Me congelé en el segundo uno en el que lo ví, en el que mis ojos café chocaron con sus iris azules.
-¿Qué? -fruncí el ceño- No, ¿qué haces aquí?
-Qué mal mientes -rió-
Arqueé una ceja esperando que contestara a la otra pregunta.
-Vine a buscar trabajo aquí -dijo descuidadamente-
-¿Trabajo? ¿Aquí?
-Sí, de camarero en la cantina o no sé, cualquier cosa.
-Interesante... Aunque no deberías haberte metido en esto.
-Oh -alzó las manos- siento salvarte el culo siempre.
Rodé los ojos con rabia.
-Qué harías sin mí -me guiñó un ojo-
-Estar en la santisima gloria -mentía-
-Repito: qué mal mientes. -dijo acercándose a mí-
-Qué bien molestas -rodé mis ojos y me giré-
-¿Dondé vas?
Me giré.
-¿A clase? -dije con ironía-
-Si todavía no ha sonado el timbre.
En aquel mismo instante el timbré sonó.
-¡Oh vamos! -dijo lanzando un puñetazo al aire con una sonrisa-
Una sonrisa que sinceramente hicieron que mis piernas flaquearan. Le sonreí en modo de despedida y me marché a clase. Durante cada clase estaba perdida en mis pensamientos, pensamientos que pertenecían a Alec. Mirando la mesa dibujando formas irregulares con mi dedo sobre ella, estaba sumergida en un mundo del que no quería salir, un mundo desconocido e inquietante al que daba vida Alec. Mi cuerpo estaba allí pero mi mente estaba con él.
Sonó el timbre de la última clase y suspiré aliviada al salir por la puerta. Desde que me levanté, de hecho, desde que conocí a Alec o incluso algo antes siempre tengo la sensación de voltios vertidos sobre mi cuerpo, caminando hacia arriba y hacia abajo, desde la cabeza a los pies. La electricidad que cada día sentía hoy no iba a ser menos, estaba ya instalada en mí, siempre estaba ahí.
Bajando las escaleras de la puerta del instituto pude ver la misma moto que Alec consiguió ayer, y como no, a él mismo sobre ella. Encontró mis ojos con unas cejas arqueadas de lo más sexys o al menos así lo encontraba yo; me detuve en la penúltima escalera y el sonrío. Me mató.
Alec hizo un gesto con su cabeza indicándome que subiera a la moto. Me reí y después negué con el dedo, manteniendo el contacto visual en todo momento. Alec asintió insistiendo en su idea. No iba a subir aquella moto más veces, no mientras no supiese de quién era.
Rodé mis ojos con una sonrisa y comencé a caminar, Alec obviamente no iba a quedarse allí y me siguió con la moto.
-Vamos sube Rachel. -dijo a mi lado aún en la moto-
-No subiré, no hasta que sepa de dónde la has sacado. -dije sin parar de caminar-
-Eso es lo de menos.
-Para ti.
Alec se bajo de la moto, aparcándola a nuestro lado.
-Venga, voy a llevarte a un sitio, sólo será un momento.
Suspiré.
-Nos veremos esta tarde en las clases.
Alec miró hacia nuestra derecha y su rostro se tensó.
