-POV Patricia-
Lo peor era que parecía que me gustaba sufrir. Que me gustaba humillarme y arrastrarme para tener una respuesta justa de la boca de Oscar que me convenciera del por qué de sus acciones sin que me lastimase. También era horrible darse cuenta que todas sus respuestas eran dañinas y me rompían más el corazón ya quebrajado.
¿Cuánto más se supone que tengo que esperar para tener un poco de consideración de su parte? ¿Cuánto más?
Yo soy su esposa, su compañera aunque él no lo quiera y la madre de su hijo. Eso último él todavía no lo sabía.
Que cobarde era al esconderle algo así. Pero me temo la reacción que pueda llegar a tener. Espero todo de Oscar. Desde un abrazo muy feliz como fue el de aquella noche, a una mirada de indiferencia y mandarme a freír churros con el bebé en brazos.
Lo bueno era que ya no estaba sola. Mi familia ahora vivía conmigo, pero faltaba papá. Aunque no faltaba mucho para traerlo a casa.
Tapé la olla donde estaba haciendo la sopa y dirigí toda mi atención a ese par de ojos verdes grisáceos que me miraban de una forma que todavía no sé como llamarla.
―¿Ambos podemos hacer lo que queramos?―pregunté, pero mi voz no salió y se sintió como si hubiese sido un susurro. No era mi intención parecer todavía más débil de lo que ya era frente a él.
―¿Podemos? ―Oscar era un maldito porque me lastimaba, pero también lo creía un estúpido porque tenía en mí ese efecto que me derretía con solo mirarme o acercar su rostro al mío como lo hacía en ese momento.
―Invadiendo mi espacio personal, ¿quién lo diría, señor Mediavilla?―Él sonrió ante mi ironía y acercó más su cara depositando un beso en mi cachete izquierdo. Oh, Dios mío.
―¿Podemos o no?
¿Cómo quería que respondiera coherentemente o siquiera piense de una forma cuerda si él me estaba acorralando contra la mesada de la cocina y tenía su nariz acariciando mi mejilla de arriba abajo?
―N-no. No podemos―dije con rapidez y de forma torpe. Su pecho se sacudió levemente demostrándome que se estaba riendo de mi. Yo no lo veía, tenía los ojos cerrados.
Su respiración era la peor parte. Me torturaba de una forma tan dulce que...
Suspiré inevitablemente.
―Entonces no vuelvas a acostarte con otro hombre. Sos mía.
―¿Lo soy?
―Por supuesto, mi querida.
Él besó mi sien y bajó con delicadeza para después besar mi mejilla ya ruborizada.
―Entonces respetame. Y no te lo est...
Entonces me besó, tomó mis labios entre los suyos apretándolos con tanta dulzura como era posible en Oscar. Mi interior brincó de alegría al recibir ese tipo de gestos y lo abracé del cuello haciendo puntitas para que no me suelte.
Ay, Chuchi de mi alma... cuanto te amo.
~●~
¿Cuál era la mejor forma de reconciliarte con la persona que amas? Sí, exactamente esa.
Por alguna razón no me di cuenta cuando apagó la hornalla y me llevó hasta la cama para "reclamarme como suya". Esas fueron sus palabras
Yo era suya.
―Y vos sos mío―dije mientras le acomodaba a mi amado el cuello de su camisa
―¿Lo soy?―preguntó agarrándose de mi cintura.
Sus dedos me acariciaban en forma de pequeños círculos sobre la ropa.
Ese era uno de esos momentos donde aún después de haberte entregado a tu esposo por completo sentías que todavía podías darle más amor.
―Por supuesto, mi querido―terminé de arreglarlo y le di un beso en la nariz a duras penas. No llegaba.
El rió con ese gesto y me tomó de la cintura todavía más para después elevarme y darme otro beso en la boca.
TOC. TOC.
TOC. TOC. TOC.
Ambos miramos la puerta y sonreímos. Bueno, él a medias. No era 'Miss sonrisas' como ya sabemos.
Me apuré a terminar de arreglar mi pelo que había quedado un desastre después de haber hecho el amor con Oscar, y él se miró al espejo para sacarse el color de los labios que le había pasado con uno de nuestros tantos besos apasionados.
―¡Patricia, vení a comer!―escuché el grito de mamá detrás de la puerta.
Me había olvidado por completo de la comida, no lo voy a negar, pero una de las ventajas de tener a tu madre en casa era que ella podía terminar.
No era mucho pedir, ¿o si?
Agarré a Oscar de la mano y salimos de la habitación. Me dio cosa pensar que quizá mi mamá sepa, por mi cara o por alguna otra razón, que había estado haciendo cosas de grandes con Oscar, metidos en la cama.
Menos mal ella no dijo nada aparte de comentarios de la comida.
Al llegar a la mesa Oscar apretó mi mano y al ver sus ojos pude entender que era una forma de preguntar qué hacía toda mi familia ahí.
―Los traje a vivir con nosotros. La casa es grande y vos nunca estas. Me sentía sola―dije por lo bajo, solo para que él escuche.
―Está bien.
Y no dijo más aparte de eso sobre el tema. Después, me pareció muy extraño que hablara tanto con mi familia. Porque sí, lo hizo. Habló con mi mamá, con mi hermano sobre la Play y algunas cosas con Sandra. Pero nada del otro mundo. Tampoco esperaba mucho.
Pero era un avance en nuestra familia. Si seguía en esta pose de niño bueno no me iba a aguantar mucho más la noticia de nuestra pequeña luz.

ESTÁS LEYENDO
Más allá de los sueños
RomanceA veces, cuando uno menos se lo espera, cuando todo en tu vida está medianamente bien, algo llega para destrozarte, algo que te hace despertar de tu mundo de sueños y te hace empezar a luchar. A luchar con todas tus fuerzas, a volar contra el viento...