Capítulo 10

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-POV Patricia-

—¿Y de donde salió ese pendejo cheto?—pregunta papá. Río bajo y miro a Oscar que lo esta mirando con una ceja levantada, seguro al escuchar que le había dicho 'pendejo cheto'

—Él... emm—¿cómo decirle? Si le digo que es hijo de Eduardo, mucha lógica no va a tener, va a preguntar quién es Eduardo,  y decirle que es mi representante no es algo bueno, no cuando papá todavía piensa que voy a la universidad...eso es—lo conocí por un compañero de la universidad.

Papá asiente y Oscar me mira confundido.

—Eso es mentira, nos conocimos gracias a mi padre y nos vamos a casar porque la dejé embarazada.

¡Estúpido!

Mi ritmo cardíaco empieza a aumentar de manera frenética, veo cómo papá se saca los anteojos y los deja a un lado de la cama. No puedo imaginar la grandeza de su decepción, aunque lo del embarazo no sea verdad.

Papá se sienta en la camilla y baja las piernas de ella. Me levanto rápido,  pero no llego para impedir que agarre de la camisa a Oscar y lo levante del suelo.

Corro a su lado y tomo el puño de papá.

—¡Soltalo, papá!—se me hace un nudo en la garganta, él no tiene que tener disgustos, menos estar en estas situaciones aunque Oscar se lo merezca. La culpa me carcome.

—¿¡Cómo te atreves a decírmelo de ese modo?!—le grita a Oscar, él no esta asustado, sonríe hacia el impulso de papá—¡Para colmo te reís, hijo de puta!

A Oscar se le cambia la cara de repente y de una forma u otra ya se esta soltando del agarre de José.

—No insulte a mi madre—susurra entre dientes.

Por primera vez, una persona me da miedo con sólo mirarle la cara.

Sus ojos se hicieron tormenta, y sus labios se apretaron en una fina línea. Por alguna razón sé que no teníamos que hacerlo enojar más, supe que en vez de dejar que papá le diera una paliza por ser mentiroso, tengo que sacarlo de ahí rápido, no sé de lo que  Oscar es capaz.

—¡Tu madre fue una irresponsable al criar a un estúpido como vos!—grita José.

—¡Mi madre fue la mejor persona que pudo haber conocido!—Oscar se saca—¡Mi madre se preocupaba por mi! ¡Mi madre dio su vida por mi! ¡Mi madre me educó mejor de lo que usted crió a su hija! ¡Ella no mandaba a sus hijos a trabajar para pagar las operaciones!—Oscar no dejaba de gritar, papá se había sentado de nuevo en la cama porque Oscar no le dio otra elección, lo había acorralado e intimidado de tal forma que papá se limitó a escucharlo.

Las enfermeras y los guardias llegaron rápido, por poco y no tiran la puerta, acostaron a José y los guardias lucharon por agarrar a Oscar.

Él era como un caballo indomable, como una rosa y como un simple niño que había perdido a su madre todavía no estando preparado para afrontar esta vida...

~●~

—¿Entonces perdió a su madre?—pregunta José ya calmado.

—Si, murió de cáncer—él asiente—su padre dijo que no era el mismo desde entonces... que cambió.

—Así que ya te presentó a su familia... —él agarra una página del diario y empieza a hacer un avioncito.

—Si —susurro recordando la última vez que hizo uno.

—Voy a tener que aprender a hacer más cosas con papel para jugar con mi nieto—río— ¿De qué te reis?

—Eso es mentira, no estoy embarazada—papá sonríe y termina de hacer el último pliegue de una de las alas—, él estaba jugando.

—¿Quién estaba jugando?—escucho la voz de mamá y me volteo a verla.

—Hola, má—me levanto a abrazarla.

—¿Vos sabías eso de que Patricia se va a casar?—le pregunta papá con un tono medio acusatorio, siempre le cuento todo a mamá, somos cómplices, pero esta vez, ni ella sabía.

—¿Qué?—la cara de mamá es todo un poema, pero notablemente está más feliz que papá— ¡Dios, no lo sabía!—Olga me abraza más fuerte y río por su efusuvidad.

Mamá y papá empiezan a reír, la habitación se llena de risas y lágrimas,  de preguntas y consejos sobre el matrimonio. Si supieran que él no me ama, que todo esto es una farsa para no perder a papá, ellos no estarían tan felices.

~●~

Llego a casa y me dirijo al teléfono para llamarlo, marco el número y espero a que atienda... Al tercer sonido atiende.

—¿Oscar?—pregunto ansiando escuchar su voz, ansío poder verlo y besarlo de nuevo...

—Se está bañando—la voz melosa de una mujer hace que me den náuseas y el imaginar la razón del por qué está ahí hace que me sienta enferma a niveles nunca sentidos— ¿Queres que le diga algo?

—N..no, gr..gracias—y cuelgo. No hace falta explicar nada.

Oscar está con otra mujer...

~●~

Despierto por el sonido del teléfono. Me levanto de la cama y voy al living. Atiendo.

—Buenos días, linda—escuchar la voz de Oscar hace que me quede helada—. Voy a llevarte a la universidad, preparate que en seguida paso a buscarte. 

—Ya no voy a la universidad.

—Mi papá fue a hablar, te reintegraron, comenzas las clases en media hora, estate lista.

No tengo ganas de ir a la universidad,  no teniendo tremendas ojeras por no dormir anoche. Al terminar de llorar,  mamá me llamó para decirme que papá tuvo otra recaída, que no estaba bien,  y que me pusiera las zapatillas por si es que tenía que salir para el hospital.

No pude dormir pensando en él,  pensando en ellos mejor dicho. Papá que estaba al borde de la muerte todos los días y Oscar que se veía con otras mujeres aún estando comprometido conmigo.

Voy al baño y me peino un poco para no recibirlo mal. Me saco el pijama y me pongo algo cómodo.

La puerta suena y voy a abrir. Oscar está espléndido, arreglado y sonriente.

—¿Cómo estás, linda?—él me besa. Nunca sus besos me habían parecido tan repulsivos. Reprimo las ganas de limpiarme la boca y cierro la puerta cuando entra.

—No voy a ir.

—Tenes que ir—él corre uno de los rulos de mi cara y se acerca más. Me alejo.

—No me toques. Me das asco —trato de parecer fuerte.

—¿Qué?—su frente se arruga.

—¡No hagas como si no te hubieras acostado con ella!—mi voz se quiebra y las lágrimas me inundan— ¿Cómo podes hacer como si no hubiese pasado nada?—mi pregunta sale en un susurro y culpo a mis sentimientos por hacerme ver tan estúpida.

—Patricia...

—¿¡Es que acaso toda mi vida va a ser asi?!—siento como mi cara arde y las lágrimas pasan entre mis mejillas trazando zurcos. Duele.

—No reacciones así—él trata de agarrarme.

—¡NO ME TOQUES!

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora