exsilium; hyunlix

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El juicio de Hyunjin había terminado como Felix lo esperaba mas no deseaba que fuese así y aunque fuese un ángel que carece de emociones, en ese momento su pecho dolía.

Felix no terminaba de entender como Hyunjin terminó de aquella forma, porqué se le habría de juzgar por algo que todos se negaban a contarle al pecoso ángel. Sabía que Hyunjin estaba lleno de pureza y bondad como cada residente del cielo, ¿entonces por qué expulsarlo tal y como lo hicieron con aquel ser que anteriormente se atrevió a enfrentarse al Señor? ¿por qué tratar a uno de los suyos como si proviniera del territorio donde sufren las almas?

Conocía la seriedad de la situación porque Hyunjin apareció en el área de trabajo de Felix y lo abrazó con un cariño extremo, que logró que Felix se sintiese un humano con sentimientos una vez más, para después explicarle que se iría pero que no lo olvidaría. Felix no logró preguntar qué sucedía pues dos arcángeles intervinieron en su conversación y se llevaron a Hyunjin contra su voluntad arrancándolo de los brazos de Felix.
Felix corrió por todos los rincones del paraíso buscando al pálido ángel o alguien que le pudiese hablar de su paradero, pero todos sus conocidos sólo lo miraban con pena y contaban que no podían confesarle nada de lo sucedido, por su bien.
Finalmente y después de rogarle casi con lagrimas, Woojin, el ángel que recibió a Felix y le instruyó en todo lo que ahora sabe, cedió y le dijo donde podía encontrar a Hyunjin.

El corazón del pecoso mensajero de Dios pesó y su estómago se sintió como si se hubiera volcado, Hyunjin estaba siendo juzgado en la corte por donde pasaban todas las almas antes de que se decidiera su destino para la vida eterna.
El lugar se encontraba en el limbo, lejos del alcance de Felix. Por lo que con las manos unidas y rezando misericordia, deseó que las campanas celestiales, que anuncian la llegada de un nuevo ángel, sonaran.

Repitió los rezos bien conocidos al derecho y al revés,  dijo otras oraciones añadiendo el nombre del ángel cuya especie ahora tambaleaba en un delgado hilo y se encomendó a cada santidad y arcángel de nivel superior que iba cruzando su memoria.

Hyunjin se había convertido en un pilar de la vida de Felix, éste último juraba que inclusive cuando aún vivía en la Tierra compartió algún vínculo con el chico, que éste estuvo presente en esa vida de una forma tan importante como lo hacía ahora en el paraíso.

Sus plegarias fueron interrumpidas por el sonido de alguien tratando de llamar su atención de forma discreta. El pecoso miró a todos lados encontrándose con Jisung detrás de un pilar y haciendo ademanes hacia el ángel para que se acercara.

El pecoso ángel caminó hasta el mayor totalmente confundido, éste tiró de su brazo y comenzó a caminar a un paso rápido pero que no llamase la atención de los otros querubines a su alrededor. No dijo ni una sola palabra, sólo sujetaba el brazo de Felix con fuerza y caminaba mirando su entorno de vez en cuando. Felix tampoco preguntó nada, sintió que aunque lo hiciera no recibiría respuesta e inclusive pensó que era mejor así.

El ángel mayor lo guió hasta los dorados portones del cielo de donde continuó su camino hasta guiarlo fuera de éste. Felix miró con nerviosismo hacia la estación del ángel que resguarda la entrada y encontró a Minho, un gran amigo de ambos, quien fingió no verlos.

Jisung se detuvo y le cedió el paso a Felix antes de hablar por primera vez:

—Sigue caminando, te está esperando y no tiene mucho tiempo —Felix le miró con el ceño fruncido y Jisung le dio un pequeño empujón—. ¡Rápido!

Sin mirar a su mayor sólo comenzó a caminar temeroso en la dirección ordenada, era el pasillo que llevaba al limbo pero que era imposible de cruzar a menos de que fueses un errante o estuvieses a punto de ser seleccionado para ser un habitante más del terreno celestial.

antología; skzHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora