Maxwell Bearsley
Era mediados de noviembre, yo estaba lleno de trabajo, las aventuras de Dylan ya me había costado cuatro tratos millonarios, su última aparición en la televisión me había costado más de doscientos millones de dólares, el simple hecho de ver a mi hijo aparecer en las noticas siendo sacado de un edificio en una camilla con una mascarilla de oxígeno, puesta y con la mano llena de sangre, mientras lo subían a una ambulancia, fue el colmo de este año, que más daño podía causar este niño, no lo entendía, que le costaba comportarse un poco, se lo había pedido por favor y el solo me había respondido diciendo un montón de tonterías sobre cuando era niño.
Por suerte había convencido a Michael Jennings el vicepresidente de la empresa con quien quería cerrar el trato de que me diera otra oportunidad, estaba en un avión cruzando el atlántico con rumbo a Estados Unidos, personalmente no me gustaba mucho, pero esta compañía me importaba demasiado, quería cerrar el trato de bienes raíces en la gran manzana, ahí me reuniría con su jefa, la presidenta de este nuevo pero importante conglomerado, sabía que era una mujer poderosa que había nacido en Europa y que desde muy joven se había ido a nueva York donde había fundado su propia empresa y ahora casi veinte años después era una de las más grandes de la costa este de ese país.
Decían que era realmente hermosa, pero fría y despiadada en los negocios, no estaba casada ni tenía hijos, para ella solo importaba una cosa, su compañía, estaba dispuesto a negociar, por eso había accedido a ser yo el que viajara hasta ahí, además también me había invitado para la cena de acción de gracias en su casa, así que pensaba impresionarla con mis habilidades culinarias.
Debía agradecer a mi niñera Evelyn, ella me había enseñado a cocinar, a limpiar la platería y la cristalería como se debía, pero básicamente mis mejores habilidades las tenía en la estufa, solo había cocinado pocas veces desde que me case pero bien dicen que lo bien aprendido jamás se olvidaba. Antes solía cocinar bastante, para mi ex prometida, pero eso ya hacia demasiados años.
Cerré la lap top, bebí el último trago de mi whisky y me recosté en el asiento, presione un botón y se hizo una pequeña cama, inmediatamente la sobrecargo me llevo una almohada y una manta, las acepte, y trate de dormir, pero el hecho de haber recordó a mi ex prometida, había movidos muchos recuerdos, me sentía cansado y si estuviera en Londres sería bastante tarde, quizá las dos o tres de la mañana, pero en el avión era difícil calcular la hora.
¿En qué momento deje de cocinar?, yo amaba cocinar, había aprendido a cocinar diferentes tipos de papas, sabía hacer pan, pasta, carnes, pollo, pescados, complicados postres, incluso hasta alta repostería, sabia como hornear una cena navideña completa, había aprendido cuando pase la primera navidad con ella, trataba de impresionarla, y vaya que funciono, porque después de año nuevo acepto ser mi esposa, mis padres estaban tan emocionados y encantados con mi compromiso, yo estaba demasiado enamorado de ella, era mi todo, mi vida, ella era el motivo porque me levantaba por las mañanas, y los días en que ella se quedaba en mi casa era lo mejor, porque podía verla cuando despertaba.
Siempre pensé que así sería el resto de mi vida, irme a la cama con ella, besarla y decirle cuanto la amaba, verla antes de cerrar mis ojos, para volver a verla en mis sueños, y cuando despertara verla ahí junto a mí, admirar esos hermosos ojos azules mirándome, ver esa sonrisa que me fascinaba, besar sus suaves y tersos labios rosados, habría dado todo lo que tengo por seguir a su lado, por formar una familia con ella, tener niños que se parecieran a ella, con hermosos ojos azules y mejillas rosadas, quizá una niña que tuviera sus risos dorados y de fuerte carácter como el mío, que no se dejara de nadie, o quizá un niño que se pareciera a mí pero que su esencia fuera como la de ella, amable, cariñoso, dulce, un romántico, una persona generosa como mis padres, con una enorme sonrisa que alegrara los días de ambos, pero eso jamás sería posible, yo llevaba años atrapado en mi matrimonio con Jessica, teníamos tres hijos, una linda niña con risos rubios, pero ella era muy parecida a su madre, luego estaba Max, mi hijo adorado, mi orgullo, era decidido y siempre estaba ahí para enorgullecerme, tenía un carácter fuerte, era calculador y muy inteligente, pero era frio y serio como su madre, y luego estaba Dylan, mi dolor de cabeza, él era el más parecido a mí, en todos los aspectos, siempre reía, siempre estaba jugando, era muy travieso, no le importaba la vida, era como yo, cuando tenía su edad, Evelyn siempre me insistía en que me acercara a él, que dejara de torturarlo, que le diera una oportunidad al niño, que me sorprendería de lo que vería, pero no podía, él y solo él, era el culpable de que yo estuviera aun atado a Jessica, de que me hubiera quedado, que no hubiera podido estar con el amor de mi vida.
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Oscura Obsesión
RandomDylan Bearsley heredero de la fortuna de su familia tiene que vivir con sus adicciones, escándalos, arrestos, la nueva definición de su sexualidad, y a un pasado lleno de maltrato por su padre para poder sobrevivir mas allá de los dieciocho y poder...
