Rachel.
Mis párpados comenzaron a vibrar por la luz que se deslizaba sobre ellos; abriéndose perezosamente, comencé a divisar formas a mi alrededor y la centelleante luz del sol.
Mi cuello giró mareado y mi corazón dio un completo vuelco al ver a Alec tumbado al lado derecho de la cama con unos bóxers cubriendo esa parte del cuerpo únicamente. Mis ojos se abrieron en asombro y me incorporé sentada sobre el colchón, haciendo que éste temblase. Alec pasó una mano por su cara y después miró sus pies con un ceño fruncido para después hincar sus ojos en cada rincón de la habitación para despejarse a sí mismo.
Me levanté de la cama de un bote y el frío inhóspito y seco del invierno azotó mis piernas, al mirarlas, me di cuenta de que no había rastro de los pantalones.
-Mh, que frío -dijo Alec sentándose sobre el colchón.
Miré por última vez mis piernas y dirigí mi vista hacia Alec, allí tendido casi desnudo, Oh dios mío, Alec estaba tendido en mi cama semidesnudo y la aquella simple idea bailando en mi cabeza me hizo volverme completamente loca. Se veía muy, pero que muy bien... Joder, demasiado para ser verdad.
-Explícame ahora mismo por qué estás semidesnudo en mi cama y yo no tengo pantalones -respiré hondo.
Alec puso sus pies sobre el suelo y bostezó poniéndose en pie mientras tocaba su barriga dándole suaves golpecitos con sus preciosas manos.
Mi ceja se inclinó mientras me cruzaba de brazos mirándole.
-¿Qué? -soltó.
-Contéstame.
-Estabas ardiendo anoche, era como si una estufa estuviera a mi lado, bueno, aún más caliente que eso.
Suspiré soltando la incredulidad a través de mis fosas nasales.
-Eso no te da la necesidad de quitarme a mí los pantalones -caminé hacia él acaparando su paso.
-Eh, eh, ¿qué dices? Yo no te quité nada -dijo Alec con una voz ronca por el sueño.
-¿Entonces? -elevé la voz.
-Tu sabrás, oye -dijo justo al acabar el 'sabrás', casi interrumpiéndose a sí mismo- no te pongas ahora a hablarme así recién levantado, ¿vale? -espetó.
-¡Pues dime algo!
-Dios cállate ya, sólo quiero darme una ducha.
-¿Una ducha? ¿Perdona?
-Sí -dijo dirigiéndose al baño.
Estaba muy equivocado si creía que iba a ducharse después de estar borde conmigo y de ni contestarme.
-Oh, no -me interpuse- ¿tienes la cara de decir que vas a ducharte como si esta fuera tu casa?
Alec alzó sus cejas y encogió sus hombros haciendo tan obvio como absurdo un mudo 'sí'.
-Esta es mi casa, así que yo decidiré si te duchas o no. Ahora, respóndeme.
-Si, tu casa -dijo tras una carcajada en un débil susurro.
-¿Qué?
-Nada, sólo que nada en la vida es nuestro, sólo nosotros mismos.
Fruncí el ceño extrañada.
-¿Qué estúpida reflexión es esa a estas horas?
-La que yo quiera, yo que sé -dijo interrumpiéndose- aunque no le falta razón, en el fondo es una cosa que pienso -dijo tocando mi hombro, empujándolo suavemente hacia atrás.
