Draco tenía pesadillas.
Era Halloween de nuevo, el trol estaba suelto en el castillo, Dumbledore pedía volver con calma a los dormitorios. Leonis tomaba otro camino cuando salían del comedor, el pánico helado le atenazaba el cuerpo.
No me lo quites, pensaba. Que no le pase nada.
No me lo quites, Merlín.
No me lo quites también a él.
Leonis fue quien lo guio. Leonis fue quien atrapó y derribó a Quirrell.
Él no tenía idea de nada. ¿Quién sospecharía del torpe y tartamudo profesor Quirrell?
Meses atrás, Hagrid le había enseñado al cachorro que luego se convirtió en Fluffy, la razón del alboroto. Sabía que Quirrell arrojaba un hechizo que rompía las cadenas que lo retenían, el animal se enfurecía al ser despertado por el ajetreo. Olfateaba a Draco; era la única razón de que no hubiese saltado sobre él también. Luego iba por los Slytherin que no podían alcanzar su Sala Común, sin correr riesgo por el trol.
También sabía que había encontrado a tiempo la flauta que el profesor debió usar para calmar a Fluffy, que Regulus lo retuvo lo suficiente para que llegasen los maestros, que los otros estudiantes eran apartados después. Entonces se lo llevaban. Quirrell se zafaba, atravesaba un pasillo y se abalanzaba sobre él; al tocarlo, ardía hasta consumirse por completo. Y luego Draco se pasaba parte de la noche de Halloween, el aniversario de la muerte de sus padres, en el laboratorio de su padrino, mirándose las manos.
Las mismas manos que había puesto frente a su cara por reflejo cuando Quirrell se lanzó sobre él.
Las mismas manos que lo quemaron hasta matarlo.
Sabía que se pasó un largo rato preguntándose si ahora debía considerarse un asesino.
En su sueño, sin embargo, Fluffy perdía el control y ni la música de la flauta lo calmaba. Atacaba a los estudiantes. Él no podía detenerlos.
Gritaba, lloraba. Quirrell lanzaba una maldición a Leonis que lo arrojaba contra una pared, sangrando, y se abalanzaba sobre él.
En el sueño, era Draco quien se quemaba entre sollozos y espasmos.
No tengas miedo, no tengas miedo.
Nunca tengas miedo.
¿Quién no lo tendría, en ese caso?
─0─
Cuando sentía la lamida áspera en la mejilla, limpiándole las pocas lágrimas derramadas, se aferraba al cuerpo de pelaje suave que hacía de su almohada, y pedía disculpas, en silencio, a su madre, a donde sea que fuesen las personas maravillosas al morir, porque él no podía no sentir miedo.
Abrió los ojos y parpadeó un par de veces, lo justo para enfocar al can que se cernía sobre él, gimoteando. Leonis, al notarlo despierto, ladeó la cabeza y le volvió a lamer la mejilla.
El gesto le sacó a Draco la primera sonrisa de la mañana. Fue un efecto que lo alentó, porque enseguida era atacado a lengüetazos, el hocico frío y húmedo no dejaba de rozarle el rostro en cada uno, arrancándole carcajadas al retorcerse por debajo del cuerpo del animago, mientras el perro movía la cola y soltaba ladridos contentos.
Tuvo que rodearle el cuello y tirar de él para frenarlo. Leonis se quedó quieto, recostado sobre su pecho.
Media fracción de segundo después, Ron corría las cortinas del dosel, se lanzaba sobre él, haciéndose espacio en la cama, y gritaba:
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Cuenta regresiva
FanfictieDesde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo. Fanfiction slash del universo de Harry Potter. Aventura. Fluff/Eventual Drarry. AU. Draco!Elegido/Harry!Slytherin. El universo de Ha...
