#37. Propuesta

5.6K 537 61
                                        

—¿A dónde fuiste?.—Me pregunta Dylan cuando regreso a la habitación.

—Fui a ver a una paciente.

—¿Una amiga?

—Algo así.

Dylan sonríe.—Tuviste mucho tiempo para conocer personas, lo lamento.

—¿El conocer personas?

—Que esperaras mucho tiempo a que yo despierte.

—¿Dudaste en algún momento que yo no estaría?

—Para nada.

Él sonríe y me pide la mano.

—Ven aquí.

Lo hago, la mano de Dylan se desliza por mi muñeca hasta llegar a mis dedos.

—¿Dylan..?

Entonces lo veo, un hermoso anillo con una roca en el centro en sus manos.

—Dylan...

—Creo que hemos pasado por tantas adversidades que ni necesitábamos pasar, pero aun así estamos aquí, estas aquí, mi amor.

El corazón se me acelera.

—Creo que no hace falta más prueba de amor más grande.—Sonríe.—Cásate conmigo, Jules, mi amor, cásate conmigo.

Dios mío.

El espera mi respuesta muy ansioso y ese anillo espera colocarse en mi dedo, pero yo..

—No.

La expresión emocionada de Dylan poco a poco desaparece.

Suelto mi mano de la suya.

—¿Jules?

—No puedo hacerlo.—Pronuncio con voz baja y lo miro.—No puedo casarme contigo, Dylan.

























(*)



























Ojala pudiera haberle dicho que si, ojala.

Pero no era justo para el, ni para mi.

No lo era, menos después de engañarlo como lo hice.

Salí de su habitación y necesitaba respirar, no, no era eso lo que necesitaba.

Quería ver a Miles.

Así que fui a su consultorio, fui a verlo porque era lo único que quería hacer.

Y ahí estaba.

Trabajando como siempre.

Ingrese sin ser invitada y el solo me miro, bajo la mirada aparentemente siguiendo trabajando, peor cuando solté las palabras, el dejo todo para oírme.

—No sé qué rayos me has hecho Miles.

Sus ojos me observan y mi labio tiembla.

—Dylan acaba de pedirme matrimonio.

Puedo ver como se tensa.

—Me pidió matrimonio y le dije que no.

—Jules...

—No pude aceptarlo, no después de que tu y yo estuviéramos juntos.—Menciono y enseguida me corrijo.—No, no es eso, no quise.

Sus ojos se abren.

—No quise aceptarlo.

—¿Por qué no?.—Me pregunta acercándose.—¿No es Dylan el hombre que amas?

Los ojos se me llenan de lágrimas.

—Los latidos no mienten ¿No?

Observo el brillo en sus ojos.

Esta vez soy yo quien le toma la muñeca y deslizo los dedos hasta sus dos dedos y lo llevo a mi pulso.

Puedo escuchar mis latidos en mis orejas, resonando, mi corazón latiendo con rapidez por solo sentir su tacto.

—Miles...

Dibuja una sonrisa en su rostro.—No, no mienten.

Acabo de elegir lo que me ordenan los latidos de mi corazón.







Hola..

Jules tomo una decisión.

Nos leemos.

>> Yiemir

Latidos del CorazónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora