Rendición de cuentas

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Craig Tucker PoV

Me encontraba caminando por las calles del pueblo, de regreso a casa, fue entonces que sentí una presencia poderosa, un aura asfixiante que provenía de un callejón cerrado. Reconocí esa aura, no dudé en entrar.

–¿Una buena cosecha? —preguntó con una voz suave, que emergía de ese oscuro callejón.

Sin dudas era él, debía estar buscando la información que me encargó. Me adentré en la oscuridad, hacia donde energía esa voz, allí estaba él, con su intimidante mirada y su presencia imponente.

–Mejor de lo que esperaba —respondí satisfecho— Conseguí algo interesante acerca de Stanley Marsh y Kenneth McCormick.

–Te escucho.

–A simple vista sé que no puedes ver lo que yo veo, me imagino que esto te puede interesar. Anoté todo en una libreta —dije, entregandole a Damien mis apuntes— Todo está ahí, la información y unas cuantas representaciones hechas de acuerdo a lo que ví.

–Me parece excelente —respondió, ojeando rápidamente mi información— no cabe duda de tus habilidades Craig, eres un verdadero azabache después de todo. Buen trabajo.

No tan rápido Damien —interrumpí con un tono imponente— tú tienes un trato conmigo, esto no es de gratis.

–Lo sé. De hecho acabo de darte una clave para la verdad que deseas. En tu casa dejé unos libros que pueden interesarte, unos a los que no cualquier persona tiene acceso —respondió él, relajado y seguro— respecto al dinero, te dejé una buena suma en una caja sobre la mesa de tu habitación.

–Espero que sea cierto —dije, segudio de un suspiro de reginación— volveremos a vernos pronto.

–Te avisaré de los siguientes movimientos —finalizó Damien, desapareciendo entre las sombras.

–Veremos si este tipo cumplió su palabra...

Fui con algo de prisa a casa, quería ver los más pronto posible lo que Damien dijo que me había dejado. Necesitaba el dinero, pero más aún la información que prometió. Pensé que respondería mia preguntas, no sabía si esos libros realmente tendrían información que me fuera útil.

Mientras me dirigía a casa me crucé con Tweek, estaba algo extraño, sentado en un sube y baja del parque, con la mirada baja. Normalmente no me interesaría, cualquiera tiene malos momentos, y es mejor que cada quién los asuma sin la intervención de alguien más, pero este no era el caso. El rubio se veía fatal, las lágrimas brotaban con intensidad de sus ojos. No hacía ruido, lloraba en silencio mirando hacia el piso. No era algo normal, de verdad lo vi abatido. No conocía al chico, apenas y sabía su nombre. No obstante, no podía dejarlo sólo, él se veía mal de verdad.

Caminé hacía él, y despacio, con sutileza, tomé su hombro y le dirigí la palabra.

–¿Amigo, soy Craig, que pasa? —le pregunté amablemente.

–N-no sé... —respondió fríamente.

–¿No sabes? Debe haber alguna razón para que estés así —repliqué de inmediato— sé que no nos conocemos, pero dejame ayudarte.

–N-no hay c-como a-ayudarme.

–¿De qué se trata esto?

–N-no lo entenderías.

–Ayudame a entenderlo, y así te ayudo.

–No es fácil —dijo, cortante.

–Nada en esta vida es fácil, entiendo eso. Anda, dime qué pasa.

Azabache de ojos azulesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora