Capitulo 17

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—¿Eso es lo que llevaras?— Simón se apoyó en el respaldo del sofá. Llevaba unos vaqueros, un hoodie y lo más importante, sus botas.

Sí, esto es lo que llevaré puesto—dije—  ¿Por qué?

—No hay ninguna razón.

Como me encantaría leer mentes específica la de Simón. Aunque dudo que me guste lo que encontraré allí.

—¿Que está mal?
Señaló mi blusa de rayas blancas y azul índigo, pantalones negros y mis botas.

—Nada, es bonito

—Me gusta esta opción.

—Claro, es bella, pero pensé que irías más formal.

—Solamente iremos a comer al centro, no es nada del otro mundo— me enderece, que se joda, ya estaba lista, todo era una bonita elección.

Vamos— sacudió las llaves del auto.

¿Qué? ¿Por qué?

—¿A donde?

—A jugar bingo con los abuelitos, Lena por favor, le dije a Papo que te llevaba.

—¿Por que lo hiciste?

—Porque me dirijo en esa dirección.

—¿Iras a jugar Bingo con los abuelitos?

—No seas tonta— tomó mi abrigo negro manteniendo abierto para que me lo coloque —Gracias— este hombre me aturdia la mente, un día me insultaba y me gritaba y otro día tenía este tipo de comportamientos.

—Iré a la casa de Isaza, quedamos en jugar Mario.

—Genial, tendrás algo se compañía.

Nos dirigimos fuera de la casa.
Manejó todo el camino en silencio, caía una ligera llovizna. En vez de detenerse frente al restaurante lo llevo al parqueadero del restaurante.

—¿No me ibas a dejar?

—Quiero saludar a papo, lo extraño— y desde este momento algo me dijo que esta noche sería un fracaso.

Mi cara fue de total confusión, eso de que lo extrañaba era más que todo una mentira.

El restaurante es peculiar, es basado en los ochenta, lo cual me agradaba, por alguna extraña razón me encantaba esa época.

Juan Pablo se encontraba en una esquina, y cuando noto nuestra presencia se puso de pie.

—Hey Simón, te unes a nosotros.— Juan Pablo me sonrió —Te ves espectacular Lena.

Se agachó obviamente con la intención de besar mi mejilla, me puse en puntillas, debía ser útil y también  porque el hombre era muy alto.

—Es bueno verte por aquí Simón.— la sonrisa de Villa creció más.

—El sólo pasaba a saludar, ya se va— no me encontraba feliz.

—No, tengo tiempo para tomar una Coca cola.
Le di a Simón una mirada mientras se sentaba, estaba enojada.

Pedimos el menú y ordenamos nuestra comida.

—Deberias irte.

—Simón tiene miedo de que no me comporte contigo— dijo Villa, mientras miraba algo en su celular.

Simón tan gentil, le dio un golpe en la parte trasera de la cabeza de Juan Pablo —Deja eso, estas siendo grosero, debería prestarle atención a Lena.

—Estoy esperando noticias de algo— Juan Pablo me dio un guiño y me preguntó —¿De que quieres hablar?

—Cristo— gruñó Simón —¿Le vas a dejar todo el trabajo a Lena?

No hay problema si me mataban ahora.

—Bueno, Lena, ¿Que te gusta hacer? — preguntó Juan Pablo sin perder su ritmo.

—Pues, no he encontrado una pasión por algo, todavía, aunque disfruto de tocar el piano.

—Ya la vas a deprimir— Simón interrumpió.

—Es hora de que te vayas.

Su aspecto cambio a un estado dolido —¿Acaso un hombre no tiene derecho a terminar su soda?

—No, vete— mi tono era demandante.

—Villa no tiene problema en que me quede ¿verdad?

—No, no me molesta.— su mirada seguía concentrada en el celular.

—Ya deja de ser grosero, prestale atención a Lena— su mirada era asesina.

—No te preocupes Juan Pablo, puedes atender— le di una sonrisa forzada a Simón.

—No, Simón tiene razón, estoy siendo grosero— hizo una pequeña pausa —Bueno Lena, que nombre te parece genial para mi banjo?— Me dio risa y ternura que realmente les colocará nombre a sus instrumentos.

—Jesús, eso no se pregunta— Me encargaría de matarlo cuando llegáramos a casa.

—Cállate— le di una mirada severa a Simón — Y pues realmente no se como puedes llamar a tu Banjo— mi mirada a se dirigió a Villa.

—Pensé en llamarlo Milton— Gran nombre para un Banjo, era original.

—No puedo creer que estén bautizando al banjo en este momento— su mirada era incrédula.

El celular de Juan Pablo sonó

—Contesta, no me molesta.

—No, sólo lo ignorare, no seré más grosero está noche.

—¡Aleluya!— exclamó Simón.

—Si quieres podemos salir otro día, claro, sin violinista— nuestras miradas se dirigieron a Simón.

—Eso estaría bien— se levantó —Oigan chicos, iré al baño, no tardaré, me la estoy pasando increíble con ustedes— con una breve sonrisa Juan Pablo se giró y se fue.
Vi al hombre deambular por el pasillo, y fue desapareciendo, desapareciendo y ya no estaba.

—El no va a volver ¿Verdad?

—Ya debe estar en casa.

Yei, grande Lena, un logro más: ahuyentar a un chico en la primera cita.

—El pierde, eres increíble Lena— dijo mientras tomaba de su soda.

Mis entrañas daban vueltas y mi estómago se volvió papilla —Eres imposible, siempre que te comportas como un imbécil, lo solucionas con un comentario encantador y me jode.

Simón me dio una larga mirada —¿Ya terminaste?

—Sí.

Nuestro pedido llegó y nos dedicamos a comer.

—Sabes, pienso que tu y Villa no estarían bien juntos, no se en que estaba pensando.

—Bueno, si hay próxima, espero ser yo la que elija a mi cita.— suspiré— ¿De todos modos está ya no es una cita?

—No— lo negó rápidamente, solo dolió un poco —Ahora sigamos comiendo, yo pago, no te preocupes.

Que noche tan desastrosa

Yo contigo, tú conmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora