Capítulo 26: Trátame suavemente

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Las manos prolijas de él, buscan las pequeñitas de ella, quiere sentirla de algún modo más allá de lo que siente por tenerla a sólo centímetros. Y ella se las ofrece alternando la vista entre su puño y sus ojos verdes.

Lali suele reaccionar, a menudo explosivamente, a veces sin pensar incluso, porque es todo sentimiento. Pero quizá en ese instante tiene tantas sensaciones agolpadas, que se queda inmóvil, sólo tratando de procesar la visita que irrumpió sorpresivamente.

Mira por encima del hombro de Peter a su encargada, que está cerrando la caja, y vuelve la vista a él todavía ilusa de que le esté sosteniendo la mano.

- Peter... hola... ¿Qué hacés acá? – Él se sonríe y ella casi que lo imita mientras vuelve a mirar a la caja - ¡Ya te dije!... vine a traerte algo que te pertenece.

Lali se muerde el labio y se sonríe apenas... - Estamos cerrando... ¿podrías esperarme 5 minutos?

- Ok... cinco nada más porque estoy apurado...- Lali se quita el delantal con prisa ante su respuesta – Ahhh, si si... claro me apuro- Pero él la tironea por el lazo con suavidad y le sonríe – No tengo apuro...claro que te espero, ¡vine para eso! – Y Lali se desmonta entera en una sonrisa que le nació en el estómago, le transitó por el pecho, y se hizo visible en su cara.

Y casi en un susurro le dice – Okey... ya salgo...

La vé irse hasta el mostrador, ya sin su uniforme, y se dirige a la caja a pagar la tarta, mientras la encargada le cobra y la coloca en una bolsa coqueta. Peter le dice con amabilidad y en su impecable inglés – Es el crumble más delicioso que probé en mi vida... ¡la pastelera es una artista!

La chica se sonríe. Un poco encantada por la presencia del cliente y otro poco orgullosa por el halago.

Peter sale con su manjar en la mano, y con el alma desbordada de ansiedad por abrazarla, por besarla, por decirle todo lo que tiene guardado en el alma desde la última vez que se vieron en ese pasillo oscuro de la fábrica, en donde se besaron con locura.

Después de tres minutos, Lali sale con dos compañeras más que se despiden de ella y miran de reojo y con un poco de baba en la comisura de los labios al bombón que la espera.

Ella llega hasta él con una sonrisa inmensa y se le abalanza dándole un beso en la mejilla - ¡Hola Peter!... ¡Esto sí es una sorpresa!... ¡Te sacaste la barba!... parecés de 16...- Está algo nerviosa y le tira frases rápidas que él sólo responde con una sonrisa boba. No se cansa de mirarla, y reacciona apoyando su mano en la mejilla de ella, abarcando su carita completa y acariciándola con el pulgar – ¡Hola Lali!... estás preciosa.

Si le ponemos mute a la escena, la sobredosis de dulzura nos daría un coma diabético.

Caminan unos pasos y ella le cuenta – Mirá... ahí enfrente, en ese lugar precioso y rosa tomo mi curso...

- Es una zona increíble... ¿Estas contenta?

- Ajam... ¡mucho! Estoy aprendiendo un montón... Uff... ¡qué bestia! – Y lo agarra del brazo y se detiene en seco asustándolo – No te pregunté por tu papá... ¿Cómo está?

- Desesperado por conocerte... bueno, conocerte más... porque es increíble todo lo que recuerda, y lo que recuerda de vos en especial...

- Ayyyy... ¡qué lindo Richard!, quisiera verlo también... mi mamá me contó mucho de todo lo que pasó, ¡y me alegra tanto!... ojalá se vaya recuperando más... - Peter asiente con una sonrisa.

- Me imagino tu alegría Peter... esperaste tanto que sucediera... ¿viste?... ¡las cosas que se desean con el alma... se cumplen!

- Sí... lo sé – Y no puede dejar de mirarla. Ella piensa en su deseo de volver a recuperar a su padre y él en su deseo de volver a tenerla cerca.

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