e insípido silencio, algo o mejor dicho alguien me cogió por la cintura llevándome lejos de Alec.

Dejé escapar un grito liberando todo el miedo que sentía. Pude escuchar a Alec gritar mi nombre casi al segundo de haber desaparecido de su lado.

Toda mi luz, toda mi fuerza y la valentía que reuní se desprendió de mí y nos detuvimos en el gimnasio del instituto. Caí de bruces contra el suelo, aunque, aturdida y asustada pude alzar mi vista para ver a quién tenía ante mí. Un hombre de ojos verdes, castaño, alto y musculado. El cazador.

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