Capítulo 14

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-POV Patricia-

—¿Por qué crees eso?

—Porque es la verdad—digo mientras espero que el semáforo se ponga en rojo para poder cruzar la calle.

Oscar no se fue después de haberme pedido matrimonio, esta vez se quedó y no sé si eso esta bien o mal siendo él.  Me sorprendió que haya vuelto y me haya pedido perdón. Todavía no lo perdoné y sigue pidiéndolo, como si dependiese su vida de ello.

El semáforo cambia de color y avanzo junto con Oscar que anda detrás mío como un perro, quizá por algo de eso es cierto, yo soy su dueña, y no estoy diciendo que él sea un perro, solo quiero aclarar que es mío, mejor dicho,  va a ser mío.

—Yo no creo que sea del todo cierto,  puedo divertirme a tu forma, puedo dejar de lado los lujos y eso para hacerte feliz como te guste—él se pone a mi lado y me agarra del brazo haciendo que pare—. No soy como vos lo crees.

—Deja de joder—me suelto y sigo caminando.

Oscar deja de hablarme, y se queda callado cuando entro a tiendas de ropa y empiezo a probarme miles de vestidos para la boda. Él solo hace muecas, y se limita a responder con monosílabos a mis preguntas.

—¿Él es su prometido?—pregunta la vendedora buscándome más vestidos.

—Lamentablemente, si—responde Oscar desde su asiento.

—Me preguntó a mi, no a vos, gil—la chica me mira—. Lamentablemente, sí—digo con la misma cara de orto con la que lo había dicho Oscar. Siento su mirada sobre mi, trato de no comportarme como una niña y darme vuelta para sacarle lengua.

— Que tarada.

—Tarado vos—agarro un vestido y se lo muestro—. ¿Te gusta?

—Es asqueroso—pongo los ojos en blanco y dejo la prenda en el lugar—. Deberías buscar algo menos para monja, deberías ponerte algo corto y con escote, algo que muestre las piernas que tenes, que calientan a medio mundo y...

—Deja de babosear y de hacerte el que sabe de moda. Alcanzame la cartera que nos vamos.

—Bue...—se levanta, agarra mi cartera y salimos del local.

~●~

—¿Por qué pensas tan mal de mí? —pregunta Oscar poniéndose en frente mío haciendo que el sol deje de darme en la cara y, a la vez, que su olor me invada otra vez en el día, parece como si acabara de salir de la ducha. Se lo ve tan fresco, juvenil...

Sexy.

—¿Por qué no dejas de hacer preguntas estúpidas?—cruzo los brazos debajo de mi pecho y el pasa su vista a mi escote. Las bajo.

Pervertido.

—¿Por qué no me respondes? —sonríe.

—¿Por qué no dejas de joder? —pregunto. Él levanta los hombros y empieza a mirar a su alrededor.

Engreído.

—¿Por qué no dejas de responder con preguntas?—él acerca se cara a la mía y puedo sentir las ganas que tienen mis labios de besarlo. Dios.

Agarra mi mano y empieza a llevarme hacia algún lugar. Me dejo.

—¿Dónde vamos?

—¿Queres un globo? —sonríe— ¿Vamos a jugar todo el día con lo de las preguntas?

—¿Un globo? ¿Es algo normal en vos? ¿Tiene algo malo el hablar así?

—¿Crees que hablaría así siendo el ángel que soy?—río y él vuelve a ponerse en frente mío, está vez su olor no me llega, será porque el viento va en su dirección y hace que su pelo se descontrole... no sé que es más sexy, su olor o su pelo.

Creo que todo él.

—No sos un ángel para empezar. Y ya me cansé de hablar así—acaricia mi cabello y asiente.

—Hoy voy a ser el hombre de tus sueños.

No sé que trampa se oculta detrás de esta actitud tan tierna, no sé y tampoco quiero saberlo, porque prefiero tenerlo así, de esta forma totalmente entregada.

Me gusta ser yo, sin tener que llorar o fingir que estoy bien, me gusta sentirme así.

Cada día es peor...

Cada día es más fuerte...

Y es algo malo, es algo malo porque el quererlo está mal, el tratar de pedir algo cuando él solo lo que intenta es hacer que nos llevemos bien está mal. Esta mal todo lo que pasa en mi cabeza, aunque a partir de mañana no va a ser tan malo...

Oscar se acerca al globero, y como lo esperaba, no compró uno sólo, o dos, compró todos, y no pidió el vuelto.

Ese es el mayor problema, somos totalmente diferentes.

—Toma, uno por cada vez que voy a hacer que sonrías—sonrío y suelta uno —. Mi meta es quedarme sin ninguno.

Y otra vez no puedo evitar sonreír.  ¿Cómo es que oculta a este Oscar tan tierno detrás de un personaje tan frío? ¿Cómo es que no quiere que lo ame? Si hace cada cosa para impresionarme que.. Dios...  me derrito.

—¿Qué propósito tiene todo esto?—sonrío y suelta otro, levanta la mirada y espera que el globo lila se pierda en el cielo grisáceo.

—Quiero que me perdones—dirige sus ojos a los míos y puedo notar que algo pasa en su alma—, a mamá no le gustaría que no te pidiera perdón.

—Entonces te perdono—él sonríe y agarra mi mano fuerte, abriéndola y dejando todos los hilos en mi palma, la cierro.

Puedo sentir como luchan para irse, quieren ser libres y entonces... cuando no quería soltarlos, Oscar me besa, y la mano se me cae, los globos vuelan y me llevan junto con ellos.

Somos libres...

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora