Desperté con el peso de alguien más sobre mi. Abrí los ojos y me encontraba en la habitación de Zara, como en los viejos tiempos.
Entonces recordé lo que había hecho y miré a quien tenía encima. Zara se encontraba profundamente dormida, acurrucada entre mis brazos. Dormía con tanta paz que no podía creer que era la misma persona que se había transformado en el mismísimo demonio el día que Li me envenenó accidentalmente.
El sol alumbraba su cabello, que ahora brillaba del color del dulce de leche. Me mordí el labio y con cuidado deslice mi mano por su cabello. Era increíblemente suave. Lo aparté de su rostro y sin evitarlo mi mano se dirigió a su pómulo izquierdo. Lo recorrí con mi dedo, era increíblemente suave. Me detuve al llegar a sus labios. Tenía la boca entreabierta y respiraba con tranquilidad. Reparé en su rostro, en la calma de su entrecejo, en el largo de sus pestañas, en sus pequeñas orejas, en su suave mandíbula. Todo en ella parecía tan delicado y sereno...como si hubieran puesto su personalidad en el cuerpo equivocado.
Sus manos se encontraban rodeando mi brazo y su cabeza descansaba entre mis pechos. Sus piernas, entrelazadas con las mías, no tenían ninguna intención de dejarme ir.
La rodeé con mis brazos delicadamente, rogando que no despertara, ¿Qué iba a hacer? No quería ver su cara cuando despertara, no podría soportarlo.
Decidí tomar el camino de los cobardes. Le di un delicado beso en la cabeza y la observé por última vez antes de desaparecer.
Aparecí en la casa de mi abuela. Todo seguía igual, aunque un poco lleno de polvo y con olor a humedad.
Abrí las ventanas para ventilar la casa, no podía creer que mi abuela había estado en aquel estado. Me sentí culpable, con tantas cosas pasando había olvidado venir a verla. Decidí pasar el rato limpiando la casa para distraerme de lo que eventualmente iba a suceder.
Tarde al menos cuatro horas en limpiar toda la casa. No era muy grande pero tenía muchos objetos así que me llevó un tiempo. Estaba haciéndome un té cuando una idea tan obvia apareció en mi cabeza que no podía creer que no lo había pensado antes.
Podía hacer una poción para despertar a mi abuela.
Tal y como me sucedió con mis otros poderes, los ingredientes surgieron en mi cabeza como si los hubiera estudiado. Para mí fortuna, podía encontrarlos en el bosque.
Corrí a mi armario y rebusqué entre mi vieja ropa. Un gran olor a humedad me invadió.
Hice que la ropa se lavara sola y salí por la puerta de entrada con una mochila vacía y una botella de agua.
Camine durante tres horas hasta que conseguí todo lo que necesitaba y para cuando volví, estaba exhausta y muerta de hambre. Revolví la alacena en busca de algo que pudiera comer. Encontré una lata de arvejas y una sopa instantánea. Me cociné, comí y proseguí mi tarea de preparar la poción. Usé la cacerola más grande que mi abuela tenía y vertí los ingredientes. Sabía que tendría que esperar al menos una hora más hasta que estuviera lista y media hora por lo menos para que se enfriara así que me senté al lado de mi abuela a esperar.
Nada en ella había cambiado, era como si su cuerpo hubiera quedado congelado en el tiempo.
Pasaron unos minutos cuando oí un golpeteo en la puerta de entrada. Miré a mi alrededor e invoqué un cuchillo de cocina. Éste voló hasta mi mano con rapidez.
-¿Quién es?- pregunté. Nadie contestó. De pronto el cuchillo voló fuera de mi mano y se estrelló contra la pared. No pude siquiera moverme, de pronto tenía a alguien encima.
Zara comenzó a pegarme con tanta fuerza que solo pude defenderme. Sus ojos brillaban, blancos y aquella aura poderosa que había sentido tres meses atrás volvió a invadirme, solo que era mil veces peor.
Zara y yo rodamos por el suelo. Ella me golpeó en la nariz y pude sentir como la sangre comenzaba a fluir por ella. Mis ojos se pusieron llorosos pero no le devolví el golpe. Me lo merecía, merecía toda su ira.
Me tomó del cuello y comenzó a abofetearme, mi rostro iba y venía de un lado al otro. Cuando vió que no me defendía me dió un puñetazo en la boca. Pude sentir el sabor metálico de la sangre invadiendo mi boca, me había partido el labio.
-Lo siento- susurré entre el dolor.
-¿Lo siento?- gritó Zara sumida en la cólera y volvió a golpearme en el ojo izquierdo, para luego pegarme un puñetazo en el estómago. Me encogí en una bola en el suelo y me cubrí la cabeza con las manos. El dolor cubría cada centímetro de mi cuerpo, nunca me había sentido peor en mi vida, sin mencionar el aura de Zara aplastándome contra el suelo. Pude ver cómo brillaba en rojo, el blanco de sus ojos había desaparecido.
No me moví, simplemente temblaba. No me atrevía a mirarla a los ojos.
-Eres un monstruo- me dijo con voz temblorosa- eres la única persona que he dejado entrar en mi vida a parte de tus padres y Li. Ellos me fallaron y por algún motivo creía que no lo harías, pero estaba equivocada.
-Lo siento- repetí y me encogí para recibir otro golpe que nunca llegó. Pude oír los pasos de Zara por la madera, alejándose. Tomé el valor y observé en su dirección. No parecía dispuesta a seguir golpeándome pero su aura seguía completamente roja.
-No quiero volver a verte- me dijo, de espaldas y su voz volvía a sonar vacía de nuevo, como cuando nos conocimos. Sentí como si tragara una piedra y me paré con esfuerzo.
-Zara, tienes que entenderme- le rogué, había comenzado a llorar. La sangre y las lágrimas se mezclaban en mi rostro creando una combinación asquerosa- estaba desesperada, no querías ayudarme.
Zara se teletransportó a mi lado, su rostro quedó a centímetros del mío.
-¡Te hubiera ayudado!- me gritó. Sus ojos también se habían puesto llorosos- ¡Necesitaba tiempo para confiar en ti!
Sus palabras me hicieron sentir incluso peor. Zara estaba dispuesta a ayudarme.
-Si tan solo me lo hubieras dicho...
-¿Cuándo?- me preguntó- ¿Mientras entrenábamos sin parar o mientras cogías con mi ex novia?
Sus palabras me descolocaron.
-Eso no tiene relación...nosotras...
-Ustedes son la prueba de que nada de lo que te diga sirve- me interrumpió Zara. Su mirada era dura, podía ver el dolor reflejado en sus ojos- te dije que ella no era de fiar, te lo advertí montones de veces, ¿Me creíste? Por supuesto que no. Te dejé en claro que me dolía hablar de tus padres, ¿Qué hiciste? Me manipulaste y me mentiste, te metiste en mi y me obligaste a decir cosas que ni yo creía que pensaba. Me arruinaste.
-Zara, no digas eso- le rogué intentando tomarla de la mano, ella se apartó.
-No quiero que me toques- me dijo fríamente- No quiero que te acerques a mi. Ni siquiera quiero que pienses en mí.
Y con esas palabras desapareció.
Me dejé caer en el suelo, desolada y adolorida. No sabía que me dolía más, si el cuerpo o el alma.
El fuego se apagó. La poción estaba lista.
Me levanté, temblorosa y me dirigí hacia la cocina.
Tendría que darle a mi abuela muchas explicaciones.
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Pink Witch
ActionUn misterio de su pasado atormenta a Elizabeth constantemente. Un misterio sobre sus padres. Durante toda su vida, Elizabeth nunca encajó. Para ella, siempre había algo que faltaba, que necesitaba. Es por ello que cuando dos chicas aparecen en su ca...
