Capítulo 32

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David corrió al paso de Olga, desesperado por no poder ir más rápido, pero no iba a enojarse por eso, no debía.

Llegó a su auto y sacó apresuradamente las llaves del bolsillo trasero de su pantalón de jean, abrió el auto, entró y esperó que Olga terminara de subir para poder ir a casa de Patricia. A esa hermosa casa que compartía con su enemigo y en donde había hecho cosas hermosas con ella.

Esa casa le encantaba, no iba a negarlo, pero es que las sensaciones ahí dentro eran tan confusas que su cabeza se llenaba de cosas que no servían de ayuda a su pobre corazón que tenía que vivir solo de por vida. Porque no iba a encontrar a otra como Patri, y él estaba encaprichado con ella, no iba a amar a otra nunca más en su vida, él solo entregaba el corazón una vez.

Y en ese momento, la dueña de su corazón estaba en peligro, quizá sangrando y esperando esa ayuda que sus hermanos no podían darle y que seguramente su marido no se dignaba en brindarle. Ese tipo era un hijo de puta, que no se merecía nada de Patricia, definitivamente nada, ni siquiera el poder oír esa hermosa voz que tenía, cantaba como un ángel, ella era su ángel personal, su delirio y perdición. Que feo y hermoso era el amor.

Aceleró más el paso, ni siquiera vio que Olga empezaba a alarmarse por su forma de conducir, pero por parte estaba de acuerdo, tenían que llegar cuanto antes a casa.

En diez minutos ambos ya estuvieron corriendo hacia la puerta de la enorme casa de Patricia que no tardó en abrirse ya que Leo estaba muy al pendiente de su llegada.

El primero en entrar fue David que corrió como un desalmado preguntando por su amada desde que cruzó el umbral y al verla, recostada en el suelo con una única almohada sobre su cabeza sangrante, su corazón dio un vuelco y sintió ganas de llorar al verla tan desprotegida.

―Ay, cielo―susurró y no tardó en levantarla en brazos―, todo va a estar bien.

Él se levantó con ella en brazos y caminó lo más rápido que pudo hasta el auto para subirla, mientras que Olga tranquilizaba a Sandra que estaba nerviosa por no haber podido hacer nada más. Dave acomodó a Patricia en la parte trasera y llamó a Olga para que se sentara y cuidara a Patri desde atrás. Todo pasó más rápido para David de lo que en realidad fue.

~●~

Dos horas... dos malditas horas interminables habían pasado desde que llegaron al hospital con Patricia en brazos sangrando cada vez menos, pero en fin sangrando desde esa cabecita tan loca que ella tenía.

―Muchas gracias por todo, Dave―dijo Olga poniendo una mano sobre la suya y dejando ver sus ojos llorosos por primera vez en esas horas―, pero ya deberías irte, se hace tarde, no hace falta que te tomes la molestia de...

―No, no es ninguna molestia ―¿Cómo podía explicar que si se iba su corazón no iba a conseguir nunca la paz que se fue al enterarse de lo que había pasado?  ¿Cómo explicaba que amaba a su hija casada? Es que era una locura, un delito y un pecado. No era correcto―. Patricia es una muy buena amiga, haría lo mismo por mí.

Olga asintió y volvió a mirar la puerta de la habitación donde se encontraba su hija. La ansiedad de saber que pasaba la carcomía, estaba rezando desde que llegaron a todos los Dioses para que no le pasara nada malo a su hijita y su nieto. Y sí, aunque pareciera una exageración, era algo que toda madre hace al estar en ese tipo de situación.

―¿Familiares de Patricia Sosa? ―se escuchó una dulce voz femenina, aunque quizá lo dulce había sido que la espera terminaba. Olga se levantó como un resorte y medio corrió a la doctora. David se acercó por detrás igual de ansioso pero controlando el impulso de zarandear a la médica hasta que diga que su amada estaba bien.

―Somos nosotros―dijo Olga y agarró el brazo de la chica―, por favor, dígame como está mi hija.

―Tranquila, señora. Su hija tuvo una descompensación por un aumento en la presión cardíaca debido a un gran estrés, sumado la faltas de proteínas. Eso la llevo al desmayo y al caer se cortó la cabeza, tiene 4 puntos, pero no hay de qué preocuparse―habló la mujer con un traquilizador tono de voz.

David espiró y alzó a Olga de la alegría. La hizo dar una vuelta y la bajó de nuevo. Estaba eufórico, se sacó un gran peso de encima al escuchar eso.

―¡Eso es genial! ―dijo y abrazó esta vez a la médica. Ella, como toda mujer no pudo resistirse a tremendo adonis y soltó una risita nerviosa―. Perdóname por favor. Es que... es la felicidad.

Ella asintió y miró el suelo nerviosa, ese hombre era perfecto.

―No es nada... ―miró a Dave y le regaló una sonrisa ―. Su esposa ya se encuentra bien y su hijo también. Ambos estan bien y mañana ya podrán salir.

Dave rió y miró a Olga que ya empezaba a explicarle a la médica que él no era ni su esposo, ni el padre del bebé que esperaba... esperen. ¡¿Bebé?! ¡¿Patricia estaba embarazada?!

―Patricia está esperando un bebé... ―susurró y sin querer miró a la doctora que empezaba a disculparse.

―Está por entrar al cuarto mes
―dijo la doctora solo por decir. Entonces los circuitos de David empezaron a hacer corto.

¿Cuatro? Hacia cuatro que ella había sido suya... El bebé. Ese niño podría ser de él...

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora