Capítulo 20: Letargo

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Letargo: Estado de adormecimiento e inactividad en que quedan algunos animales en determinadas épocas del año en que las condiciones del medio les son desfavorables. Estado de cansancio y de somnolencia profunda y prolongada, especialmente cuando es patológico y se produce a causa de una enfermedad.

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A veces el cuerpo responde con ciertas respuestas que no somos capaces de entender. Se le llama habitualmente "Somatizar", y se refiere a esa capacidad de nuestro cuerpo de convertir los trastornos psíquicos en síntomas orgánicos y funcionales.

Una vez mi psicóloga, me dijo que había desarrollado túnel carpiano bilateral, porque tenía la necesidad de "manejar todo"... y el hecho de manejar que se asocia a las manos, o tener el control, me había pegado allí donde más dolía... inhabilitándome ambas manos para casi todo.

También me dijo que esa disfonía constante que me perseguía, no era más que "palabras atravesadas" en mi garganta, que tenía que sacar. Algo por decir que peleaba por salir, y yo no sacaba... entonces me quedaba casi sin habla, como si todo eso que tenía que soltar, se agolpara en mi garganta hasta que tuviese el valor de largarlo.

En los dos momentos de mi vida, la psicóloga tuvo razón. El cuerpo nos dá señales a cada instante, es nuestro instrumento de lo que llevamos dentro, por eso hay que saber oírlo, y atenderlo porque es sabio. Y quizá, tan sabio, que siempre encuentra la forma de mostrarnos lo que está pasando allí donde los ojos no ven.

El cuerpo de Ricardo vá volviendo a la vida de a poco, aunque sus sentidos nunca se fueron del todo. El letargo en el que se sumió su mente, quizá estaba siendo la forma de somatizar, que tuvo su cuerpo, ante un ambiente tan hostil.

La fábrica y su sube y baja económico, una mujer que no lo acompañaba en casi nada, el empujar a su hijo a un matrimonio en el que claramente no era feliz, una hija errante por el sur, y por el mundo lejos de él. El recuerdo de su mujer amada, que se había ido demasiado pronto. Todo lo invitaba a dormirse un rato hasta que cada cosa se acomodara definitivamente, o se terminara de arruinar. Y él rogaba para que si pasaba lo segundo... el corazón le fallara de una puta vez.

Pero el destino, o Dios... o el universo, o aquello en lo que Ricardo creyera, le había propuesto el "letargo" como opción para alejarse un rato de todo aquello que lo aquejaba.

Y es verdad que había despertado. Quizá con algunas facultades alteradas, o inválidas. Ya no iba a poder caminar, por la fábrica, o por lo menos, no iba a poder hacerlo sostenido por sus piernas... tal vez porque ahora era el momento de que alguien más lo hiciera por él... y tampoco iba a poder ver... pero para que estaba César, si no era para ser sus ojos allí donde los suyos intimidaban, y todo parecía perfecto, cuando él vigilaba.

Entonces Ricardo, y los que lo rodean, entienden que existen "males menores" que no son conformismo, no nos equivoquemos... son tratar de seguir adelante, positivizando algo negativo.

Dos días después del ahora absoluto despertar la que llega es "la cónyuge" (que palabra más fría) pero la única que le aplica.

- ¡Peter, Peter!... ¿Por qué no me avisaste?... ¡hubiese volado antes!... ¡No sabés lo que fue conseguir vuelo de Sevilla a Madrid en plena semana Santa! A Natalie le está pasando lo mismo para volver de Nueva York...

- ¿Y el AVE?... en menos de tres horas estabas en Atocha...

- Los trenes me marean Peter... además desde ahí hasta Barajas... ¡es muy incómodo! ¡Contame! ¿Cómo está?... ¿me voy a impresionar mucho? - Peter no sabe si retorcerle el cuello o dedicarle un monólogo de puteadas. No opta por ninguna de las dos opciones, y elige la diplomacia que lo caracteriza.

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