Profesora A (1/2)

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Conocieron a Arabella Zangari al inicio del próximo lapso escolar, la semana siguiente a la llegada de los estudiantes que salieron del castillo para pasar las fiestas en sus casas y arribaban de vuelta para retomar las clases. Estaban tomándole el ritmo de nuevo a la rutina, adaptándose, cuando una combinación Gryffindor-Slytherin de primero entró al aula de Defensa contra las Artes Oscuras y se percataron de que no sería Dumbledore quien les siguiese dando clases. Y muy probablemente, tampoco tendrían una clase en sí, porque al aula le faltaban las mesas y las sillas.

Draco intercambió una rápida mirada con Hermione y Ron; la primera se encogió de hombros, el otro tenía el entrecejo arrugado en esa expresión concentrada que ponía más cuando jugaban ajedrez que durante las lecciones en el colegio. Avanzaron hacia donde solían estar sus asientos, esos que Dean y Seamus guardaban para ellos, apropiándose de las primeras dos filas, en compañía del todavía nervioso y tímido Neville, y en donde un conjunto de Gryffindor, sin saber qué hacer, se agrupaban. Los Slytherin, tras un leve titubeo en la entrada, hicieron lo mismo.

Notó que era Harry Potter, el niño de bonitos ojos verdes, el que les hacía una seña para que se moviesen y quien caminaba por delante. Él eligió dónde se paraban y un grupo de otros cuatro niños se reorganizó y agrupó en torno a ese punto.

Tuvo la impresión de que él lo miraba un instante, con una ceja alzada, expectante. Draco parpadeó, luego Harry tenía el rostro girado y le decía algo a Pansy, con cara de aburrimiento; supuso que sólo fue su imaginación.

—Disculpe- disculpe- —Hermione levantó el brazo y comenzó a agitarlo en el aire, con intenciones de llamar la atención de la bruja que estaba de pie en el fondo del aula, junto a la puerta por la que entraba el profesor en la mayoría de las clases y daba hacia el armario de artilugios. Ella, quien los observaba desde el instante en que la marea de estudiante comenzó a entrar, volvió la cabeza hacia su compañera. La niña bajó la mano y soltó una temblorosa exhalación, antes de reaccionar—. ¿Es...es usted...nuestra profesora?

Draco se enderezó, por reflejo, cuando sintió la mirada fija en él. La bruja esbozó una sonrisa leve, ladeada, que causaba que su rostro de facciones finas y delicadas, adquiriese un aire más juvenil.

—Así es —Tenía una voz suave, melodiosa, hipnotizante. Cuando empezó a caminar por el centro del aula, dividida entre el grupo Gryffindor y el Slytherin, la falda del vestido ceñido que usaba osciló de una forma casi cómica, y continuó despacio, cada palabra bien sopesada, bien pronunciada—. Pueden decirme profesora A. No les estoy dando permiso de llamarme por mi nombre, no quiero que lo hagan. No soy Jefa de ninguna Casa, no tengo prejuicios. El que piense que tiene algo mejor que hacer, como el señor Goyle —En el momento en que chasqueó los dedos, una barrera traslúcida y apenas tangible apareció entre uno de los Slytherin regordetes, que Draco no conocía, y el niño de ojos bonitos, que los estrechó en dirección a la mujer—, puede retirarse, sin opción a que se le diga lo que vimos en clases.

Los que no hayan dormido bien en la noche y vengan a cabecear en mi aula, pueden retirarse. Los que no hayan llegado al comedor a tiempo y saquen cualquier bocadillo en mi aula, pueden retirarse. Los que consideren más importante el chisme de turno, una anécdota, o molestar a un compañero, definitivamente, se retira.

Mis clases no serán teóricas. Siempre odié la teoría. La magia debe aprenderse con práctica, ensayo y error, pruebas y experimentos.

Practico las Artes Oscuras, las respeto, las valoro, las entiendo y las apruebo, dentro de ciertos límites. Mi deber con ustedes será el de ofrecerles mis conocimientos, y si quieren, dejar que los tomen y hagan suyos.

Están aquí para escuchar, imitar, atender, y señorita Parkinson, si sigue hablando —Un giro de muñeca. La niña movía los labios junto al oído de Harry, sin emitir un solo sonido—, entonces puede retirarse.

Cuenta regresivaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora