Capítulo 33: Manual intensivo para el amor: Tomo 2

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- ¿Así que estuvo acá?... ¿Cuándo llegó? – Celeste pregunta con un nudo en la garganta – Ayer a la mañana, almorzaron acá conmigo y se fueron cerca de las 5 de la tarde. Ella estaba agotada, y aún así, me hizo masajes en las piernas, jugamos a las cartas y cambió la música clásica por bossa nova, ¡porque dijo que esto parecía un velorio! Jjaaaj...

Celeste se apena, porque siente que ella también quiere participar de ese reencuentro del que Lali no la hace partícipe - ¿Cómo es eso que jugaron a las cartas?

- Así, como lo oís... me trajo de allá unas cartas con los bordes señalados, para que las reconozca... empezamos por la escoba de 15, y terminamos con un campeonato de chinchón, que ganó tu hermano...

No se anima a preguntar más, porque teme que cada cosa que pregunte, la excluya más de los planes de Lali.

- Anoche cenaron en casa de sus padres... - Y con cada cosa que acota Ricardo, a Celeste se le anuda más el estómago y prefiere cambiarle de tema.

- Te compré camisetas interiores de mangas cortas, como me pediste...

- Está bien hija... gracias.

El silencio entre ambos se hace infinito, hasta que Ricardo le suelta sin ningún reparo – Dejalos disfrutar unos días, y antes que ella se vuelva, quizá podés hablarle...

- ¿Cómo?... ¿Se vuelve a ir?

- Sí... tres meses más de curso, le quedan allá.

Pero a Celeste se le descompone la cara que su padre no puede ver y también el cuerpo, y en una fracción de segundos, toda la congoja que tiene acumulada, se le desborda en gritos y angustia - ¿¡Y yo!?... ¿Cuándo voy a disfrutar yo?... todo es en función de él, y de lo que ellos necesiten, ¿no se te ocurre?, no sé... pensar que ella era mi pareja, que sí, ¡me equivoqué muy feo!... ¡pero lo hice porque no podía competir con mi hermano! ¡CARAJO!... ¿no lo entienden?

- Bajá la voz y hablá bien... ¡estoy ciego, no sordo!... La forma que elegiste, es lo que anula tu acto heroico Celeste... Lali no está enojada porque la dejaste, supongo que te sigue amando, pero está muy dolida con el modo que elegiste para sacarla de tu vida, aunque le hayas dejado el camino libre.

- ¿Y que hago?... ¿me arrodillo?... ¿les llevo los anillos? ¿Eh?... ¿Qué más tengo que hacer? – El llanto la hace gritar y desbordarse íntegra y Ricardo la oye llorar como si fuera una criatura. Después de unos segundos vuelve a la carga, pero con el tono más aplacado y la voz envuelta en tristeza. Ya no grita con rabia, sino con un dolor contenido – ¡Yo también estaba enamorada papá!... pero sabía que ella estaba en un limbo hasta que llegó Peter, si no era él... iba a ser otro... y preferí que sea con él... - Y se derrumba en llanto sobre la cama de su padre.

Ricardo apenas puede alcanzar a acariciar su cabeza, le parte el alma que llore como una nena, y que esté pagando las consecuencias de algo que en definitiva es un acto de absoluta abnegación.

- Entonces Cele... hiciste lo correcto hija, no la dejaste a la deriva para que elija a cualquiera... le dejaste el camino libre para que se lleve lo mejor, y también le diste la oportunidad a tu hermano de conocer a alguien que lo valore y lo cuide... te puedo asegurar que tu generosidad, va a tener la recompensa que se merece... ¡quizá ahora no lo veas!... pero en un futuro, te vas a acordar de esto y vas a recordarlo como un gran acto de amor.

A veces cuesta darnos cuenta que puede haber de positivo en soltar algo que amamos, algo que queremos tener con nosotros para siempre, pero tal vez, el ver ese "Lado B", implique una maduración, un pasaje, transitar un camino de vivencias que sólo nos dá el inexorable paso del tiempo.

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