Tras unas dos semanas sin saber nada de Alec, ni siquiera de mí misma, otro día me aguardaba.
Todos los días tras el instituto corría hacia el baño de mi habitación para mirar el espejo y siempre era lo mismo: nada. Todos y cada uno de los días con un nudo en mi estómago mientras subía las escaleras para llegar hasta mi cuarto para que luego el día perdiera todo el interés.
Perdí la esperanza de que Alec me dejara un mensaje en el espejo a la semana y media de no verle, todo se convirtió en una pesada y homogénea rutina.
Saliendo de mi casa a las ocho de la mañana, sentí el gélido frío de abril romper en mi piel.
Me dirigí hacia la parada del autobús y una vez allí, esperé desganada.
Cuando me sentí refugiada en el calor del autobús, puse música en mi móvil con mis auriculares en mis oídos para desconectar del mundo.
Una vez en el instituto, mis muros se reforzaron y antes de salir del autobús quería darme la vuelta y salir corriendo. Sentía que tanto tiempo sin ver a Alec me hacía más débil o me quitaba las ganas de cualquier cosa.
Los minutos en clase transcurrían con una lentitud que asfixiaba, sobre todo en la última clase antes del segundo descanso: física y química.
Mr. Stephenson no hacía otra cosa más que hablar mientras yo le miraba descaradamente perdida. No entendía ni una de las palabras que decía, mi interés se había esfumado.
El timbre sonó pellizcando mi cuerpo con una pizca de alegría libertina; recogí mis cosas con rapidez y me dispuse a salir casi como un rayo.
-Señorita Anderson -me llamó Mr. Stephenson.
-.Mierda -susurré hacia mí misma y dándole las espaldas- dígame Mr. Stephenson.
-Verá, debo informarle de que tiene la materia suspensa -dijo con cara de disgusto, la cual me dio asco.
-¿Qué? -dije como si un jarro de agua fría me hubiese caído por encima.
-En el examen sacó un 4,75 pero me temo que por su actitud y sus faltas de asistencia no puedo subirle la nota.
Negué con mi cabeza mientras devoraba mi labio inferior.
-Bueno... Muchas gracias por su información.
Mis piernas hicieron ademán de moverse hacia la salida, aunque una voz retorcida las detuvo.
-Si suspende una asignatura no podrá pasar de curso.
-¿No se celebran las recuperaciones de junio?
-Por supuesto -alzó las manos en señal de inocencia.
-Nos veremos Mr. Stephenson.
-Mucho ánimo.
Sin más me giré para salir al pasillo, el cual recorrí maldiciendo a regañadientes. Sinceramente, sólo sentía rabia de ser tan tonta y vaga como para no estudiar lo suficiente, aunque los estudios tampoco eran un pilar en mi vida.
Fui hacia el ventanal del final del pasillo y me acomodé con mi mochila en la pared justo al lado de las maravillosas vistas. Mirando mi móvil, comencé a echar fotos disimuladamente a los árboles que se ceñían unos a otros con sus detalles mientras bailaban con la melodía del viento. Su verdor se paseaba por mis pupilas mientras mi emoción de verlos tan libres oprimía mi pecho. El cielo gris potenciaba sus tonalidades mientras formaba un contraste apagado, era completamente precioso.
La campana me sacó de mi deleite visual para hacerme aterrizar en el mundo real en el que la gente funcionaba como robots clonizados. Entré a la siguiente clase y el tiempo se iba de mis dedos y cuando menos lo esperaba, llegó el momento de regresar a casa.
