Y bueno. A veces la vida te daba golpes tan fuertes que del miedo... te negabas a recibir de nuevo eso que alguna vez te habían quitado de repente.
Oscar había estado cegado por el dolor y no pudo abrirse jamás, él mismo nunca pudo hacerlo. Pero habían otros tipos de golpes tan fuertes que abrían sin preguntar aquello que guardabas con tanto recelo. Y esos tipos de sorpresas eran buenas.
Marta era su mundo, y a pesar de que la amaba tenía temor de hacerle daño. Porque se la veía tan chiquita en brazos de Patricia que le daba terror.
Habían pasado 3 semanas desde el día del nacimiento. Apenas tres semanas y él ya quería cambiar muchas cosas de su vida. Empezando por el hecho de que Patricia estaba sola en esa gran casa. Su madre no llegaba hasta dentro de una semana con toda su familia y él era lo único que tenía hasta entonces. Moría por ir con ella y ayudarla.
Así que así fue. Un día llegó con todas sus maletas sin siquiera preguntar si podía quedarse. Agarró todo y lo ordenó con cuidado en su antigua habitación, no la que compartía con Patri, sino la otra, en la que muchas veces había dormido para estar lejos de ella.
Cómo se arrepentía. Se arrepentía de haberla dejado ir, de no ver el embarazo en todo su esplendor, y de no crear un lazo más firme con Marta desde la panza. Pero qué va, si la criatura lo veía y se ponía toda contenta con esa carita de bebé recién nacida.
No habían pasado ni 10 minutos de que él llegó y Marta pegó el grito de advertencia. Se había despertado.
Martita no era así, en realidad era una alma caritativa que contribuía al sueño de su madre y casi nunca lloraba tan fuerte como hasta entonces. Esa última semana había gritado a más no poder, como si acabara de nacer y quisiera toda la atención del mundo.
"¡Que todos lo sepan! ¡Estoy aquí!"
Dijeron que los bebés lo que hacen es comer y dormir, comer y dormir, y que no hacen nada más que eso, pero Marta comía, se retorcía, se tiraba algún gas, comía, hacía caca, comía, dormía, lloraba, comía y se dormía. Así, todo seguido, sin pausas.
Oscar dirigió la mirada a la habitación conyugal. Marta seguía llorando y seguramente Patricia no podía con ella. Algo en él se removía al oir a su nena llorar de esa forma... y esa madrugada dejó de pensar que si iba no podría ayudarla en nada. Se plantó en el hecho de que si iba sería un buen padre, uno que estaba en las buenas y en las malas.
Caminó hacia esa habitación en la que habían sucedido cosas buenas y otras lamentables con la madre de su hija. Se quedó parado en frente de la puerta con el puño a punto de tocarla. No se animaba, ¿y si hacía llorar más a la bebé?
Pero mandó todo al tuje y entró sin siquiera tocar. Miró como Patri lloraba a la par de la niña por no poder calmarla y algo en él terminó de romperse. El miedo se había ido y se dirigió hacia sus niñas, porque Patri todavía lo era, había dejado embarazada a una niña que luchaba por su familia y se había ido, ¿más estúpido se podía ser?
Tomó en brazos a Marta y ahora a él era al que le gritaba al oido, ahora era él el que la sostenía y le daba cualquier tipo de apoyo que su bebé necesitara. Porque no era como normalmente se leía en otras partes, la bebé no lloraba porque extrañaba al padre, porque no lo sentía. Marta lloraba porque algo andaba mal. Ni siquiera sabía lo que era padre con tan poca edad, ni siquiera sabía lo que era "si lloro quizá el venga a rescatarme". No. Los bebés lloraban porque se sentían mal y eso era lo que le preocupaba a Patricia. Lo que la hacia llorar de la impotencia.
Diez minutos después... Marta quedó dormida en brazos de Oscar. Plácidamente dormida, como si nunca hubiera gritado y hecho llorar a su madre, al contrario. Estaba como un ángel. Uno realmente bueno y puro.
Patricia miró a Oscar y le medio sonrió. Él sin embargo largó una carcajada por el rato que les había hecho pasar ese angelito...
Marta definitivamente se había convertido en la "lucecita" de ambos.
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Más allá de los sueños
RomanceA veces, cuando uno menos se lo espera, cuando todo en tu vida está medianamente bien, algo llega para destrozarte, algo que te hace despertar de tu mundo de sueños y te hace empezar a luchar. A luchar con todas tus fuerzas, a volar contra el viento...