help; seungbin

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Seungmin encendió la última vela que necesitaba para cerrar el círculo en el piso. Sopló el cerillo utilizado y lo agitó con suavidad para que éste no volviese a encenderse, colocó la vela en el lugar correspondiente y miró con miedo su creación.

Aquello era incorrecto, iba en contra de cada uno de sus ideales y era quizá la idea más tonta de todas, pero estaba desesperado y necesitaba toda la ayuda posible, ahora poco importaba de donde o de quien viniese.

Sacó una arrugada hoja de papel del bosillo izquierdo de su pantalón y repasó cada uno de los puntos anotados en ésta, revisando que llevaba hecho todo de forma correcta, una vez su revisión estuvo completa jaló todo el aire que su pecho tenía la capacidad de acumular y comenzó a leer los versos escritos al final.

Los leyó con precisión el número de veces que venía indicado, cerrando los ojos la última vez. Inclusive por el miedo, aún después de terminar de recitar lo escrito, se mantuvo con sus parpados sellados, esperando algo o esperando a alguien.

Abrió primero su ojo derecho y revisó el alrededor encontrando todo de la misma forma que estaba antes de cerrarlos. Las velas permanecían encendidas y en su lugar, nada había cambiado y aunque no era lo que esperaba, Seungmin estaba agradecido.

Caminó fuera del círculo de velas mientras doblaba el papel y se ridiculizaba mentalmente por haber intentado algo así de estúpido. Antes de volver a casa rezaría para pedir perdón por recurrir a métodos así de extremos.

Una vez más revisó sus alrededores y su cuerpo dio un respingo cuando encontró una figura en el fondo de la habitación. En la última fila de bancas estaba alguien sentado, su cabeza -cubierta por la gorra de lo que parecía ser una sudadera- estaba gacha como si estuviese rezando, pero la figura pareció reír en silencio ante la reacción de Kim.

—Buenas noches —tartamudeó las primeras sílabas—, ya está cerrado.

La figura levantó el rostro dejando ver a un sujeto con una expresión llena de hastío, Seungmin se sintió aliviado unos segundos. La persona le sonrió suavemente a Seungmin y eso fue suficiente para llenar de terror el cuerpo del coreano. No era una sonrisa de amabilidad, había algo detrás de aquel gesto que llegó a los ojos de Seungmin como algo siniestro.

—Si me preguntas, este no es el mejor lugar para llamar a alguien —habló por primera vez, dejando que el chico escuchase su voz ronca. El sujeto que vestía totalmente de negro miraba todo el lugar con diversión como si fuese la primera vez que visitaba un edificio así.

—¿Quién eres? —sus manos temblaron torpes buscando entre su ropa el collar de cruz que desde pequeño acostumbró a usar.

Aquel desconocido soltó una carcajada que calló de golpe para mirar serio a Seungmin, logrando que el chico diese pasos hacia atrás.

—¿Acaso no estabas buscándome? Te escuché claro y aquí estoy —Seungmin sintió que su cabeza daba vueltas y que su corazón se saldría por su boca en cualquier momento, se vio incapaz de responder algo—. ¿Será que no es la forma en la que pensaste que iba llegar? ¿Esperabas una llegada más tenebrosa? ¿Pensaste que iba apagar las velas y aparecer del suelo?

La figura movió las manos generando una fuerte ráfaga de viento que apagó todas las velas en un instante y que inclusive empujó el cuerpo de Seungmin provocando que chocase con un podio de madera. Después de burlarse continúo acercándose a Seungmin quien con temor sacó la cruz que cuelga de su cuello y la estiró contra el habitante.

—¡Aléjate!

Otra carcajada hizo eco en las paredes.

—Cariño, si vas a intentar eso al menos que sea con fuerza. Temblando y entre tartamudeos no asustarás ni siquiera a un íncubo —de forma tranquila, el desconocido tomó asiento en una de las bancas que quedaban hasta el frente y retiró la gorra de su cabeza dejando ver su alborotado y oscuro cabello—. Ahora, ¿me quieres contar por qué el hijo del sacerdote del pueblo invocó a un demonio en una iglesia?

antología; skzHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora