Capítulo 11

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-POV Patricia-

—¡¿Es que no te das cuenta de que no tenes ningún derecho a reclamarme algo?!—él levanta la voz

—Voy a ser tu esposa—digo rendida. Él no responde—. Eso me da derechos—susurro apenas.

—No te creas el papel, para mi no vas a ser más que un favor hacia mi padre y el tuyo.

La ola polar de sus palabras congelan mi corazón. Queman y arrancan cada esperanza como si fuera un juguete, como si pudiese vivir sin ellas. Duele, y duele en serio.

~●~

Abrazo los libros contra mi pecho. ¿Tengo derecho a sentirme así? A pesar de que él diga que no, mi corazón no puede evitar estremecerse al escuchar que estuvo con otra, es que el es mío, sólo mío. Nadie más puede quererlo tanto como yo lo quiero, nadie puede, sólo yo. ¿No?

Escucho un suspiro de su parte, no puedo mirarlo, no puedo hacerlo sin que vuelva a romperme.

Después de haber discutido entré en razón y acepté volver a la facultad. Es lo mejor para mi. Y no lo hago por él, lo hago por mi y por mi familia, porque tengo que ayudar a sostenernos y no voy a poder si es que sigo como hasta ahora. Lo que ganaba en la plaza apenas nos alcanzaba para el pan... y ahora, que empezaron a hacerle esas cosas con las máquinas no puedo fallarles.

—¿Te recojo a la salida?

—Si no tenes que recojer a otra de tus novias,  si—aprieto más los libros.

—Patricia no jodas, ya te dije que no fue más que sexo. Siempre es sexo—una de sus manos tocan mi pierna y la aparto.

—Y yo ya te dije que no me toques—abro la puerta del auto y bajo.

—¿Queres que venga o no?—pregunta desde adentro.

—Si podes... —cierro la puerta y se va de inmediato. Estúpido.

~●~

Estar en cama definitivamente es mejor que estar en clases, más aún si es invierno. Me envuelvo más en las colchas y suspiro.

Oscar no fue a buscarme. Tuve que morir de frío por 45 minutos y aceptar que uno de mis compañeros me traiga en moto ¡En moto! ¡Con este frío!

Quizá si tuvo que buscar a otra de sus novias...

Tocan la puerta. Seguro es mamá con Leo, tendrían que haber llegado hace 15 minutos ya. Me levanto y arrastrando los pies con las frazadas encima para que no me diera frío, voy a abrir.

—Patri...—cierro la puerta, es Oscar, no pienso dirigirle la palabra después de dejarme plantada como pelotuda—¡Patricia!

—¡Sos un gil de mierda!—grito yendo hacia la habitación. No puedo entender que es lo que responde. Me acuesto en la cama de nuevo y cierro los ojos. Sigue gritando. La puerta se abre y giro rápidamente para verlo parado en frente mío.

—¿Cómo entraste?—susurro—¡Es invasión a la privacidad!

—A la mierda la privacidad—él sonríe y abre la cama para acostarse a mi lado. Trato de empujarlo pero es en vano, es más fuerte que yo, y cuando trato de levantarme, él me pega a su cuerpo y balbucea algo en mi hombro.

—Soltame—digo entre dientes.

—¿Qué mejor que el calor de otro ser humano? Voy a hacer que se te pase el frío—el sonríe y me besa en la mejillas. Siento mi cara arder, esto es mejor que la bolsa de agua caliente.

—Oscar...

—Shh—me abraza más y deposita otro beso en mi cara. Podría acostumbrarme a pasar los inviernos así...

—Mi mamá está por venir—susurro mientras su boca atrapa uno de mis labios. Me dejo llevar, sigo ese beso sin pensar, es que eso me hace él, me deja alocada e imprudente.

—Sos una adicción—él no para de besarme—, cada vez que te beso no puedo parar,  simplemente no puedo, Patricia.

Me estremezco.

—Sos hermosa, más que cualquier otra mujer que haya visto, sos perfecta, 'perfectamente imperfecta'—sonríe y esta vez no tengo tiempo ni para responder. Su boca aprisiona la mía, sus manos acarician la piel de mis brazos. El frío ya no existe a pesar de que Oscar haya tirado a la mierda mi pijama de ositos.

Todo es él. Su olor, su respiración,  sus besos y sus caricias, su cuerpo... umm

—Te amo—suspiro.

—Shh—besa mi cuello y me agarra las manos —. Disfruta el momento—me besa, una y otra vez, devorándome, absorbiendo mi alma y todo lo que puedo darle. Me toma.

Soy suya otra vez, él es mío. Mío...

~●~

Lo beso, no responde. Lo abrazo y me aparta.

—Oscar... —él se levanta y empieza a cambiarse,  ni siquiera me mira—va a irse—. No te vayas—susurro. Él niega con la cabeza y termina de atarse los zapatos—, por favor.

Se levanta y agarra su chaqueta, sigue sin mirarme. Hace como si no existiera,  algo se rompe dentro de mi.

—No soy como ellas.

—Sé que no sos como ellas—el sale de la habitación. Lo sigo.

—¡¿Viniste para esto?!—mis ojos se llenan de lágrimas— ¿¡para usarme y tirarme como lo haces con ellas?! —sigue caminando —¡No voy a permitir que vuelvas a hacerlo!—el para en seco, pero no me mira. Voy a romperme...

—No llores...

—¡NO ME MEREZCO ESTO! ¡Sos una mierda! No voy a seguir con tus putos juegos—me acerco más y lo empujo hacia la puerta—. No se te ocurra volver a buscarme, prefiero seguir en la plaza a tener que sufrir más, ¿acaso no es suficiente ya? —las lágrimas caen—no quiero seguir. Te odio. Que tu padre tenga en claro que todo se termina, no quiero nada de ustedes. ¡Nada!

— Como digas...

Y después de eso, una fría brisa entra por la puerta y se cierra de golpe.

Nunca voy a volver a verlo...

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora