Capítulo 27. "Él es un asesino"

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Rachel.

Mis párpados comenzaron a vibrar por la luz que se deslizaba sobre ellos; abriéndose perezosamente, comencé a divisar formas a mi alrededor y la centelleante luz del sol.

Mi cuello giró mareado y mi corazón dio un completo vuelco al ver a Alec tumbado al lado derecho de la cama con unos bóxers cubriendo esa parte del cuerpo únicamente. Mis ojos se abrieron en asombro y me incorporé sentada sobre el colchón, haciendo que éste temblase. Alec pasó una mano por su cara y después miró sus pies con un ceño fruncido para después hincar sus ojos en cada rincón de la habitación para despejarse a sí mismo.

Me levanté de la cama de un bote y el frío inhóspito y seco del invierno azotó mis piernas, al mirarlas, me di cuenta de que no había rastro de los pantalones.

-Mh, que frío -dijo Alec sentándose sobre el colchón.

Miré por última vez mis piernas y dirigí mi vista hacia Alec, allí tendido casi desnudo, Oh dios mío, Alec estaba tendido en mi cama semidesnudo y la aquella simple idea bailando en mi cabeza me hizo volverme completamente loca. Se veía muy, pero que muy bien... Joder, demasiado para ser verdad.

-Explícame ahora mismo por qué estás semidesnudo en mi cama y yo no tengo pantalones -respiré hondo.

Alec puso sus pies sobre el suelo y bostezó poniéndose en pie mientras tocaba su barriga dándole suaves golpecitos con sus preciosas manos.

Mi ceja se inclinó mientras me cruzaba de brazos mirándole.

-¿Qué? -soltó.

-Contéstame.

-Estabas ardiendo anoche, era como si una estufa estuviera a mi lado, bueno, aún más caliente que eso.

Suspiré soltando la incredulidad a través de mis fosas nasales.

-Eso no te da la necesidad de quitarme a mí los pantalones -caminé hacia él acaparando su paso.

-Eh, eh, ¿qué dices? Yo no te quité nada -dijo Alec con una voz ronca por el sueño.

-¿Entonces? -elevé la voz.

-Tu sabrás, oye -dijo justo al acabar el 'sabrás', casi interrumpiéndose a sí mismo- no te pongas ahora a hablarme así recién levantado, ¿vale? -espetó.

-¡Pues dime algo!

-Dios cállate ya, sólo quiero darme una ducha.

-¿Una ducha? ¿Perdona?

-Sí -dijo dirigiéndose al baño.

Estaba muy equivocado si creía que iba a ducharse después de estar borde conmigo y de ni contestarme.

-Oh, no -me interpuse- ¿tienes la cara de decir que vas a ducharte como si esta fuera tu casa?

Alec alzó sus cejas y encogió sus hombros haciendo tan obvio como absurdo un mudo 'sí'.

-Esta es mi casa, así que yo decidiré si te duchas o no. Ahora, respóndeme.

-Si, tu casa -dijo tras una carcajada en un débil susurro.

-¿Qué?

-Nada, sólo que nada en la vida es nuestro, sólo nosotros mismos.

Fruncí el ceño extrañada.

-¿Qué estúpida reflexión es esa a estas horas?

-La que yo quiera, yo que sé -dijo interrumpiéndose- aunque no le falta razón, en el fondo es una cosa que pienso -dijo tocando mi hombro, empujándolo suavemente hacia atrás.

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