Capítulo 24

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-POV Patricia-

Ya no sabia lo que sentía. O quizá si lo sabía, pero en ese momento,  una nube de vapor tan grande como la que hice en el patio de mi casa cubrió mi mente y mi corazón.

David guardó las valijas de mis hermanos en el auto mientras que yo ayudaba a mamá con otras cosas. David le hizo avioncito a Leo y se lo llevó corriendo hacia el patio cuando ya estuvo todo dentro del auto. David cerró la puerta cuando mamá terminó de subir y me extendió su campera cuando vio que la que llevaba no bastaba para cubrir el frío.

David es un caballero.

David me gusta.

― ¿Ya no tenes frío?―me preguntó cuando estábamos a medio camino―. Prendería la calefacción pero se me echó a perder.

―Ya no tengo frío―sonreí―, gracias.

La verdad era que si me hacía frío. Había sido una tonta por no abrigarme, más sabiendo que estaba enferma.

Cuando estábamos ordenando las valijas de mis hermanos me dio fiebre. David se dio cuenta que no estaba bien, no mamá. David fue a comprar algo a la farmacia y volvió en medio del frío. Fue David. Ni mamá, ni papá, ni Oscar. Fue ese hombre que a penas me conocía.

Me gusta su nombre.

Para cuando volvió, la fiebre se me había pasado y estaba haciendo cosas.

―Ya me siento mejor―le dije mientras guardaba unos cuadros en una caja. No sabía si tomar ese remedio estando embarazada.

―De todas formas, podes volver a levantar temperatura y no quiero tener que llevarte a un hospital―me reí porque me hizo acordar a papá―, es mejor ser precavidos.

―Mejor deja de darme sermones que me aburro―levanté la mirada y le sonreí. Él estaba serio y con las manos en los bolsillos

―Cuidate, Patri―suspiró y se dio la vuelta para ir a ayudar a mamá―. Si no lo tomas voy a dártelo yo mismo, y no me importa si no queres abrir la boca, tengo formas.

Y terminando de decir eso se metió a la otra habitación.

Obviamente no cumplió su palabra, no me agarró como a una nena y me obligó a tomar el remedio. Aunque me hubiese gustado estar entre sus brazos y saber que se sentía...

Llegamos a casa y bajamos las valijas y las pocas cajas que habíamos logrado meter en el baúl.

David no quería que siguiera afuera así que me metió a la casa y me obligó a hacer café para todos y chocolatada para los chicos.

Me pidió la campera. Me dolió dejar su perfume.

―¿Y nosotros dónde dormimos? ―preguntó Leo cuando yo estaba poniendo la pava.

―Van a dormir arriba.

―¿Y vamos a dormir todos en el piso hasta traer las camas? ―su pregunta me hizo reír ―¿De qué te reis?―me preguntó arrugando la frente.

―Acá ya hay camas, Leo. Una para cada uno. Así que te recomiendo ir a elegir la tuya antes que Sandra te gane la que tiene Play Station incluida ―sonreí al ver sus ojos brillar

―¿Tenes una Play?―dio pasos hacia atrás

―Yep. No sé de esas cosas, pero creo que es la nueve.

Él no me dejó decir ni una palabra más y se fue corriendo.

―¿En serio la nueve?―dijo entre risas David―. Si no dejas de mentir, la nariz se te va a crecer.

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora