Capítulo 18

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Patricia asomó su cabeza entre las cortinas para poder ver que tan lleno estaba el local. Pudo ver a Eduardo caminando de un lado a otro seguro nervioso por lo que iba a suceder y a Oscar hablando con un chica... Él le sonreía y hacía reír a esa zorra, está demás decir que Patri instantáneamente la odió, los odió a ambos mejor dicho.

Cerró la cortina y miró a su banda por décima vez, hablaban entre ellos y no le prestaban atención. Eduardo le había prometido que era temporal hasta que hicieran el "casting".

El show comenzaba en diez minutos y ya sentía que su estómago no daba más de los elefantes que bailaban entre emocionados y nerviosos dentro de su cuerpo.

Se paró detrás del micrófono y cerró los ojos como la última vez, se concentró en la nube negra de su mente y de a poco fue imaginando a las personas desnudas a su alrededor. Por alguna razón ese viejo dicho si la tranquilizó.

Largó el aire de sus pulmones y volteó para ver a los demás, parecían tan tranquilos que le daba envidia.

Refregó su rostro con las manos y soltó un pequeño grito para sacar los nervios de su cuerpo. Sacudió las manos y uno de sus pies, saltó y volvió a hacer lo mismo que estaba haciendo desde que subió al escenario, caminar de un lado al otro tratando de memorizar la letra de la canción que iban a tocar.

Una mano se posó en su hombro justo cuando ella tarareaba su parte favorita y la obligó a darse vuelta, un joven de no más de 21 años le sonrió.

—Sos más linda de lo que decían—él tomó la mano de Patricia sin permiso y depositó un beso sobre sus nudillos. Tardó un poco en volver a ponerse recto. Patricia estaba tan sorprendida que lo único que hacía era pensar quién era el muchacho que al parecer estaba concentrado en su perfume.

Ella sacó la mano y arrugó la frente.

—¿Quién sos?—preguntó echando una mirada rápida a su alrededor buscando a su príncipe azul. Pero no, Oscar no iba a rescatarla.

—Mi nombre es David. Soy un cliente de Eduardo, también toco esta noche—como Patricia no iba a decir nada, él siguió—. Sólo vine a desearte suerte, sé que es la primera vez que haces esto.

Ella asintió.

—Gracias... Suerte para vos también.

Él volvió a sonreír. Esa vez ella lo observó mejor. Tenía una barba de tres días y...Dios, si que le quedaba sexy, todo los rasgos y gestos eran sexys.

Algo en Patricia hizo que se le pasaran los nervios y la hizo sonreír.

David le guiñó un ojo y bajó del escenario.

—Salimos en un minuto—escuchó decir alguien, pero al darse vuelta ya no había nadie.

Acomodó el micrófono y miró hacia delante,  la cabeza en alto y las piernas medias abiertas. Estar en esa posición le daba más seguridad.

Las cortinas se abrieron y todas las miradas se posaron en Patricia. En esas piernas perfectas, en el corto vestido y en sus salvajes rulos.

Todos la miraban menos Oscar y la zorra con la que hablaba, seguían riendo.

Ella se sonrió para darse fuerzas y trató de concentrarse más en el ritmo.

Empezó a cantar y se dejó llevar por esa melodía armoniosa. Bailó, saltó y gritó cuando ya no le importó nada. La mayoría de los presentes se levantaron de sus mesas y corrieron a la pista. Era un show épico. Pedían otra y otra hasta que sus piernas ya no resistieron.

David subió también al escenario y acompañó a Patricia, él tenía una voz increíble, realmente tenía un don.

Oscar besó a la chica... a esa zorra.

Patricia apagó su voz.

Y David observó todo mientras terminaba la canción y trataba de ocultar la tristeza de esa mujer que había hecho brillar la noche, su noche....

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora