Patricia bajó del escenario aguantando las lágrimas. David bajó por detrás y la tomó de la mano, la atrajo hacia él y la envolvió con sus fuertes brazos.
Ella dejó caer esa lluvia espesa que le estaba quemando el pecho, empezó a temblar de la rabia mientras apretaba con fuerza la camisa de ese buen hombre que la estaba ayudando sin siquiera conocerla.
Eduardo no tardó en llegar hasta donde se encontraban, sacó a Patri de ese refugio prestado y él mismo la acobijó. Él seguía agitado por haber discutido con Oscar. Porque Eduardo al ver esa terrible escena corrió a separarlos, agarró a Oscar de la camisa y lo empujó lejos de esa... mujer. Eduardo agarró del brazo a su hijo y lo llevó hacia afuera, lo acusó y no pudo contenerse de pegarle una bofetada. No se arrepentía.
Patricia abrazó a su suegro y lloró con más amargura de la que ya tenía, ¿acaso no le bastaba a Oscar con hacerle ilusiones? ¿también tenía que besar a esa chica de esa forma?
No, definitivamente no era necesario. Pero lo hizo igual, cortó otro pedazo más del corazón de Patri, lo tiró al suelo y lo pisó haciéndolo añicos.
Se sintió vacía por un momento y dejó de llorar, sollozó y miró los ojos de Eduardo.
—Lo odio—dijo apretando fuertemente los dientes.
David sintió la necesidad de partirle la cara al desgraciado que le había hecho tanto daño a esa hermosa criatura. A ese que le quitó el brillo de los ojos y los dejó vacíos, sin sentimientos. Sólo odio y rencor.
También sintió la necesidad de saber que es lo que le pasaba, él no era de actuar así. Con nadie. Pero al verla a ella tan desprotegida quiso abrazarla, esconderla en su casa, marcarla como suya y entregarle su corazón... todavía más.
—Ay, hija—Eduardo cerró los ojos y suspiró apoyando su mentón en la coronilla de Patri—. Lo siento mucho.
~●~
A pesar de eso el show había sido espectacular así que Eduardo se encargó de darle el dinero a Patricia y a David. Él se ofreció a llevarla a casa y ella aceptó.
Dave estacionó en frente del hermoso hogar de Patricia. Ella miró la casa triste y se volvió hacia el hombre que tenía al lado.
—Muchas gracias—su voz estaba apagada, la tristeza la consumía de a poco, no quedaba casi nada de la mujer que había conocido en el escenario.
—Gracias a vos por dejar que te traiga—ella sonrió y se agarró del asiento como si no quisiera irse. Él también sonrió—. Si queres vamos a dar unas vueltas.
Ella asintió. No estaba lista para enfrentar a Oscar, todavía tenía su corazón tratando de asimilar eso.
Ella tenía un contrato. Y no podía separarse de él a no ser que renuncie a todo, pero eso significaba volver a lo mismo. Ella quería ser fuerte para su familia, pero no sabía de donde sacar esa fuerza. En ese momento se sentía una inútil.
~●~
David se quedó con ella hasta que su corazón dejó de doler. Le habló de las constelaciones, y de lo hermosa que ella es cuando brilla así. Le dijo que podía ver el cielo en ella. Patricia se sonrojó y se limitó o sonreír. Le pidió que la lleve a su casa y así fue.
Llegaron en el auto, ella se bajó agradeciendo y esperó a que él le diga algo, pero nada... Él le sonrió y se fue sin más.
Patricia buscó las llaves en su campera y caminó hacia la entrada. Quiso que Oscar no esté dentro. No quería verle la cara.
Entró sin hacer ruido, buscó en la cocina, el baño, la biblioteca y en la oficina... al parecer estaba sola. Ella suspiró y se sacó los zapatos.
Caminó descalza hasta su habitación. No prendió la luz, se sacó la ropa y la dejó en su lugar, sacó el pijama y se lo puso.
Pero cuando quiso acostarse, sintió un cuerpo a su lado. Era Oscar... y la estaba mirando.
—Perdón...—fue lo primero que le dijo—. No pensé, estaba embobado.
Ella se acostó y le dio la espalda. Oscar acarició su cintura.
—No me toques—sacó la mano de Oscar bruscamente —. Me das asco.
Y así terminó la noche. Oscar fingiendo su arrepentimiento y Patricia aguantando las ganas de llorar y pegarle hasta que él no resista.
~●~
Patricia despertó primero. Sin querer, se había movido hasta el pecho de Oscar y lo estaba abrazando. Se corrió rápidamente y se quedó mirándolo.
Ese hombre que estaba acostado a su lado era su esposo. Un esposo al que amaba con el alma. Que a pesar de no ser hermoso, lo era para ella. Deseó ver sus ojos, esos que tanto amaba, quiso abrazarlo, despertarlo con un beso, decirle que lo amaba... pero pronto se acordó que a él todas esas cosas no le importaban. Le daba igual, él no la amaba, siquiera respetaba ese puto papel que los unía. Sintió que estaba sola y corrió al baño para llorar, se metió a la ducha y se permitió gritar, gritar del dolor que sentía. Quiso odiarlo, pero no pudo. Lo amaba con la vida.
Oscar despertó por un grito camuflado por la lluvia del baño. Trató de concentrarse. Los sollozos se hacían más fuerte cada vez. Casi pudo sentir el dolor que había en ellos. Se paró y caminó hacia el baño sin pensarlo, como un alma poseída, cruzó el umbral, se acercó a Patricia y la abrazó.
Ella trató de empujarlo, empezó a insultarlo sin pensarlo dos veces, él se contuvo de irse, soportó su dolor, trató de que ella se libere. La abrazó con fuerza mientras ella trataba de irse, de alejar su cuerpo, de no sentir esas cosas que él le provocaba. Pero fue en vano, terminó apretándolo con fuerza para que tampoco se fuera, para tratar de que sienta como su corazón se volvía loco de sólo tenerlo así para ella. Él suspiró, si lo sentía. Sentía como ella lo amaba.
Acercó su boca y la besó. Ella de a poco dejó de sollozar y se embarcó en el mar del amor. Subió sus manos acariciando el pecho de su amado y las entrelazó detrás de su cuello.
Él se empezó a sacar la ropa mojada y la tiró lejos. Acorraló a Patricia contra la pared fría de la ducha y comenzó a besarle el cuello, sacando las gotitas de lluvia.
Se besaron hasta el cansancio, se acariciaron y se unieron. Se convirtieron en uno. Ella entregándole todo y él nada. Pero no pensó en eso. Se acordó de las veces que Oscar le había dicho que la amaba y se quedó con esas mentiras.
Él a pesar de todo trató de no decir nada, quería curarla, ayudarla a sanar. Besó su pecho, en dónde está su corazón y trató de que su galopar ya no sea doloroso.
No pudo. Su corazón ya estaba roto.
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Más allá de los sueños
RomanceA veces, cuando uno menos se lo espera, cuando todo en tu vida está medianamente bien, algo llega para destrozarte, algo que te hace despertar de tu mundo de sueños y te hace empezar a luchar. A luchar con todas tus fuerzas, a volar contra el viento...