Capítulo 10: Antología

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Celeste está en el patiecito trasero de su casa fumando el cigarro nocturno en un sábado de víspera de su cumpleaños 36. Está fresco pero súper agradable, no hay viento aunque el lago trae siempre una brisa fresca aunque no estén frente a él. Ya acostó a Antón y la tele está encendida para nadie, porque incluso Margarita la acompaña y dejó a Jack durmiendo en su colchón, tal cual como ella a su cría.

Mira el cielo despejado y busca constelaciones. Le gustan la astronomía y la astrología, combinadas... porque cree positivamente en el universo y su energía.

Son las 22:50 cuando oye ruidos en la puerta delantera y se pone contenta al intuir a Lali volviendo por fin de la pastelería. Los fines de semana son caóticos, no da abasto con los pedidos y con todo lo que tiene que preparar también para el local. A veces hasta ella misma se encuentra ayudándola a decorar cookies o envolviéndolas en papel de seda de colores para armar una canasta de regalo.

Margarita comienza a ladrar con insistencia, no es normal y Celeste sabe que no es Lali quien está llegando porque su cola está alerta y se la vé en actitud guardiana.

- Amor... ¿sos vos?- Y de repente se encuentra con el cuerpo de Peter de frente petrificado porque Margarita lleva unos segundos oliéndolo con insistencia, ella pega un salto de susto cuando lo vé, pero quien realmente se acojona en grande y al borde del colapso es su hermano cuando la perra termina de examinarlo y le salta encima haciéndole fiesta, en dos patas.

- ¡Peter! ¿Qué hacés acá? – Peter no articula palabra porque posiblemente se ha meado encima del susto. Pero Celeste tiene una sonrisa que no le entra en la cara y se le tira al cuello a besarlo y abrazarlo con tanta alegría que él tiene que reaccionar aunque se muera de miedo.

- Veo que en esta casa reciben con mucha efusividad... ¡Holaaaa!... ¡no te separes de mí por favor! – Y la súplica de Peter hace reír a su hermana, porque no hay forma de explicarse que un tipo fuerte, grande, ex rugbier le tenga tanto pánico a un animalito tan dulce como Marga.

- Te quiere Peter, ella sabe que sos buena gente... ¡mirá como está de contenta!

- Espero que no recuerde en qué circunstancias nos conocimos... porque seguro me mea las zapatillas o me rompe la ropa.

- No tonto... ellos no tienen rencores como los humanos... ¿Qué haces acá? ¡Qué lindo es tenerte en casa!- Celeste está encantada, no deja de abrazarlo y hasta tiene que apartarse de su cuerpo para que puedan entrar, porque juntos y abrazados tal como están, no pasan por la puerta de atrás.

- No vino la bicha ¿no? – Peter se sonríe apenas pero le contesta un "No" seco. Cuando entran a la cocina comienza a buscar algo que no encuentra, y aunque lo hace con mucha sutileza, por dentro está algo ansioso por encontrarlo.

- Tenía ganas de pasar tu cumple con vos... hace años que no pasamos uno juntos, ni tuyo ni mío, y la verdad es que no vale la pena que esté en enero en la fábrica.

Celeste lo estudia sin demostrarle que lo está haciendo. Sabe de sobra que está escapando de su propia vida y está tan contenta de tenerlo allí, que se guarda todas las preguntas para otro momento.

En todo el tiempo que lleva viviendo allí, Peter jamás se planteó verla dos veces en un mismo mes. Es más, jamás pensó que la fábrica no necesitaba de él y su supervisión. Nunca fué sin Natalie y por regla general siempre pasó Enero y parte de Febrero en Punta del Este.

Celeste vá tejiendo algunos cabos que vá guardando en una cajita mental. Pero enseguida cae en la cuenta de que también es el primer verano de Antón... y que quizá su sobrino mueve hilos en él, que antes ni siquiera sabía que tenía.

Acerca del amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora