Sinopsis:
Tras un evento traumático para su familia, Iris es obligada a vivir en cautiverio, desde los 5 años, con estrictas reglas para protegerla.
Su vida da un giro inesperado, cuando viaja a otro mundo, uno lleno de magia y seres místicos, muy...
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10 años después. Iris ya es una jovencita, pero aún juega en el hermoso jardín, con una cuerda para saltar, cuando siente que el aburrimiento está por vencerla.
Su corazón todavía es de una niña inquieta y curiosa, pero no todo es alegría; un adulto, que no es otro que su tío André, llega a buscarla.
—Iris, ya es hora de almorzar, sabes que a tu padre no le gusta esperar —dice con un tono de llamado de atención.
—Está bien... —responde y lo sigue renuente.
Su ánimo cae de forma abrupta conforme se acercan al comedor. Al llegar, André toca la puerta y una voz grave resuena con autoridad del otro lado.
—Entren.
—Takuya, he traído a Iris... —anuncia después de abrir la puerta.
—Es tarde, pasa y siéntate —Su voz es frívola y la frase dirigida hacia la joven, resulta cortante.
La orden de su padre causa gran temor en Iris y sin pronunciar palabra, obedece sentándose en su lugar acostumbrado, el extremo opuesto a él, para luego comenzar a comer. André se aproxima a su hermano a dar informes.
—Tío André —interrumpe la joven—,
¿por qué no comes con nosotros como antes?
—Iris... ya he almorzado. Tengo un día ocupado, así que... —Sonríe levemente, su tono es amable, pero elusivo.
—No creo que te quite demasiado tiempo compartir momentos en familia —dice de forma sarcástica.
—Iris, André está trabajando, es alguien muy ocupado al igual que yo, no causes atrasos en nuestro horario; come y retírate a realizar los deberes que te asignaron —concluye con voz imperante.
—¡¿Es tan malo querer convivir y conversar con mi familia para variar?! —Iris pierde la compostura y levanta la voz, un sonido lleno de desesperación, acompañado de una mirada triste—, ¡fuera de mis deberes, no hago nada más. No puedo salir de la mansión, porque está prohibido, nunca he ido a la escuela, por lo que no tengo amigos de mi edad, no dejas que nadie se acerque a mí, ni siquiera tú, solo mi tío. ¡Me siento como una prisionera! —Lágrimas comienzan a salir de sus ojos, se levanta de forma abrupta, aporreando los cubiertos en la mesa—. ¡Te odio! —Se va corriendo sin terminar sus alimentos.
—¡Iris! —llama con tono dominante.
Aunque ella encoge los hombros de miedo, se retira corriendo del lugar sin voltear hacia su padre.
—Takuya —interviene André—, Iris ya está entrando en la edad en que te será muy difícil controlarla, si no hablas como padre con ella, acabará mal. Es tu hija, no debes ser tan frío. Jad...
Se detiene justo antes de decir el nombre que más le duele escuchar a su hermano, pues desde la tragedia, prácticamente ya no se menciona en casa.
—Cada día se parece más a su madre, esos ojos son... es como si Jade todavía...—Su voz expresa tal dolor, que las palabras difícilmente salen—. cada que la miro, recuerdo ese horrendo día, no es su culpa, pero tampoco puedo evitarlo —dice, al mismo tiempo que sostiene su cabeza con ambas manos.