22. Tregua

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Luego de esa clase tuve dos horas de Historia de la magia de las cuales durante una hora y media Li durmió sobre mi regazo. Según me explicó, había hecho una poción que la hacía invisible a los ojos de la profesora y se la había echado en el café esa mañana. Compartimos esa clase con las Vudú y ellas parecían igual de emocionadas que Li por escuchar esa clase.

Luego de Historia de la Magia tuvimos dos horas de Lectura de Almas. Aquella clase era solo de Brujas. Allí comprendí que en esa clase se aprendía a hacer lo que Li hizo conmigo el día que nos conocimos y que, según Mara, hizo que Li se enamorara de mí. Casi al final de la clase logré leer el alma de Li y los resultados fueron algo inquietantes: ambiciosa, terrenal, celosa, manipuladora, poderosa.

La observé, ella también estaba leyendo mi alma. Sus ojos brillaban con emoción.

-¿Ya te había dicho que eres perfecta?- me dijo. Sonreí a medias.

-¿Qué ves en mi alma?- le pregunté. Li, en vez de contestar, hizo que mi pupitre se acercara más al suyo y comenzó a acariciar mis piernas. Algunas Brujas nos miraron con curiosidad. Intenté apartar a Li, incómoda , mi novia no era muy sigilosa que digamos, pero ella me tomó de la barbilla y me besó.

-No les hagas caso- me dijo- te miran porque eres demasiado bonita y están celosas de ti.

No estaba segura de que ese fuese el motivo pero no dije nada, la verdad era que me gustaban sus caricias y estaba esforzándome en olvidar lo que había leído en su alma.

Luego del almuerzo llegó la hora de mi castigo. Tomé a Li de la mano y nos teletransportamos hasta la puerta del aula de Control de la Magia. Cuando entramos, Zara ya estaba allí. Se encontraba haciendo flotar varios libros en el aire en forma de escalera y saltando de uno al otro.

Me aclaré la garganta y los libros cayeron en seco al suelo, Zara comenzó a caer en picada pero se teletransportó al suelo.

-¿Qué hace Chan aquí?- dijo dirigiendo su mirada hacia Li.

-Viene a ayudarme- le dije.

-Es tú castigo, no el de Chan. Debes irte- le ordenó a mi novia. Li, como toda respuesta se levantó la camisa y le mostró los pechos a Zara, no llevaba puesto un corpiño.

-No se debe hacer eso, ¿Verdad?- inquirió Li- Ahora yo también estoy castigada.

-No es nada que no haya visto antes- contestó Zara y sentí el color subiendo a mis mejillas. Estaba confirmado, entonces- Vete.

Li se cruzó de brazos.

-No.

-Bien- declaró Zara- estás castigada- Li sonrió- ve a limpiar los establos.

La sonrisa de Li se borró.

-¿Qué? ¡No puedes hacer eso!- gritó.

-Claro que puedo- contestó Zara- Lo termino de hacer. Ahora ve, que si no terminas para el atardecer te será muy difícil limpiar a oscuras.

Li la miró con sumo desprecio y caminó hasta mí, pegó sus caderas a las mías y me besó con lengua por al menos diez segundos. Cuando nos separamos, tuve que ventilarme el rostro para disimular mis mejillas sonrojadas.

-Primero yo, luego Beth- le dijo con voz burlona mientras se iba- continuas perdiendo a todas las personas que amas.

Las personas que amas.

-No sé de qué está hablando- contesté- si somos hermanas y está claro que tampoco me amas como una hermana- agregué.

Zara chasqueó los dedos y todos los muebles desaparecieron. Observé la habitación vacía con incredibilidad.

-¿Qué haces?- le pregunté- ¿Y mi castigo?

-Era la única forma de que vinieras- contestó Zara- en realidad necesito que hagas otra cosa.

Estaba dispuesta a teletransportarme, pero Zara apareció a mi lado y me sujetó del brazo.

-Haz desarrollado dos Dones en muy poco tiempo. Necesitas entrenarlos y conocerlos. Es muy peligroso para una persona mágica tener tanto poder junto y no saber controlarlo.

-Y supongo que estás aquí para entrenarme, porque lo sabes todo- comenté con sarcasmo.

-Te entrenaré como me entrenaron Mam...El señor y la señora Lester. Creo que te debo al menos eso.

Reí, indignada.

-¿Porqué no vamos a buscarlos, ya que están desaparecidos?- le pregunté- así podrán entrenarme por su cuenta.

-Elizabeth, no es tan fácil...

-¿Así que ya no soy la Señorita Lester?- le increpé.

-No puedo tratarte como una amiga delante de todos, eso podía tomarse como favoritismo.

-No somos amigas- le recordé- No tienes amigos.

Zara no contestó.

-¿Porqué eres así? - me preguntó luego de una pausa. Su pregunta me desencajó.

-¿Así como?- contesté, a la defensiva.

-Tan impredecible. Eres como un huracán, Elizabeth, no logro entenderte.

-No me entiendes porque no me conoces, porque crecimos separadas, porque crecí rodeada de mentiras y de preguntad evadidas. Porque crecí preguntando sabiendo que nunca iba a obtener las respuestas. Por eso no me entiendes y nunca lo harás.

-Elizabeth, me gustaría decirte tantas cosas- Zara lucia realmente frustrada y aquel era el único motivo por el cual todavía no me había ido- pero las cosas no son como crees, es mejor que permanezcas así. Prefiero que me odies...

-No te odio- dije sin pensar. Me mordí el labio, era algo que pensaba pero no quería que ella supiera. Suspiré, ya era tarde- No podría odiarte.

Zara me miró sorprendida.

-¿En serio?- preguntó. Asentí.

-Pero eso no significa que quiera estar contigo. Sigues ocultándome cosas.

Zara asintió.

-Es lo mejor, aunque no lo entiendas- dijo- ¿Podrías olvidarte de tu enojo por un rato y entrenar conmigo?- me preguntó. Lo pensé un momento, ¿Quién mejor para entrenarme que la Bruja Blanca? Definitivamente no podía entrenar con Li. Terminaríamos en la cama a los cinco minutos.

-Bien- accedí- enséñame.

Pink WitchDonde viven las historias. Descúbrelo ahora