2. Zara Evans

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La Directora Chalamet señaló las sillas delante suyo. Me senté en una de ellas y me esforcé por no mirar a la chica de la ventana. Era increíble el esfuerzo que tenía que hacer, es como si una fuerza magnética intentara atraer mi mirada hacia ella. Me pregunto qué hace allí parada y qué hay afuera que le llama tanto la atención.

Centre la atención en la Directora. Llevaba un vestido anticuado pero elegante color blanco y una capa a juego con un escudo dorado que tenía una varita bordada en él. Debía tener unos setenta años, pero su cabello canoso se encontraba cortado a la altura de la barbilla y su flequillo apenas rozaba sus cejas. Estaba maquillada muy naturalmente y sus ojos emanaban cierta sabiduría.

-Estás aquí porque tienes sangre mágica- contestó con paciencia. Consideré mi pregunta, claro que no era nada original, probablemente cada chica que era traída a su despacho por primera vez hacía la misma pregunta. Algo avergonzada, decidí reformarla.

-¿Cómo saben que tengo sangre mágica? Nunca he manifestado tener poderes y mis padres...

-Ellos eran dos magos muy poderosos- me interrumpió la mujer. Un rayo de esperanza me inundó.

-¿Los conocías? ¿A mis padres?- pregunté

-Claro que los conocía, todos nosotros los conocíamos. Eran muy famosos pero, yo si fuera tu no indagaría mucho más.

-¿Porqué? - me lamenté-¿Por qué todos los que conozco parecen saber algo sobre ellos pero nadie quiere contarme?

-Hay cosas que es mejor no saber- contestó la Directora y entonces supe que no iba a lograr sacarle más información. Suspiré frustrada- te pido que no intentes averiguar nada más sobre ellos.

De pronto la chica que se encontraba en la ventana se desvaneció en el aire.

- ¿Qué le pasa?- pregunté mirando en dirección al lugar en el que había estado parada hace unos segundos. La Directora Chalamet sonrió con pena.

-Zara Evans conoció a tus padres. Ellos fueron sus mentores, le enseñaron todo lo que sabe. Intenta no mencionarlos delante suyo.

¿Mencionar a mis propios padres frente a otra chica? ¿Porqué iba a extrañarlos más que yo? Eran mis padres no los de ella.

-¿Sus mentores?- nunca había hecho tantas preguntas en toda mi vida- No lo entiendo, ¿Qué edad tiene?

-Diecinueve.

-No es posible, yo también tengo diecinueve. Mis padres murieron cuando era bebé.

La Directora palideció y aquello no podía ser una buena señal. Nunca había sentido una necesidad tan grande de obtener respuestas pero ver la cara de horror de la anciana me obligaba a guardar silencio.

Con un suave movimiento de manos, un papel y una lapicera se trasladaron hacia su escritorio y la lapicera comenzó a escribir por sí misma.

Intenté leer la carta de cabeza pero era complicado descifrar las palabras puesto que la cursiva con la cual escribía era demasiado retorcida.

Al terminar esa carta otro papel apareció y otra nota empezó a escribirse. Observé como la primera carta se trasladaba por el aire hacia la puerta y pasaba por el hueco de abajo. Cuando la segunda carta estuvo escrita, se repitió el mismo proceso.

-Lo lamento querida, tenía que enviar unos mensajes- dijo la directora tan repentinamente que di un salto en el asiento. Durante los últimos minutos lo único que había oído había sido el sonido de la lapicera rasgando contra el papel, el cual me había dejado algo adormecida por lo agradable que era.

-Por ahora dormirás en la habitación de la señorita Evans- me dijo la directora- te quedarás allí hasta que descubramos tu casa, entonces dormirás con tus nuevas compañeras.

-Quiero ver a mi abuela de nuevo, quiero que la despierten- la interrumpí.

-Me temo que eso sería un error querida- me dijo la Directora- y no te preocupes, tu abuela está perfectamente bien y en un tiempo podrás visitarla.

-¿Cuánto tiempo? - pregunté pero no me contestó.

De pronto Zara volvía a estar en la habitación. La joven inclinó la cabeza con educación en dirección a la Directora, me tomó del brazo y nos desvanecimos.

Cuando volvimos a aparecer, nos encontramos en un dormitorio que debía ser del tamaño de mi casa .

Un objeto que reconocía pasó volando frente a mi y fue a parar a un cesto de basura: una de las cartas que había escrito la directora, ¿Qué le habrá dicho? Pensaba averiguarlo esa misma noche cuando Zara estuviera dormida.

En cuanto aparecimos en la habitación Zara se separó de mi y comenzó a ordenar el lugar con su magia. Remeras, pantalones, papeles, libros y otros objetos diarios volaron de un lado al otro acomodándose en su lugar.

Observé todo con asombro, era increíble con la rapidez que todo había vuelto a su sitio. De pronto la idea de tener poderes sonaba muchísimo más interesante.

-Dormirás aquí- comentó Zara de pronto y una cama apareció al lado de la suya. A diferencia de la de Zara, mi nueva cama era de una sola plaza pero se veía igual de mullida y cómoda.

-Gracias- contesté- ¿Puedo preguntarte algo?

Zara suspiró.

-Me imagino que tienes muchas preguntas, pero estoy ocupada, tengo una Casa que dirigir. Por la noche hablaremos. Ahora descansa, me imagino que debes estar agotada luego de correr durante toda la tarde y parte de la noche.

Quedé boquiabierta, estaba por volver a hablar cuando Zara volvió a desvanecerse y entonces solté un grito de frustración.

Sin nada que hacer, me eché en la cama dispuesta a dormir algo pero entonces noté que ni siquiera tenía ropa para dormir así que me quité todo lo que tenía puesto excepto la camisa y la tanga y dejé el resto del uniforme estirado a los pies de la cama.

Me metí en las sábanas e intenté conciliar el sueño pero, ¿Quién podría luego de todo lo que había sucedido?

Pink WitchDonde viven las historias. Descúbrelo ahora