Destello de esperanza

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Craig Tucker PoV

Volví a casa tras casi un mes en el hospital. Un mes en el cual tuve que sacar lo mejor de mí mismo para recuperar la movilidad y la fuerza en mi cuerpo.

Un mes difícil, pues mientras me recuperaba él estaba allí, y desconocía de su estado. Por suerte lo pude ver el día que recibí salida.

De camino a casa mamá me preguntó acerca de Tweek y mi relación con él. No había razón para ocultarle la verdad, le conté mi historia, cómo me enamoré de él y cómo terminó pasando todo esto. Estuve a punto de preguntarle si ellos me habían adoptado, cosa que creí por mucho tiempo, pero preferí dejarlo de lado, después de todo, ella siempre fue, era y sería mi mamá.

Llegamos a casa, y antes de entrar me dió un último abrazo.

–Craig... Has crecido bastante, ya no eres ese pequeño que se escondía tras de mí, me enorgullece verte así. Hijo, Tricia y yo tendremos que regresar a Denver, y tengo que preguntarte, ¿regresarás con nosotros?

–Mamá, tú diste lo mejor de tí por mí, y por mi hermana, y te juro que te voy a devolver el favor. Por eso no regresaré a Denver, me quedaré aquí, cuidando de la recuperación de Tweek y de mis estudios.

–¿Sabes que la desicion será definitiva?

–Lo sé mamá. Es obvio que, papá, no me quiere ver denuevo. Pero necesito que cuando acabe el año vengan denuevo, esta casa era tuya, así que no habrá problemas.

–¿Que piensas hacer hijo?

–Pienso en hacer algo para que tú, Tricia, Tweek y yo podamos vivir bien. Te lo prometo.

En ese momento era sólo un esbozo, pero tenía un plan trazado para el futuro de todos nosotros. Sólo así podríamos volver a vivir bien, sin tener que depender de Thomas.

Pasaron unos días. Durante esos mencionados días hice presencia en la habitación donde residía Tweek. Le llevaba café, hacía que oliera su aroma. Le hablaba todo el tiempo, así como solíamos conversar en el trabajo: le contaba mi día, lo que estaba sintiendo, y lo que quería hacer en la noche. Me mantenía atento a cualquier señal que pudiera darme.

Poco a poco su situación se volvía más delicada, su cuerpo se veía bastante débil, su cabello más frágil, y su piel más pálida. Le habían retirado los vendajes y lo mantenían aseado, aún así no se veía bien. A pesar de eso, seguí luchando, no desistí, insistí y persistí, permanecí a su lado todos los días, incluso cuando volví a clases salía antes de tiempo, venía en patineta, y me quedaba inclusive hasta la noche con él.

Llegó el día en que mamá y Tricia cumplieron el tiempo que se quedarían. Fue la única y última tarde en la que no estuve junto a Tweek, pues las tuve que despedir en el terminal de transporte. Un abrazo y unas palabras, así fue nuestro 'hasta pronto'. Les prometí solemne que cuando fuera el momento regresarían a South Park y seríamos una familia feliz de nuevo. Me quedé viendo como se alejaba el autobús que habían abordado, cuando las perdí de vista regresé al hospital, obviamente para ver a Tweek.

Llegué, jadeando del cansancio. Sudando en grandes cantidades, con la respiración acelerada y el corazón a todo dar. No me importó, quería estar junto a él cuanto antes. Como de costumbre me anuncié como la visita de Tweek, subí a la habitación y entré, todo seguía igual que la última vez.

Sus ojos cerrados, su cabello seco, su piel pálida y sus brazos débiles. No parecía tener avances satisfactorios, pero era hora de seguir aportando.

–Hola Tweek —Le dije, tomando asiento en el sofá— Lamento venir tarde, estaba despidiendo a mamá y a Tricia, hoy regresaban a Denver. Pensaba en traerte un poco de café, pero no tenía en qué envasarlo. Sin embargo traje ese dulce de café que te gusta, dejaré uno sobre tu mesa de noche.

Busqué entre mis bolsillos, saqué un pequeño dulce y lo puse con delicadeza en la mesa a su derecha.

–Sabes, amaba comer de estos contigo, eran para los clientes, pero nosotros los disfrutábamos mucho... Quisiera volver a compartir eso contigo.

Nada... Era como hablarle a una pared, no había ni un sólo reflejo.

–Tweek, sé que quizás no me escuchas en este momento, debes estar en una batalla fuerte allí dentro, pero si no es así, y si puedes escucharme; despierta Tweek, por favor... Despierta cariño.

Me puse de pie, manteniendo la morada sobre él, que seguía sin realizar ni un sólo movimiento.

–Vamos Tweek, vamos, tienes todo para salir de esto. Saldremos juntos de esto, créeme... Cariño, por favor despierta, no sé si aguante otro mes sin oir tu voz.

¿Que tan débil era? todas las veces que venía terminaba llorando, culpándome de su destino, lamentando lo sucedido. Quien sabe cuantas veces repetiría lo mismo.

–¡Por favor, la gente te necesita, los clientes te necesitan, tus amigos te necesitan! Y-yo te necesito amor.

Las lágrimas volvieron a asomarse bajo mis ojos azules.

–Tweek, por favor, despierta, sal de ahí, ¡vamos!

De repente, sucedió algo que me dejó totalmente atónito. Mientras le hablaba, movió un dedo en su mano derecha.

–T-tweek... ¡Alguien venga!

De inmediato corrió una enfermera, entró con gran prisa a la habitación, preocupada por el grito que había pegado.

–¿Que pasó? —Preguntó ella, angustiada.

–E-el, movió un dedo —Intenté decir entre lágrimas de felicidad.

–¿Hablas enserio? ¡Eso es genial! voy a llamar a un doctor, no te vayas a ir a muchacho.

La enfermera salió con prisa de la habitación, finalmente pude ver un destello de esperanza, al fin Tweek empezaba a reaccionar.

Llegó el doctor, acompañado de la enfermera. Me preguntó que fue lo que había visto y cómo sucedió todo. Le conté que le hablé, le recordé cosas y le pedí que por favor despertara.

–Y entonces, después de eso él movió el índice de su mano derecha, lo levantó un poco.

–Eso es bueno, chico. Tienes que seguir estimulando su cabeza, lograste un gran avance.

–¿Es posible que despierte pronto?

–Eso espero, ya debe estar por cumplir el tiempo normal. Déjame leer su historia —El doctor tomó la hoja donde estaba anotada la información de Tweek desde que estaba ahí— Agosto... Bueno, sólo serán unos cuantos días más, confio en que saldrá del coma.

Esas palabras me llenaron de fuerzas para seguir luchando, la meta estaba cercana, podría lograr sacar a Tweek de ese maldito coma y traerlo de vuelta a la vida.

Así empezó el tramo final.

Despertaba temprano, iba a clases, corría a casa, tomaba las cuadernos para el día siguiente, los guardaba en una mochila y con esta a mis espaldas iba al hospital a hablar con Tweek. Pensé que hablarle del entorno de la escuela ayudaría, así que lo contaba las cosas, y además le comentaba sobre mis tareas. Finalmente lo despedía como hacía siempre en el trabajo.

Fueron días difíciles, pero cada vez se notaba más avances, hasta que finalmente llegó uno definitivo, su voz.

Azabache de ojos azulesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora