13. El chico del bosque

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Lo primero que sentí al despertar fue un par de labios contra mi cuello. Sonreí.

-Li- susurré. Ella rió.

-Soy, ¿Te he despertado?- me dijo burlonamente y se puso a horcajadas sobre mí. Abrí los ojos y ella se abalanzó sobre mi boca. Mientras nos besábamos, sus manos me acariciaban el rostro y el cuello y su cuerpo se movía contra el mío formando una danza que hacía que ambas produjéramos ruidos muy intensos considerando que era temprano en la mañana.

-Eres hermosa- susurró Li contra mi boca y llevé mis manos hacia su espalda, por debajo de la camiseta. Me senté y ella quedó sentada entre mis piernas, sus muslos rodeando mi cintura. Continuamos besándonos y acariciandonos por un largo rato hasta que alguien tocó la puerta. Li se quejó en voz alta.

-Tengo que ocuparme de mi casa- me dijo. Bufé, primero Zara, ahora ella. Tal vez debería juntarme con gente menos importante. Li rió y volvió a besarme, pegando su cuerpo al mío. Cuando nos separamos ella se levantó y su uniforme comenzó a emerger de los distintos muebles de la habitación.

-Debería irme- le dije. Li se acercó corriendo una última vez mientras las prendas se metían en el cuarto de baño, se trepó por la cama hasta mi y me encajó un último beso en la boca antes de meterse en el baño.

Me levanté y me estiré. Mientras tomaba mi ropa de la silla del tocador, decidí dejarme puesta la camiseta de Li. Si mi plan funcionaba, no tendría que cambiarme.

Mi estómago rugió. Esperaba que Zara me hubiera preparado desayuno.

Cerré los ojos y me concentré. No necesite mucho esfuerzo, en un segundo me encontraba del lado de afuera de la habitación de Zara. Solté un gritito de emoción, era como si éste se hubiera desbloqueado y ahora pudiera utilizarlo con naturalidad.

Miré una esquina del pasillo y en un segundo estaba allí. Increíble, ahora entendía porqué Zara no caminaba a ningún lado. El simple hecho de teletransportarse provocaba una adrenalina increíble.

Abrí la puerta del dormitorio con sigilo. Zara se encontraba adentro del baño dándose una ducha. Suspiré y la cerré detrás mío.

Busqué la funda del vestido y lo guardé en ella para luego dejarlo en la esquina del armario que Zara había apartado para mis cosas, que en realidad consistían en el uniforme, el vestido y ahora la remera de Li. No pensaba devolverla hasta tener mi propio pijama.

Me acerqué a la puerta del baño y me dirigí a Zara, esperando que pudiera oírme entre el ruido del agua.

-Oye, ¿Zara?- la llamé.

-Buenos días- se escuchó desde adentro.

-Quería saber si tienes ropa para correr que puedas prestarme- le pregunté.

-Busca en el tercer cajón de la cómoda - me indicó. Revisé el cajón y no tardé en encontrar Un equipo deportivo Adidas blanco con rayas doradas. La varita de las Hechiceras brillaba al lado del logo. No podía creer que hicieran ropa para gente mágica. Una vez vestida me sujeté el pelo en una cola de caballo y me arremangué el pantalón y las mangas ya que me quedaba algo grande.

-Te recomiendo ir a los jardines traseros, cerca del bosque- me dijo Zara. Su voz se oía más clara ya que el agua de la ducha se había detenido- Así no te verán con la ropa de Hechicera. Y de Bruja Blanca. Pensé.

Me hubiera gustado darme una ducha pero no tenía ganas de que Zara me encontrara con la camiseta de Li. No había manera de comprobar que era de ella (bueno, si la había) pero Zara poseía el Don de Vidente y no quería correr el riesgo. Una vez vestida tomé los zapatos y busqué un lugar en el zapatero donde estuvieran los demás de ese estilo. No había ninguno. No me sorprendía, después de todo mi compañera de habitación había usado un smoking para el baile pero, ¿Por qué tenía esos? No eran ni cercanos al estilo de su vestimenta.

Los dejé en una esquina y me acosté sobre mi cama, decepcionada de no ver una bandeja de desayuno sobre la mesita.

Zara salió, ya vestida con el uniforme y el cabello seco.

-¿Tienes hambre?- preguntó- todavía no desayuné.

Me mordí el labio, agradecida y me levante de la cama. Desayunamos juntas en la mesita y conversamos sobre los mejores y peores temas que pasaron la noche anterior. Ambas coincidíamos en que el mejor tema había sido Another one Bites the Dust y el peor, según ella había sido uno Katy Perry que ni siquiera había escuchado. Bueno, tal vez lo habían puesto en el momento que fui al baño con Li...me sonrojé al recordarlo.

-¿Qué pasa?- me preguntó Zara inspeccionándome. Vaya, soy un libro abierto.

-Nada- contesté- ¿Qué harás hoy? - Le pregunté.

-Tengo una reunión con la Embajada- contestó, para mi sorpresa- Ya sabes, asuntos de Bruja Blanca- dijo. Asentí, decepcionada.

-¿Y cuando irás?- pregunté con la esperanza de pasar al menos una parte de la mañana con ella.

-Ahora mismo, pero puedo alcanzarte al otro lado del jardín- me dijo levantándose y ofreciéndome su mano.

-No, gracias...- comencé a decir pensando en que podía teletransportarme yo sola. Entonces recordé que Zara no debía saberlo o me haría ir a vivir con las Videntes- perdón, si, claro- me corregí y le tomé la mano.

En un instante nos encontrábamos en un sector muy remoto al Insituto. Un bosque muy bonito se extendía a lo largo del terreno y casi en el fondo pude distinguir la piedra de otro edificio.

-Es el Instituto Merlin- me explicó Zara. La Bruja Blanca sacudió su mano en forma de despedida- Tengo que irme, nos vemos- dijo y desapareció.

Suspiré con una tranquilidad que se sentía casi desconocida. Creo que era mi primer momento completamente a solas desde que había llegado al Instituto y casi había olvidado cuánto disfrutaba de una carrera matutina.

Me ajusté los cordones de las zapatillas y decidí correr por el bosque, tal y como lo hacía en casa.

Intenté no pensar en nada. Ni en Zara, ni Li, ni mi abuela, ni mis padres. Simplemente me relajé y disfruté de la naturaleza. Era una mañana muy bella.

Luego de una hora me senté en un tronco caído. Con el apuro, había olvidado traer una botella de agua.

-Hola- dijo una voz detrás mío. Del susto, me teletransporté detrás del árbol más cercano. Ahora podía ver al muchacho cara a cara.

Era un joven de mi edad. Afroamericano, con el pelo casi rapado. Llevaba un equipo deportivo Adidas idéntico al mío, solo que en vez de ser doradas, sus rayas eran negras.

-Soy Bruce Jordan. No quiero ser grosero pero, ¿Eres una Bruja Blanca? Creía que había una sola en Salem- me preguntó mirando mi ropa. Negué.

-Son prestadas- dije lamiendo mis labios. Sentía la boca seca por falta de hidratación. El pareció notar mi fatiga. Sacó una varita color plateado.

-Agua- dijo. Una botella de agua apareció en su mano de repente y me la alcanzó.

-Gracias- le dije aceptándola- Soy Elizabeth Lester- me presenté. De pronto la expresión del muchacho se volvió sombría, como si hubiera visto a un muerto.

-¿Lester?- repitió. Asentí, confundida- ¿Hija de Francisco y Amanda Lester?

-Si- insistió- ¿Qué sucede?

Bruce Jordan tragó con nerviosismo y echó un vistazo a nuestro alrededor antes de responder. Cuando lo hizo, su voz sonó muy bajo, casi imperceptible:

-Creíamos que estabas muerta.

Pink WitchDonde viven las historias. Descúbrelo ahora