Capítulo 20

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-POV Patricia-

Golpean la puerta. Oscar al parecer no tiene la menor intención de levantarse a abrir. Bueno, yo tampoco.

Acomodo más las colchas sobre mi y me quedo mirando el fuego por un milisegundo. El sonido del celular de Oscar hace que reaccione. Él no va a ir, y la persona que está afuera seguramente tiene frío. Así que me levanto, me cubro con una colcha y camino hacia la puerta.

Eduardo entra sin pedir permiso y me sonríe.

—No lo esperaba—es lo primero que alcanzo a decir —. Venga, siéntese conmigo al fuego.

—Muchas gracias, linda—entonces caminamos unos pasos más hasta el sillón y nos sentamos.

Vuelvo a enrrollarme en colchas y ríe. No le veo lo gracioso. Mis hermanos llorarían de felicidad por no pasar frío una noche de invierno. Algún día los voy a traer. Seguramente ahora estén bien por el calefactor del hospital,  pero después... después tendría que hacer algo.

—¿Dónde está mi hijo?—Eduardo mira hacia la cocina—. ¿Acaso no está aquí?

—Si está, sólo que acaba de recibir una llamada y está atendiendo—dicho esto, me permito perderme nuevamente en las llamas del fuego de la chimenea mientras le hago compañía a mi suegro.

Él me habla de su trabajo, de su casa, de su personal, de nuestra casa, de la chimenea... hasta que casi una hora pasa y Oscar no aparece por living.

—Quizá se está bañando—digo cuando a Eduardo empieza a cambiarle la cara de hombre paciente.

—Si es así, parece nena—él me mira esperando que me ría de su mal chiste. Río—. Entonces... ¿cómo estuvieron las cosas con Oscar?

Oh, no voy a decirle que no nos hablamos desde ayer. Que ahora en esta casa se maneja la lengua de señas y que Oscar ahora duerme en la habitación de invitados.

—Estamos bien—él me mira confundido y asiente.

—¿Qué haces aquí?—levanto la mirada para ver a Oscar. Él está bien vestido.

—¿Vas a salir?—pregunta Eduardo. Oscar asiente—. ¿Dónde? ¿Con este frío?

—Tengo que hacer unas cosas... nada importante. ¿A qué venias?—él toma unos guantes de sus bolsillos y empieza a ponérselos.

—Mañana Patricia tiene universidad,  quiero que la lleves y después vengas conmigo para arreglar un tema de dinero...

—¿Dinero?—Eduardo asiente—. ¿Y qué es ese tema de "Dinero"?

Su padre suspira y nos mira a ambos.

—Es algo que necesito hacer si es que algún día me llego a ir y todavía no cumplo mi palabra de ayudar a esta hermosa dama—Oscar ríe pero Eduardo niega—. Tuve un infarto, y no dudo que tenga otro, Oscar. No es algo que me cause gracia.

—Está bien—suelta Oscar cortante. Acomodando su tapado y buscando las llaves del auto—. Te acompaño hasta la puerta.

—No, voy a quedarme—dirige su mirada hacia mi— claro, si no te molesta.

—No, para nada señor Mediavilla.

Y después de decir eso. Oscar se da media vuelta y se va de casa a quién sabe dónde.

~●~

Después de cenar, Eduardo se fue. Me dijo que mañana por la noche tenía un show, y otro 2 horas después. Me dijo que duerma bien, pero por alguna razón no podía.

Empecé a sentirme mal después de medianoche. Sentía que la casa daba vueltas y tuve que sostenerme para no caer en el camino a mi habitación.

Me senté en la orilla de la cama, agarrando con fuerzas el acolchado. Algo me empujó desde atrás y no pude evitar caer esta vez.

Caí de rodillas, agarré mi cabeza con ambas manos y lloré de la desesperación.

De repente ya estaba bien. Nada daba vueltas, todo estaba en su lugar... Pero la panza empezó a dolerme y en pocos segundos por poco y no vomito. Media hora después, corrí al inodoro y devolví todo.

Llamé a Oscar, pero no atendió su teléfono. Traté de dormir nuevamente,  olvidando que algo extraño me pasaba.

Pensé en la enfermedad de papá, y en las posibilidades que había de poder tenerla. Preferí no pensar.

~●~

2:45 a.m.

Ya no aguanto. Me siento fatal, y por alguna razón la idea de un bebé se cruzó por mi cabeza.

No... No puede ser eso.

~●~

3:36 a.m.

Llamé a mamá, me dijo que podría ser el estrés.

Sinceramente no creo que lo sea...

~●~

4:15 a.m.

No puedo dormir. Y la heladera me llamó. Adiós dulce de leche. Oscar tendrá que comprar más.

~●~

4:58 a.m.

Después de comer, volví a visitar a mi nuevo amigo el inodoro. Pero después de eso, me sentí genial.

Así que tomé la decisión de ir a una farmacia y preguntar si me podían ayudar con algo. Después de todo, el frío no mata y la farmacia queda a una cuadra.

~●~

6:05 a.m.

La farmacéutica me dio algo para los vómitos y mareos seguido de un evatest. Me dijo que me lo hiciera, que ella estaba segura de que una personita tenía que ver con todo esto.

Al llegar a casa saqué la cajita, y mientras tomé las pastillas leí las instrucciones.

Fue muy fácil seguirlas. Lo difícil fue esperar a que algún resultado saliera.

Hacia mucho frío así que me volví a la cama. Morfeo me llevó.

~●~

La puerta de la habitación se abre y me siento sobresaltada. Prendo la lamparita y un Oscar ahogado en alcohol cae a mi lado en la cama.

—Perdón—dice Oscar arrastrando las palabras.

—¿Qué?—susurro y no me resisto a acariciarlo, parece un nene necesitado de amor. Corro el cabello de su frente y él saca mi mano.

—No me toques—sigue arrastrando las palabras. Al parecer está peor de lo que parece—. Debería darte asco.

—Ay, Oscar—sonrío, apoyo mi cabeza sobre su cálido pecho y lo abrazo, tratando de obtener de él todo el calor posible—. Que estes borracho no me da asco, sólo me preocupa. ¿Por qué tendrías que darme asco?

—Me acosté con otra mujer—mi corazón se para y mis ojos empiezan a arder. No... quizá escuché mal.

—¿Qué?—susurro.

—¡Hice mía a otra mujer, Patricia! La besé, la acaricié ¡Le hice todo lo que sólo tendría que hacerte a vos!

Me levanto de la cama y lo miro. Las lágrimas caen. No puedo guardarlas, no cuando duele tanto.

Para el colmo me lo dice. El muy maldito tiene la facilidad de decírmelo.

—Te odio—susurro con el alma partida y cayendo a un vacío interminable de dolor.

—Eso ya me lo habías dicho—él sonríe—¿Y qué crees? No me importa.

Entonces siento que hace más frío de lo común y el corazón me duele más de lo que ya dolía.

Corro al baño y me apoyo en el lavatorio para llorar tranquila y amargamente. Algo se cae... y me acuerdo del evatest. Seco mis lágrimas y me agacho a levantarlo...

Que mal momento elegiste para venir, pequeña luz...

Más allá de los sueños Donde viven las historias. Descúbrelo ahora