Capítulo 17: Volar

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Peter

La primera vez que recuerdo haber traicionado a mi hermana teníamos 8 y 13 años. Estábamos de vacaciones en Miami, y yo quería un videojuego nuevo que sólo se vendía en USA. Me había portado tan caprichosamente que mamá dijo que no me lo iban a comprar de ninguna manera.

Celeste pergenió un plan para sacarle unos cuantos dólares a papá del bolsillo trasero del pantalón y poder comprarme el videojuego a escondidas.

Pero nos descubrieron saliendo de la tienda de SEGA, yo con una sonrisa tan grande que no me cabía en la cara y Celeste apurándome, porque papá y mamá estaban recorriendo tiendas por el shopping. Cuando mamá preguntó de dónde habíamos sacado la plata, yo no dudé en acusar directamente a mi hermana. En ese momento creo que en mi escala de valores, la verdad tenía un gran peso sobre la mentira. El castigo para mí, fué laxo, me quitaron el videojuego, pero ni bien llegamos a casa, lo disfruté en grande. A Celeste no la dejaron salir por un mes, y yo la oía llorar desde mi habitación, porque todas y cada una de las veces que pedía permiso, le recordaban el incidente del robo.

La segunda vez que la traicioné yo tenía 14 y ella cerca de los 20. Fué un verano caluroso. Estábamos en la pileta y Celeste odiaba a mis amigos. La verdad es que éramos todos una banda de tarados con plata, que creíamos que el mundo era nuestro. Nos divertíamos a costa de maltratar a los demás, sin daño físico, pero apelando al hostigamiento y a las burlas.

Mi hermana casi nunca compartía espacio con nosotros, básicamente porque ella estaba en otra, y mis amigos babeaban empalmados de sólo verla caminar de la heladera a su cuarto. Ahora creo y casi afirmo, que Celeste fue la inspiración de muchas masturbaciones de esa camada de idiotas.

Una tarde de sábado ella estaba leyendo y tomando sol en el borde de la pileta. Me acerqué a saludarla y me dijo: "Si vas a venir con tus amigos a la pileta avísame que me voy, porque mi depiladora se fué de vacaciones y tengo turno recién en 2 horas en otro lado"

- No van a venir... ¡igual ni se te notan los pelos!

- Peter... no te estoy preguntando si se me notan o no... te estoy pidiendo por favor, que si van a venir acá, sólo me lo digas, para que pueda irme a tiempo.

Pero la traicioné. Primero mintiéndole acerca de la llegada inminente de mis amigos. Olvidé decirle que venían 14 en total, porque eran todos los del club de rugby, y además, casi que la entregué, porque les dije alardeando, que mi hermana estaba tomando sol en micro bikini y con el corpiño suelto.

No le dí tiempo a nada. Mis amigos se fijaron en sus hermosas tetas y por supuesto que ni se plantearon si era un oso pardo empeludado o un gato de esos lampiños (Sphynx).

A ella no le molestaba en sí, no estar depilada, creo que ya había empezado a pensar que era una regla social tortuosa y le chupaba un ovario, aunque siempre seguía exponiéndose a eso. Lo que le perforó el corazón fué mi traición.

A mis 29 y medio y a sus 35 volví a traicionarla.

Esta vez, a diferencia de aquella mañana en Miami, con 8 y 13 años, la mentira para mí, tuvo más peso que la verdad.

Celeste siempre me protegió de todo. A veces la recuerdo casi más maternal que a mi propia madre, porque veía mi dolor desde otro lugar. Lo entendía. No sé cómo hacía pero parecía que lograba meterse en mi cabeza y saber lo que estaba sintiendo en ese preciso instante en que me estaba ocurriendo, para darme el bálsamo que necesitaba y mitigar mi dolor, mi frustración, mi tristeza.

Siempre fue así. Y yo jamás supe que había dentro de su cabeza. Muchas veces me sentí impotente por no poder entender porque se metió en ese mundo de mierda que frecuentó durante años. Sólo quería rescatarla para traerla conmigo devuelta. Nunca me puse a pensar porque había empezado a escaparse, a consumir, a aislarse. Jamás me paré a reflexionar sobre ¿que sentía?, ¿que necesitaba? Y porque había elegido esa vida.

Acerca del amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora