Después del fin de semana regresan las clases, con todo lo que paso me importa un carajo donde esté el maldito de Gabriel, pero no, él se dignó aparecer al fin, cuando entre al salón de clases ahí estaba en su silla habitual y cuando me vio me sonrió como si nada, no pude ocultar mi molestia y esquive su mirada haciéndole mala cara; la mañana transcurrió con normalidad hasta que llegó la hora del descanso.
-Hola –una voz conocida que no quería escuchar para nada- ¿Cómo has estado? –no respondí, solo le lance la mirada más cortante que pude hacer y seguí comiendo mi almuerzo, pude notar que estaba pálido, un poco ojeroso y llevaba una bufanda, normalmente tiene esa apariencia fuerte y varonil y esa bufanda no va para nada con lo que estoy acostumbrada a ver en el- creo que has decidido aplicarme la ley del hielo.
-No quiero hablar contigo
-¿Por qué? ¿Hice algo malo?
-Nada que me importe
-Entonces ¿qué pasa? –ya empezaba a sofocarme el interrogatorio ¿Qué no tiene nada más que hacer- oye me importa si mi amiga está enojada y más si no quiere hablarme –lo mire y tenía la cara de gato con botas, volví a concentrarme en mi almuerzo sin responder-
-Te escribí y no me respondiste –dije en un susurro casi inaudible pero él me alcanzo a escuchar-
-Tuve que ir a la ciudad con mi madre y se me quedo el teléfono en casa, donde estábamos no se podían hacer ni recibir llamadas –dijo mientras se sentaba en la silla de enfrente y ponía sus codos en mi escritorio- ¿me extrañaste? –Puso cara de gato con botas otra vez pero mi expresión no se inmuto para nada- dime ¿si me extrañaste? –Rodee los ojos y mire mi almuerzo-
-No tengo por qué hacerlo, solo me pareció extraño que desaparecieras –recordé lo que paso ayer con Alejandro y mi cuerpo se tensó por completo- y vete que no quiero verte –sé que él no tiene la culpa pero fue por el que acepte salir con su hermano-
-Okey –dijo mientras se iba con su mirada clavada en el piso, de verdad se ve fatal parece enfermo-
Cuando estoy en el escenario puedo sacar todos esos sentimientos que agobian mi pecho, siento como si me ahogaran y todo es por culpa de Gabriel, siento que lo extraño pero no sé cómo acercarme de nuevo a él, tampoco estoy segura de extrañarlo tal vez es solo que me acostumbre a pasar mucho tiempo con él, a que me molestara todo el tiempo, que me hiciera reír de cualquier tontería, de que me quitara mis guisantes durante el almuerzo y me diera la mitad de su sándwich a cambio... si tal vez lo extraño y no me he dado cuenta.
Voy sumergida en mis pensamientos hacia la puerta trasera del bar para ir a mi casa antes que se haga tarde y mi padre se disguste conmigo, de repente siento como alguien me hala de mi brazo derecho con mucha fuerza y por poco caigo al suelo, pero la persona que me sujetaba lo evito cuando me tomo de los hombros y me sacudió fuertemente, mi corazón empezó a palpitar fuertemente y el miedo invadió todo mi cuerpo.
-Al fin sabré el mayor secreto guardado en este lugar –soltó una carcajada que retumbo en mis oídos con fuerza, mi corazón palpitaba tan fuere que retumbaba en mis oídos- creo que nos vamos a divertir esa noche princesita –pude ver que no borraba esa sonrisa de su asquerosa boca- ¿no piensas decir nada?
Mi padre me enseño a analizar muy bien las situaciones y a no gastar mis fuerzas en vano, el hombre era mucho más alto que yo y su fuerza era descomunal, mis probabilidades de salir sola de esto eran nulas, pero si grito y alguien logra escucharme –cosa que dudo mucho- esa persona sabría quién soy, pero ese es un riesgo que estoy dispuesta a correr.
-Parece que el ratón se te comió la lengua, canta para mi princesita –levanto su mano para tomar mi mejilla y a proveche su descuido para empujarlo con fuerza y logre soltarme de su agarre, él se tambaleo un poco y logre avanzar unos cuantos pasos pero me tomo del brazo y halo de mi con fuerza de nuevo, mi contextura física estaba tomando factura, luego sentí una fuerte bofetada en mi mejilla derecha y caí sentada sobre el piso, en ese momento grite por ayuda- es en vano princesita –soltó una carcajada de satisfacción- con el ruido de la música nadie te escuchara.
-Pues te equivocas –una voz muy conocida retumbo en mis oídos- ¿Qué no te enseñaron a respetar a las mujeres? –luego escuche un fuerte golpe y vi al hombre caer a mi lado, logre ver que de su nariz salía mucha sangre y este se quejaba de dolor-
-¡Vámonos pequeña! –me tomo en sus brazos como a un bebé y empezó a caminar.
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Hasta que el amor termine
Teen FictionEmma es una joven con una vida aparentemente normal, que se dedica a sus estudios con devoción, de pocos casi ningún amigo, pero llegara alguien a su vida que descubrirá el secreto que esconde provocándole un sinfín de emociones.